Milenio 3
Caso #2
Testigo: Alberto [s.a.]. Conductor
Lugar: Olmedo (Valladolid)
Fecha: [s.d.]
Tipo: Espejo
«Yo soy conductor, tengo 29 años y soy de Valladolid, y tengo la suerte de hacer rutas fijas, de Valladolid a Palencia, por la autovía. Y ese día no tenía especialmente sueño. Iba tranquilamente conduciendo. Como todos los conductores, yo tengo la costumbre de mirar al retrovisor de vez en cuando. Pues en el espejo retrovisor izquierdo vi, ocupando todo el espejo, la cara de una mujer. Su edad… de unos 40 años, peinada hacia atrás, y tenía los ojos muy rasgados, muy rasgados y casi inclinados en diagonal, como cuando distinguimos la mirada de un lobo respecto a un perro… Los lobos tienen los ojos más inclinados hacia el centro de la nariz. “¿Qué es esto?”, dije. Me quedé mirando fijamente y durante un segundo la vi claramente, volví a mirar a la carretera, claro, y volví a mirar al espejo y allí estaba, porque me miraba fijamente. Y luego volví a dar un golpe de vista y desapareció».
Caso #3
Testigo: Emilio [s.a.], más otra persona
Lugar: Jabugo (Huelva)
Fecha: [s.d.]
Tipo: Anciana enlutada
«Yo iba con mi padre en el coche, cerca de Jabugo. Íbamos por una carretera comarcal, antes de llegar a la zona de Jabugo. Yo llevaba puestas las luces largas… y salió del arcén una figura humana. Era oscura, no se definía perfectamente la figura. Lo vimos los dos. Cuando llegamos a su altura, creíamos que necesitaría ayuda o algo, porque en esa zona, y a altas horas de la noche, la una y media de la noche aproximadamente… Ralentizamos la marcha. Y cuando estábamos llegando a esa figura, yo noté algo raro, porque tenía la mirada perdida, no miraba hacia ningún lado. Le llegué a ver la cara perfectamente, no era nada etéreo, era una persona. Estaba muy cerca, a un metro. Era una mujer de muy avanzada edad. Pero lo que a mí me llamó la atención fue la rapidez con que pasó del arcén al centro de la carretera. Fue muy rápido y para una anciana… no creo que debiera tener esa agilidad. Y también me llamó la atención que cuando estábamos a un metro de ella tenía una mano abierta y la otra la envolvía con un puño… No sé si me explico bien. Y tenía la mirada perdida, no miraba hacia ningún lado… No… casi paramos… pero no… porque cuando vi esa imagen… A mi padre no le dan miedo esas cosas, pero sentimos casi pánico. Porque era una imagen… ni en una película de miedo sale una figura así. Ese ser o lo que fuese sabía que estábamos allí. Parecía que no quería que avanzáramos, como si nos quisiera advertir de algo. Yo tenía el coche casi parado y entonces me eché un poco hacia un lado y… yo no sé si fue por intuición o por algo… pero apreté el acelerador y nos fuimos. Sentimos tanto miedo a eso desconocido… Hemos viajado mucho por la noche y eso no lo habíamos visto en la vida. Después de aquello… desde que la vimos hasta que llegamos a nuestro destino, no hablamos nada. Estábamos los dos paralizados».