Milenio 3
Los vampiros y los locos
el hallazgo de una niña,
la niña Teresita Guitart…
Los vampiros y los locos
Pero si hablamos de vampiros, quizá sea necesario inspeccionar brevemente las causas fisiológicas que llevan a determinadas personas a buscar sangre a cualquier precio. En principio, parece darse en algunos individuos esa necesidad cerval de sangre. Y, para explicarlo, se ha hablado de la porfiria, un síndrome metabólico que, entre otras consecuencias, influye en la fotosensibilidad del paciente. Hoy, la porfiria puede ser identificada y tratada, pero en la Edad Media, por ejemplo, un enfermo de porfiria era lo más parecido a un poseído por el demonio. Sin necesidad de acumular palabras de difícil comprensión, la porfiria —o, más comúnmente, el llamado «mal de los vampiros»— ha estado presente en todas las épocas. La enfermedad, dicen algunos doctores, podría ser la explicación lógica a lo que llamamos vampirismo, porque las personas sufren una serie de anomalías que se presentan ya desde la primera infancia. Dicen que las manifestaciones iniciales son, en los bebés, orina rojiza y que se muestran especialmente sensibles a la exposición solar. Dado que esto ocurre tanto en la porfiria como en la rabia adquirida por mordedura de un animal, sea un murciélago, sea un perro, y ocurre en todos los casos, también se ha considerado el vampirismo como una especie de rabia humana.
El vampirismo, al parecer, también se manifiesta con otros síntomas. Muchas veces se dan crisis neurológicas, crisis emocionales constantes, desdoblamientos de personalidad, parálisis en extremidades y, muchas veces, crecimiento de pelo en lugares inverosímiles, lo que podría ser hipertricosis. La porfiria, unida a la hipertricosis, pudo ser el origen de ciertos ajusticiamientos en la hoguera como hombres-lobos o bestias peligrosas.
Por otro lado, la rabia es una enfermedad que se da en algunos animales muy concretos y que se transmite por mordedura al hombre. Ese virus se inocula por medio de la saliva y puede generar horror al agua, hidrofobia, y también, curiosamente, a objetos brillantes.
En los siglos XV y XVI, en Europa del Este empieza a extenderse el rumor popular según el cual algunos elementos, como una cruz de plata, podían espantar a las personas que sufrían estas enfermedades (porfiria o rabia), que se consideraban cercanas al vampirismo o se identificaban con él. Tal vez estos enfermos — fisiológicos o psiquiátricos— sólo necesitaran una atención más detenida… pero eran siglos oscuros y el pueblo los consideró vampiros: los quemó, los incineró, los empaló y realizaron sobre sus cadáveres toda suerte de ceremonias para que permanecieran al otro lado de la vida para siempre.
Y también se ha utilizado la voz «hematodixia», literalmente, «necesidad de sangre», para explicar una tendencia poco conocida y, afortunadamente, rara. Ángel Gordón dio a conocer —con toda su polémica— esta dolencia, esta enfermedad llamada hematodixia cuyo síntoma principal es la necesidad de ingerir sangre humana o animal en grandes cantidades: «Se trata de personas que necesitan ingerir sangre aunque sea a través de alimentos. Llegamos a pensar incluso que esa enfermedad podía ser de origen psíquico, pero parece ser que, en muchos casos, necesitan ingerir sangre desde el punto de vista fisiológico. En su día, hicimos análisis a algunos de ellos y tenían una capacidad globular impresionante».