Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 105 de 198

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Milenio 3

Arde Sicilia

En marzo del año 2004, una noticia saltaba a la portada de todos los periódicos de Italia. A partir de ese momento, la práctica totalidad de los medios de comunicación europeos se hicieron eco de un extraño suceso que estaba teniendo lugar en un pequeño puerto pesquero de Sicilia llamado Caronia. Por alguna razón desconocida, en aquella población… ¡ardían las cosas! Los electrodomésticos, los muebles, las paredes, los colchones… había fuego por todas partes y nadie conseguía explicarse por qué.

Joan Soles, corresponsal de la Cadena SER en Italia, enviaba esta singular crónica: «Saludos. El mismísimo diablo andaría entretenido este invierno por Sicilia incendiando los electrodomésticos. “Ya se sabe: Satanás entra en la vida de quien le abre las puertas, y luego, pasa lo que pasa”. Ésta es la explicación que ha dado el cura Gabriele Amorth, presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, que no duda de que el Ángel Caído es capaz de golpear donde quiera. Un centenar de habitantes de Caronia, al norte de la isla, fueron desalojados de sus viviendas ante este fenómeno. Para conocer más detalles, hablamos con el síndico, Pedro Spinnato. ¿Se conocen ya las causas? “No disponemos todavía de los resultados oficiales”, nos dice. “La investigación de Protección Civil señala causas naturales, fenómenos naturales. Seguramente cargas electrostáticas generadas de forma espontánea, pero desconocemos cómo se producen”. O sea, el diablo no tiene nada que ver… “Nosotros no hemos dicho nunca eso. Eso lo han dicho los periodistas, los periodistas y los sacerdotes, y debería preguntarles a ellos. Nosotros del diablo no hablamos”. ¿No hay más peligro de incendios de aparatos eléctricos? “Absolutamente no. Toda la zona es segura. Los incendios sólo se han registrado en una pequeña región, pero no ha sucedido nada en el resto del país, que es muy tranquilo y para quienes quieran descansar… es ideal”. En definitiva, nada prodigioso. “En una zona rica en energía geotérmica como Sicilia, salen a la superficie nubes eléctricas que, por decirlo de alguna manera, provocan descargas cuando entran en contacto con materiales metálicos o conductos eléctricos. Si se trata de electrodomésticos, el riesgo de incendios es elevado”. Nos quedamos, de nuevo, sin rastro del diablo».

Quizá lo más lamentable es que aquellos hechos provocaron un pánico social notable. Sobre todo, en los primeros momentos. Algunos periódicos e Internet publicaron fotografías en las que se podían ver los enseres familiares alineados en las calles de Caronia, ardiendo. Era espectacular.

El periodista Javier Benegas viajó a Caronia inmediatamente y pudo conocer de primera mano qué ocurría y pulsar el ánimo de la población. «Caronia es un pueblo de la costa siciliana, de unos 150 habitantes. Allí la gente es encantadora y su vida es muy tranquila. Pero el panorama era desolador: la gente estaba muy nerviosa; tras casi veinticinco días de extraños sucesos e incendios, estaban un poco alterados. Han perdido casi todo lo que tenían».

Javier Benegas entrevistó a Niño Pezzina, el propietario de la casa donde comenzaron los incendios espontáneos. Desde su hogar, los fenómenos parecieron trasladarse a otros domicilios contiguos. El testigo decía que había llamado a un electricista casi inmediatamente, para que cambiara toda la instalación eléctrica de la casa, pero cuando se terminó el trabajo, los fenómenos seguían produciéndose. «Lo revisaron todo», decía angustiado Niño Pezzina, «y decían que todo estaba bien…».

Los vecinos afectados sacaron los enseres a la calle, las camas, los electrodomésticos y todas las piezas que parecían arder como por arte de magia. Esperaban, así, poder salvar sus casas. Pero, curiosamente, los colchones, por ejemplo, parecían haberse quemado de dentro a fuera, como si el origen de la combustión estuviera en su interior. «Efectivamente», dice Javier Benegas, «por lo que pudimos ver, la mayoría de los objetos se habían quemado como… de dentro hacia fuera. Puede ser que se calentaran las piezas metálicas interiores de los enseres hasta que alcanzaran una temperatura suficiente para que el resto comenzara a arder. Ardieron muebles de madera, colchones, sofás…».

En principio, todo se achacó a un problema de distribución de la compañía eléctrica. Pero la compañía envió técnicos que cortaron el suministro del pueblo y estudiaron el caso. Para no dejar a toda una población sin luz, decidieron instalar un equipo electrógeno. Pero los fenómenos seguían produciéndose. Así que optaron por cortar todo tipo de energía eléctrica en el pueblo. Una vez suspendido el suministro eléctrico de cualquier tipo, el fenómeno se seguía manifestando. Algunos testigos afirmaban que los cables ardían cuando los retiraban de la instalación: los dejaban en el suelo… ¡y comenzaban a arder!

«Sin luz, también había el mismo problema», decía Niño Pezzina. «Quitaron los hilos de la luz, pero seguía ocurriendo. Si había metal, en cualquier parte, se producían los incendios».

Los habitantes de Caronia estaban desesperados. El suceso afectaba a nueve viviendas, aunque cinco de ellas estaban ya seriamente dañadas. ¿Qué podía ser aquello?

Cuando los fenómenos remitieron y la angustia hubo menguado un tanto, hubo explicaciones para todos los gustos. Naturalmente, hubo quien habló del diablo, pero los más racionales acudieron a teorías más lógicas: «Se habló de derivación de campos eléctricos o magnéticos relacionados con el tren, pero lo cierto es que los técnicos descartaron esta hipótesis. No se constató ningún tipo de corriente que pasara de un lado a otro ni campos magnéticos importantes», nos aseguraba Javier Benegas.