Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 127 de 198

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Milenio 3

La Pasión de Jesús de Nazaret

«Y Jesús, con unos cinco años, dijo “volad”

y aquellos pájaros de barro comenzaron a elevarse

revoloteando en el cielo».

Evangelio del Pseudo Tomás, apócrifo, siglo II.

La Pasión comienza casi inmediatamente después de la Última Cena, la celebración de la Pascua judía en Jerusalén. Jesús anuncia a sus discípulos que desea orar y les advierte que los próximos días serán especialmente dolorosos para todos. El maestro acude con algunos de sus amigos predilectos a un huerto, llamado Getsemaní. Se trata de una escena decisiva: en este punto comienza el sufrimiento de aquel hombre.

El texto de Lucas dice: «Y en medio de la angustia, seguía orando más intensamente. Y su sudor era como gruesas gotas de sangre, que iban cayendo a la tierra».

Es muy importante que los evangelistas hablen de la angustia. Mateo lo cuenta con una emoción singular: Jesús se aparta con sus tres discípulos predilectos «y comenzó a sentir tristeza y angustia». En un rasgo profundamente humano, Jesús dice a sus amigos: «Siento tristezas de muerte» (Mt 26, 37).

Jesús está angustiado y se siente abandonado y desamparado, profundamente solo. (Incluso sus amigos se entregan al sueño en vez de velar con él). Es un momento clave: los textos indican claramente que Jesús sudó sangre. Pero esto… ¿es posible? ¿Es científicamente posible? Para saber si ese proceso es factible o sólo es un giro literario de los evangelistas, acudimos al doctor don Ángel Rodríguez Cabezas, cuya obra sin precedentes El dolor de Cristo. Análisis médico y psiquiátrico de su Pasión (junto al psiquiatra José María Porta Tovar) merece un atento estudio. El doctor Ángel Rodríguez afirmaba que «sudar sangre» no es sólo una metáfora: «Tiene un nombre científico. Se llama hematidrosis. Es un fenómeno poco común, pero en teoría sí puede darse. Es el punto culminante de la ansiedad. Y eso es lo que se describe en los textos y lo que presumiblemente ocurrió en el huerto de Getsemaní». Tanto el doctor Rodríguez Cabezas como el psiquiatra Porta Tovar creen que aunque el sufrimiento físico se produce en los patios y los calabozos del gobernador romano, el verdadero dolor tuvo lugar en el Huerto de los Olivos.

Los médicos saben que estos procesos son excepcionales y que se puede desarrollar toda una vida profesional sin conocerlos de primera mano. Pero hay bibliografía y documentación gráfica al respecto. Se habla de soldados que han sufrido procesos histéricos, causados por la angustia y la ansiedad, con parecidos síntomas.

El doctor José María Porta Tovar, coautor de El dolor de Cristo, nos explicaba así, desde el punto de vista de la medicina psiquiátrica, cómo puede entenderse un sufrimiento espiritual tan intenso que llegue a producir hematidrosis: «Se llaman somatizaciones. Es decir, el alma puede estar de tal forma dolida que el cuerpo traduce, de alguna manera, esta angustia. Y esa angustia se traduce, por ejemplo, en una vasodilatación. Es muy posible que, en un momento dado, esas venas dilatadas dejasen escapar esa sangre mezclada con sudor a través de los folículos pilosos y sebáceos, y entonces se produjese esa sudoración sanguinolenta de la que nos habla el Evangelio».