Milenio 3
Ciencia y religión
Cuando una persona se embarca en una experiencia ouija en estados mentales no apropiados, el resultado puede ser la obsesión y la paranoia. He conocido gente que no hace nada sin consultar con la ouija; ese punto es el límite: este fenómeno se ha apoderado de sus vidas.
Algunos psiquiatras consultados por Milenio 3 hablan del peligrosísimo cóctel que componen estados mentales alterados, jóvenes y ouija: «Todo depende de dos factores: en primer lugar, de cómo alguien puede ser influenciado por la creencia de que la ouija tiene vida propia o sirve de intérprete a seres de otros mundos. Y en segundo lugar, hay que constatar que una mente equilibrada no está a salvo en determinadas circunstancias: en ocasiones he comprobado que aquellos que no eran crédulos al respecto se sienten muy sorprendidos por el resultado. Y esto también les llega a impresionar de forma muy profunda». «La verdad es que la combinación de perturbaciones mentales y ouija es una de las peores que existen, y no sólo con la ouija, sino con otros tipos de fenómenos llamados paranormales. Porque en esos casos la interpretación de estas realidades está exenta de cualquier capacidad crítica y, por ende, la persona puede llegar a tomar al pie de la letra cualquier traducción de estas “realidades”».
Es evidente que algunas personas no están indicadas para tener estas experiencias. Algún psiquiatra muy conocido decía que cuando alguien llegaba a su consulta y le hacían rellenar la ficha preliminar con los datos personales y la causa por la que solicitaba un análisis, y aquí especificaba «ouija», se echaba a temblar. Este especialista, en los años setenta, consideró el espiritismo y la ouija como una auténtica plaga que desencadenaba procesos mentales peligrosos, una epidemia que luego fue decreciendo, afortunadamente.
La Iglesia, naturalmente, aborda este asunto desde otra perspectiva. José Antonio Fortea, exorcista y sacerdote, opina que no se deben realizar este tipo de mal llamados juegos porque, en su consideración, no son juegos. Fortea asegura que, con la ouija, podemos abrir puertas que no podemos controlar y en ocasiones se han dado casos de verdadera posesión demoníaca u obsesión demoníaca, siempre según la Iglesia. Recuerda que hay casos de niños de muy corta edad que, realizando sesiones de este tipo, han sufrido graves trastornos. «En sí misma, la ouija no es algo demoníaco», explica Fortea. «Es simplemente un instrumento para contactar con el mundo de los espíritus. En sí mismo no es algo satánico o demoníaco. El problema es que en ese mundo de los espíritus también hay demonios, y pueden venir demonios. Y ahí radica el problema, que uno puede estar llamando a un difunto familiar y, sin embargo, puede venir un demonio. Claro, no hay forma de evitar ese riesgo, por más que uno sepa de espiritismo, y hay gente que sabe mucho. Sin embargo, no hay forma de evitar ese peligro».