Milenio 3
Una dama de extrañas costumbres
A partir de aquel segundo número de El Caso, en el que ya se daban noticias del siniestro caserón de Albacete, se prohibió cualquier tipo de información al respecto. Y la historia de esa mujer y de esa familia quedó envuelta en tinieblas.
Una dama de extrañas costumbres
Margarita Ruiz de Lihory tiene una biografía extensísima. Fue una de las primeras mujeres que tuvo automóvil en España y se asegura que fue amante de Miguel Primo de Rivera y amiga personal de Francisco Franco. Era una especie de Mata-Hari a la española. También se aseguraba que compraba y vendía información durante la Segunda Guerra Mundial. Este doble juego era muy común en la época.
Pedro Nuño de la Rosa es un prolífico escritor albaceteño, autor de una novela sobre el caso (La mano cortada; Tucumán, Alicante, 1998), que ha seguido durante veinticinco años esta historia. Fruto de sus pacientes pesquisas llegó a conocer a la marquesa Margarita Ruiz de Lihory y él piensa que la mutilación de su hija fue parte de un rito. Según este autor, la marquesa conoció durante su estancia en Marruecos extraños procedimientos que asegurarían la vida eterna. Estos rituales se conservaban, al parecer, en algunas culturas del Rif marroquí —en la década de 1920, Protectorado español—. Los yezidí, a los que en algún caso se les ha relacionado con los adoradores de Satán, tenían al parecer la costumbre de cortar algún miembro de una persona muerta para conservar su espíritu o su alma. Según Pedro Nuño de la Rosa, Margarita Ruiz de Lihory pudo conocer y asumir esas prácticas, y quiso utilizarlas cuando su hija murió, al parecer, tras una enfermedad fulminante. Mantener cerca el espíritu de su hija Margot: ése era el objetivo de la marquesa cuando decidió llevar a cabo el ritual.
Pedro Nuño de la Rosa había oído, desde muy joven, las extrañas historias que se contaban a propósito de aquella casa de la calle Mayor 58, un inmueble donde — decían— ocurrían fenómenos singulares: «Lo que sí que es cierto es que en la casa hubo ciertos ritos satánicos. Esto sí que es verdad, pero mucho antes de la muerte de Margot, y por otras razones: entre ellas, la afición que tenía Margarita Ruiz de Lihory por el ocultismo y por las experimentaciones con animales», explica Nuño de la Rosa. «El rito de la mano cortada es un rito yezidí que se practicaba en Marruecos; probablemente ella lo aprendió allí, y es un rito, sobre todo, para recuperar la vida y la inmortalidad. Es un rito muy parecido a los que se celebran en honor del Leviatán, el dios del Bien y del Mal. No obstante, también se ha comentado que pudieron utilizarse animales para confeccionar alguna clase de alucinógenos, pero eso no es nada seguro».