Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 115 de 198

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Milenio 3

Estrellas del celuloide

La filmografía sobre Drácula es extensísima. Comienza con una película húngara, hoy perdida, de 1920. Inmediatamente después saltó a las pantallas la terrorífica Nosferatu (1921) de E W. Murnau, con Max Schreck. Drácula, de Tod Browning, con Bela Lugosi es de 1930. A partir de ese momento se suceden las secuelas, las parodias y algunos trabajos más o menos serios. Entre la inmensa producción cinematográfica referida al personaje de Bram Stoker, se pueden citar Drácula, Prince of Darkness (1965), de Terence Fisher, con Christopher Lee, otro de los grandes Dráculas de la historia del cine. De 1978 es Nosferatu: Phantom der Nacht, de Werner Herzog, con Klaus Kinsky. Y, finalmente, una gran pieza cinematográfica: Drácula, de Francis Ford Coppola, con Gary Oldman, de 1992.

Para hablar de cine y de los aspectos más oscuros relacionados con Drácula, Milenio 3 se puso en contacto con Jesús Palacios, crítico cinematográfico y especialista en los recovecos más siniestros de Hollywood. Le comentábamos cuán diferente parece el Nosferatu de Murnau respecto a los Dráculas posteriores, teñidos de romanticismo. El vampiro terrorífico que encarnaba Max Schreck no tenía el glamour que se esperaba de él en los siglos XIX y XX. «Alrededor de Max Schreck hay toda una mitología, porque es un actor muy poco conocido. Murió muy prematuramente, interpretó relativamente pocos papeles y entre ellos, desde luego, el más destacado fue el de Nosferatu. Y el personaje que interpreta Schreck no es tanto el vampiro draculiano de la novela de Stoker ni el del cuento de John William Polidori, que fue el que lanzó esa imagen del vampiro aristócrata. El Nosferatu de Murnau se basa más bien en el folclore original del vampiro: aparece como una alimaña de la noche, como una criatura infernal, como una especie de demonio que extiende la enfermedad a su paso. Lleva con él la peste y las ratas».

En opinión de Jesús Palacios, en Nosferatu se aprecian las ideas esotéricas del equipo de dirección y producción. Muchos de ellos estaban afiliados a órdenes y fraternidades secretistas y esotéricas muy frecuentes en la Alemania anterior a la Segunda Guerra Mundial. Por esa razón entiende que Nosferatu se puede observar a la luz de determinadas imágenes relacionadas con el ocultismo. «La película es un conflicto entre la luz y las tinieblas, que va más allá del mero vampirismo. Es una película esotérica a niveles más profundos».

Entre los actores que han interpretado a Drácula pueden destacarse a Bela Lugosi, a Christopher Lee y a Gary Oldman, sin duda. Pero el que más se identificó y se sugestionó con el personaje fue Bela Lugosi. Era de origen húngaro y saltó a la fama gracias a la interpretación del conde transilvano. A partir de entonces se vio un poco encasillado en esos papeles y en otros muy semejantes. En la última fase de su vida, afectado por una enfermedad incurable y adicto a la morfina, comenzó una verdadera obsesión para él. Se vestía habitualmente como el conde Drácula, empezó a dormir en el interior de un ataúd… Se decía que pedía a sus criados que le llevaran telarañas frescas… El día de su funeral, por expreso deseo suyo, fue enterrado con la indumentaria propia del conde Drácula. (Era una indumentaria cinematográfica, que no tenía ninguna relación ni con el verdadero Vlad Draculea, ni con el personaje de Bram Stoker ni con ningún vampiro que se acercara a la historia o a la realidad). El día que bajó a la tumba llevaba puesto un broche que utilizó para la película de Tod Browning (Drácula, 1930).