Milenio 3
¡Una colonia de extraterrestres en Albacete!
Los animales fueron elementos decisivos en esta historia. En aquellos sótanos del número 58 de la calle Mayor de Albacete, según el parte policial, se encontraron colgados de garfios varias cabezas y calaveras de perros, y dentro de ollas con extrañas sustancias. Aquello era la versión más negra del gabinete de un alquimista.
¡Una colonia de extraterrestres en Albacete!
Si algo faltaba para completar esta historia de la mano cortada, he aquí que aparecen los miembros y las cartas de Ummo (véase el capítulo «Ummo»).
Para que todo este asunto pueda comprenderse en sus términos justos, es necesario señalar inmediatamente que la historia de Ummo es un perfecto fraude, o experimento psicosocial apasionante, pero falso, que se resume así: desde la década de 1960, desde 1966, concretamente, un grupo selecto de personas en España recibieron una serie de cartas, cartas manuscritas, cartas llenas de fórmulas matemáticas, cartas repletas de extraños códigos… Estaban escritas en castellano. Parece que detrás de estas cartas estuvieron varios individuos seguramente perturbados —lo hemos sabido treinta años después: los servicios secretos y de inteligencia lo desvelaron—. Su misión era saber cómo reaccionarían determinadas personas ante la constatación de que los extraterrestres ya estaban aquí. Algunos personajes que recibieron aquellas cartas tenían gran importancia e influencia en la sociedad de la época; eran personas de la talla de Alfonso Paso o de Buero Vallejo, o comisarios de policía, como Dionisio Garrido… Todos ellos recibían misivas llenas de documentos que parecían contener amplísimos conocimientos científicos. Los remitentes eran unos personajes que se hacían llamar ummitas. Los ummitas decían de sí mismos que procedían de una estrella lejana, la Wolf-424, a 14,6 años luz de nuestro planeta. Es una historia rocambolesca y absurda. Pero que engañó a mucha gente.
Pues bien, en una de esas cartas hablaban de Albacete y echaban más leña al fuego. La carta en cuestión la recibió un párroco de Mairena del Alcor, en Sevilla: el padre Enrique López Guerrero. En 1968, este sacerdote creó una polémica sin precedentes a través del diario ABC; el titular del periódico decía: «Una colonia de extraterrestres se halla ya infiltrada en nuestro país». ¡Lo decía un miembro de la Iglesia, en el ABC, en 1968!
A los dos días de aquellas sorprendentes declaraciones, el Ejército del Aire declaraba «materia reservada» toda la temática ovni y así se mantendría durante treinta largos años.
Pues bien, el 27 de marzo de 1969, este párroco de Mairena recibe uno de esos sobres ummitas con un símbolo que parece una especie de H con una barra en medio. El sacerdote, que no conocía la historia del caserón de la marquesa en Albacete, lo abre y lee lo siguiente: «Nuestra primera residencia en España fue escogida en una población recoleta, Albacete. Una dama, amante de los animales, prestó asilo a dos de nuestros hermanos, que pudieron, durante su forzoso encierro, realizar las primeras experiencias psicofisiológicas con mamíferos de la Tierra, hasta que ciertos rumores surgidos entre los habitantes vecinos hicieron aconsejable nuestro traslado».
Aparte del aire novelesco y pintoresco de la redacción, cabe hacerse algunas preguntas: ¿qué tiene que ver aquí la historia de un planeta llamado Ummo? ¿Qué relación guardan los farsantes de Ummo con la casa de la marquesa, las mutilaciones y otros fenómenos extraños?
Aquellos supuestos extraterrestres que escribían cartas en aquella España de los sesenta decían que habían estado en la casa de una misteriosa marquesa. Años después, los investigadores empiezan a indagar y descubren que, efectivamente, había una casa perteneciente a una misteriosa marquesa, que se habían producido mutilaciones, que había animales en los sótanos… Todo empezaba a encajar… o a desencajarse completamente.
En otra de esas misivas, estos supuestos seres de otros mundos repiten que estaban emplazados en Albacete, que iban ataviados con trajes blancos, que a veces se protegían con máscaras del sol, que eran rubios o albinos… Y añadían lo siguiente: «Hubo hasta seis focos virales, se localizaron en el cuerpo de la enferma, la hija de la marquesa, todos ellos suficientemente profundos. Las zonas afectadas se ubicaban en globos oculares, tejido epitelial de la lengua y dermis palmar».
Naturalmente, para comprender en todo su alcance esta historia hay que olvidar el hecho de que una civilización avanzadísima, que había podido surcar el espacio a velocidades increíbles, no emitiera sus cartas con impresión de alta tecnología, sino en papel común y con tinta vulgar de la década de 1960. También hay que obviar las deficiencias gramaticales y léxicas de esas cartas.
En resumen, en 1969, un párroco de Sevilla recibe una carta de un grupo extraño de individuos, que se autodenominan extraterrestres y que aseguran que llevan un tiempo viviendo en la Tierra. Todo parece completamente absurdo… Pero ofrecen datos sorprendentes: dicen que fueron acogidos por esta marquesa y su familia, y que su hija fue contagiada por diversos virus. Las zonas infectadas eran muy concretas: ojos, lengua y manos.