Milenio 3
El cronovisor
El cronovisor es un mito —quizá—, o una máquina que en teoría permitiría viajar en el tiempo. Y para que en este sorprendente intento no faltara ningún ingrediente, ahí estaba la Iglesia.
Joan Soles, desde Italia, nos remitía una crónica en la que aseguraba que recuperar los sonidos y las imágenes perdidas había sido siempre una obsesión científica. Edison y Marconi lo intentaron, y Marconi incluso se vio tentado a tratar de recuperar voces de la vida de Jesucristo. Viajar al pasado o conseguir sus sonidos sigue siendo un sueño.
En la década de 1950 el benedictino Pellegrino Ernetti, del monasterio de San Giorgio, cerca de Venecia, habló de su máquina del tiempo y de ciertas antenas de un material desconocido, con un mecanismo para dirigirlas y un complejo sistema de grabación que captaba sonidos del pasado retenidos en «el ambiente etérico». Pero el papa Pío XII les prohibió continuar con aquellos experimentos al padre Ernetti y sus colaboradores.
Algunas teorías científicas parecen sugerir que el tiempo es una dimensión por la que podríamos desplazarnos. Viajar al pasado no parece posible, pero sí al futuro. Si una persona pudiera alejarse lo suficiente de la Tierra, a la velocidad de la luz, al regresar habría pasado muy poco tiempo para esta persona y, en cambio, mucho tiempo lineal en nuestro planeta. El padre Ernetti aseguraba que el pasado no desaparece, porque retiene parte de la energía que tuvo cuando fue generado, cuando fue presente. Y, por consiguiente, en teoría, imágenes o sonidos podrían recuperarse.
A pesar de esa prohibición expresa del Vaticano, Javier Sierra nos aseguraba que de las primeras declaraciones del padre Ernetti se extraía que era un proyecto ultrasecreto encargado precisamente por Pío XII en 1972. Muchos años después de la muerte del Papa, a raíz de la publicación de esta información en el Corriere della Sera, él recibió una amonestación directa de Roma, diciendo que este proyecto debía ser alto secreto todavía. «Y vivió durante toda su vida con el peso de esa orden papal. Porque yo llegué a entrevistarme con él en 1993, unos meses antes de su muerte, en la isla de San Giorgio Maggiore, en Venecia. Al final de la entrevista, después de llevar una hora y pico charlando, le pregunté por el cronovisor. Y la cara de aquel hombre cambió. Se volvió a agobiar, se volvió a impresionar y pareció recordar aquella orden que recibió en 1972. Y no quiso hablar de este asunto».
Calaveras
El caso de las calaveras de cuarzo es uno de los más extravagantes de todos los tiempos. En 1927, el explorador Frederick Mitchel-Hedges descubrió sobre un altar de la ciudad maya de Lubaantum en Belize, Honduras, una extraña calavera de cristal de roca, perfectamente pulida y con la mandíbula móvil. El Cráneo del Destino fue esculpido en una sola pieza. Pesa 5 kilos y 19 gramos y mide 12,7 centímetros de alto, 11,7 de ancho y 19 de profundidad. Sus dientes y mandíbula articulada la convierten en una réplica exacta de un cráneo humano.
La perfección de sus ángulos sugiere que los artesanos poseían una avanzadísima tecnología, ya que el cuarzo es un material muy difícil de trabajar y su estructura hace necesario el uso de láser u otras técnicas que los mayas, en principio, desconocían.
Hay una verdadera historia de ansiedad tras estas calaveras mayas. Al parecer, Mitchel-Hedges no descubrió el cráneo en 1927 en Lubaantum, como afirma la historia convencional, sino que compró el cráneo en una subasta en Sotheby’s, en Londres, en plena Guerra Mundial, en 1943. Existen documentos que prueban que el British Museum pujó por ese objeto, hasta 340 libras esterlinas de la época. Mitchel-Hedges pujó hasta las 400 libras y se lo quedó.
Los cráneos de cuarzo, según Javier Sierra, siguen siendo un misterio en todos los sentidos. No parece siquiera que puedan datarse en la fecha que corresponde a las civilizaciones mesoamericanas. El más conocido —hay trece— tiene una serie de características que lo convierten en un objeto alucinante. «Por ejemplo, está hecho en cristal de cuarzo, pero está tallado en contra de la veta de la piedra, lo que hace que las tensiones lleven ese material hasta el punto de la ruptura, como muchos escultores sabrán».
Sin embargo, ese cráneo no se rompió. Quienes lo diseñaron, lo tallaron y lo pulieron consiguieron un objeto perfecto y maravilloso.
Salvo por un detalle: que desbarata la Historia que conocemos.
Tanto en este, como en todos los ooparts, las teorías están, más que abiertas, enfrentadas. Muchos de ellos no son más que falsificaciones más o menos interesantes. Otros, sin embargo, parecen querer seguir desafiando a nuestra lógica.