Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 91 de 198

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Milenio 3

Enterrados vivos

«No conocemos agonía peor sobre la tierra,

ni podemos concebir un tormento remotamente

equiparable ni siquiera en las profundidades del infierno».

EDGAR A. POE, El enterramiento prematuro.

El 11 de marzo de 1986, el diario El País publicaba una noticia con el siguiente titular: «Aparece vivo en El Cairo un niño que había sido enterrado hacía un año». La crónica era de Ignacio Cembrero, desde la capital egipcia: «Todo un barrio cairota se encuentra en plena efervescencia desde que el viernes pasado el niño Mohamed Chabana, enterrado desde casi hace un año, reapareció por la calle caminando con un traje funerario hacia el domicilio de sus propios padres. El pequeño Mohamed fue reconocido rápidamente por los vecinos de su familia, que se desmayaron y gritaron como histéricos al verle aparecer».

El certificado de defunción había sido expedido exactamente un año antes. La investigación que llevaron a cabo las autoridades egipcias llegó a conclusiones sorprendentes: se dijo que podía ser un «acto de abandono de enterrador» [¿?] o de una mala comprobación del momento del óbito.

Al día siguiente, el 12 de marzo de 1986, la prensa egipcia publicaba a grandes titulares: «¡Espectacular fenómeno sobrenatural!».

La historia de Mohamed concitó la atención general durante dos años más. Se dijo que el niño había estado sepultado vivo dentro de la tumba durante cuatro días, después fue acogido en varias instituciones benéficas y finalmente pasó varios meses deambulando por los arrabales de El Cairo, en una zona llamada la Ciudad de los Muertos. Tenía misteriosas cicatrices en las plantas de los pies.

 

Casi muertos…

Uno de los terrores más arraigados en el ser humano es el que atañe a la muerte, lógicamente, pero en torno a él se deslizan otros no menos pavorosos. Uno de ellos es el horror a ser enterrados vivos.

En realidad, parece que este temor está más relacionado con la agonía o, quizá, con el modo de morir que con la muerte en sí misma. El torturado Edgar Allan Poe decía que sólo tenemos una certeza: que vamos a morir. Aunque en el mundo actual este asunto parezca desestimarse —por diversas razones— y apenas se desee hablar de él, el ser humano sabe que ése es su final inapelable. Por tanto, a la angustia propia de quien ha de enfrentarse a lo desconocido se añaden otras: una de las peores es que los demás nos crean muertos, que nos vistan para el entierro y nos amortajen, que nos introduzcan en un ataúd, que cierren la tapa, que nos transporten a un cementerio, que nos depositen en una fosa y que nos arrojen tierra encima… ¡y que lo oigamos y lo sintamos todo!