Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 188 de 198

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Milenio 3

Antigüedad electrizante

Son respuestas condicionadas, de modo que las preguntas deben plantearse de otro modo. Si nos preguntamos sin ningún prejuicio qué hizo Keops en la Gran Pirámide, tal vez la respuesta sea: «No lo sabemos». Y tal vez sea la conclusión más honrada desde el punto de vista intelectual.

Javier Sierra, director de la revista Más Allá, es el autor de un libro que cuadra muy bien en este asunto, En busca de la edad de oro. Su planteamiento —como es habitual— no consistía en mantenerse estupefacto ante esos objetos que parecen conspirar contra toda la historiografía académica, sino ir un tanto más allá: «Traté de leer qué es lo que había detrás de esos objetos anacrónicos, esas construcciones ininteligibles para su época o esos episodios incomprensibles en su tiempo. Y lo que había detrás, o lo que hay detrás, es algo tremendamente importante. Según decían los griegos, y también lo decían los antiguos hindúes, y también está recogido en la mitología egipcia, antes de la historia conocida hubo otra historia. Una historia en la que hubo civilizaciones desarrolladas, en la que se conocían ciencias que se perdieron o se olvidaron. Esas ciencias, según los antiguos, ya se conocían. Y a esa historia olvidada o perdida actualmente los griegos la llamaban la Edad de Oro. Los egipcios la llamaban el Zep Tepi, el Primer Tiempo. Es una época en la que se mezcla un poco lo mitológico con lo real. Los egipcios decían que ese Zep Tepi fue un tiempo en el que los dioses y los hombres convivían y aseguraban que había una especie de estirpe de semidioses que gobernaban la Tierra y hacían proezas».

En esa nebulosa de mitología e historia se hablaba de un desarrollo civilizador del que, en principio, sólo nos habrían quedado ciertos fogonazos de luz… Javier Sierra habla de «guiños de la Edad de Oro». Esos resplandores de una época mítica serían esos objetos y piezas que parecen retar a la ciencia y a la Historia.

Debe añadirse que tales objetos están datados perfectamente y que no se trata de falsificaciones o timos para ingenuos. No: son objetos cronológicamente anómalos, y en ningún caso estafas arqueológicas. Puede que su persistencia haga tambalear los cimientos de la historia conocida y por eso suelen aparecer en rincones de museos o se custodian con mil llaves, alejadas de preguntas indiscretas. Durante siglos se nos ha contado una historia que estos objetos parecen desmentir o, al menos, cuestionar. Por eso es materia de Milenio 3.

 

Antigüedad electrizante

En el devastado Irak, en el museo de la ciudad de Bagdad, se custodiaba — desapareció durante los saqueos posteriores a la invasión norteamericana de 2003— un objeto que se llamaba la Pila de Bagdad. Era una pequeña vasija de arcilla, datada en el siglo II a.C. Tenía una tapa de asfalto y estaba atravesada por un tubo de cobre que albergaba una varilla de hierro corroída por un ácido. El ingeniero alemán, Wilhelm König, en 1936, comprendió que estaba ante una rudimentaria pila eléctrica.

¿Esto es posible? ¿Es ficción? ¿Es una estafa o una cosa de locos? ¿O es que alguien sabía más de lo que nos cuentan?

«Pues sí», contesta Nacho Ares sin dudar, «es cierto». Nuestro compañero nos recordaba que ese hallazgo ha de entenderse en los términos de la ciencia arqueológica de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando esta disciplina estaba en manos de aficionados con dinero. No eran expertos. Eran hombres apasionados — y ricos— que, en parte, jugaban a ser exploradores, pero que ofrecieron grandes hallazgos arqueológicos. Por esa razón a menudo cometían errores graves en las dataciones y en los trabajos de investigación. «König encontró la pila en el museo de la capital iraquí y el arqueólogo la había etiquetado como “Vasija votiva” o “Vasija para rituales religiosos”. Su función real era otra bien distinta».

La Pila de Bagdad tiene más de dos mil años de antigüedad. ¿Para qué servía? En apariencia era una pila que podía generar electricidad. Otra cuestión es si efectivamente ellos conocían la electricidad o si el descubrimiento había sido casual o producto de una investigación. Supongamos que la conocían. ¿Para qué la utilizaban?

La respuesta está en la vanidad.

En el museo de Bagdad y en el museo de El Cairo, por ejemplo, hay joyas que tienen una pátina dorada, una especie de recubrimiento dorado, pero que no es oro. Son falsificaciones antiguas. Joyas antiguas falsas: parecen de oro sin serlo.

Esta certeza había incomodado mucho a los historiadores, porque la única manera de conseguir esa falsificación es por medio de la electrólisis. «Quizá éste era el fin de la Pila de Bagdad», sugiere Nacho Ares. «Únicamente añadiendo un elemento galvánico que podían haber conocido perfectamente hace dos milenios, como el zumo de naranja o el vinagre, podían funcionar esas pilas».

Los arqueólogos de Estados Unidos, ante esta posibilidad, hicieron reconstrucciones de esas baterías y fueron capaces de producir una carga muy pequeña, de 0,5 a 1,5 voltios, lo suficiente al parecer para falsificar joyas hace dos mil años.

«Era un aparato muy primitivo», dice Javier Sierra, «pero los experimentos fueron muy emocionantes: se agregaba zumo de uva, es decir, ácido, y aquello provocaba una reacción pequeña… pero efectiva».

Nuestros compañeros nos dejaban estupefactos. «Y eso sólo es el principio», decía Javier Sierra. «Hay otros ejemplos, todavía más sorprendentes, que nos hablan de un manejo de la electricidad a gran escala y que todavía hoy se nos ponen los pelos de punta…».

En 1952, en una provincia interior de China, se estaban realizando unos trabajos para construir un campo deportivo y, de repente, una parte del terreno se hunde. Resulta que allí había una cueva en la que descubrieron un completo ajuar funerario de un guerrero que vivió, aproximadamente, en el siglo II a.C. Encontraron joyas de todo tipo, armas, toda la armadura completa del guerrero, etcétera. Pero cuando extrajeron el cadáver… ¡su cinturón tenía una hebilla de aluminio! Para que se entienda: el aluminio se fabrica con un mineral llamado bauxita. Estos procesos industriales de manufacturación de aluminio comienzan a partir de 1808. En 1800 se había fabricado la primera pila eléctrica. Pero para fabricar aluminio es necesario algo más que una pila eléctrica; es necesaria una importante cantidad de energía eléctrica. Bien, pues allí estaba aquel chino, con una hebilla de aluminio de hace 2.200 años.