Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 25 de 198

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Milenio 3

La triste mirada del padre Benito

Nunca se pudo aclarar qué significaba aquel mensaje, qué quería decir y por qué amenazaba al grupo inter-disciplinar de investigación.

Al tiempo que se producen estas inserciones magnetofónicas, ocurren algunos hechos propios de la ciencia ficción. Juan Burgos, uno de los directores del grupo Omega, sufrió heridas que sólo pueden considerarse… sorprendentes. «Mientras estaban registrándose esas voces en la grabadora», explica el periodista del Ideal, «y a la vez que bajaban unas escaleras, Juan Burgos sintió una opresión en la mano derecha, entre el dedo pulgar y el índice, y un dolor. Retiró la mano y la observó. Y vio las incisiones o marcas de una especie de dentadura, que podría ser de un niño o de un perro pequeño. El médico, Juan Rodríguez Galindo, confirmó que esas marcas correspondían a la dentadura de un niño. Pero a los pocos minutos, le volvió a ocurrir en la otra mano. Además, sentía como una opresión que le empujaba hacia la pared». «Tanto la psicofonía como la herida son reales», añade Vallejo, «porque entrevisté al doctor Galindo, que fue quien dejó allí la grabadora. Aunque en la actualidad no quiere hablar, no creo que me mintiese. Todos los que estaban allí me certificaron la honestidad de la grabación. Llevaban un medidor de campos magnéticos y, acercándolo a la pared, apareció lo que Juan Burgos describió como una especie de rayo, tiró el aparato, que se rompió, y, al examinar la mano, el doctor dijo que aquello era como la mordedura de un perro o un niño… El doctor dijo que era imposible que el mismo Burgos se hubiera infligido aquella herida por afán de protagonismo o por otras razones».

 

La triste mirada del padre Benito

Otro de los sucesos acontecidos en aquellas noches de diciembre tuvo consecuencias inesperadas. Aquel grupo de investigadores pudieron contemplar aterrorizados una figura fantasmal que podría identificarse con un sacerdote, con ropajes talares. Estuvo frente a ellos durante unos segundos. «Juan Burgos la vio», asegura Juan Enrique Gómez, «y él decía que el “fantasma de la Diputación” podría ser un hombre de unos 45 años, con un rostro de líneas duras, pelo gris, y una profunda expresión de tristeza. Esa imagen era muy plana, apenas sin relieve. De la descripción que hizo Juan se hizo un retrato robot en la redacción del periódico Ideal: nariz afilada, aguileña, ojos pequeños y muy profundos, cejas separadas, mentón pequeño y mandíbulas muy anchas. Este retrato se publicó en el periódico y apareció también en Tribuna y en algunos programas de televisión. Uno de esos días que apareció en televisión, una señora llamó a Juan Burgos: era una señora que vivía en Madrid y le dijo, muy asustada, que ese dibujo se correspondía en todo con un antepasado suyo, con un cuadro que ella tenía en su casa. Ese antepasado suyo había sido el último párroco de la iglesia de la Magdalena, y se llamaba el padre Benito».