Milenio 3
La ciencia envuelta en dudas
A estas alturas, todos los lectores estarán pensando o canturreando una antigua oración infantil que habla de ángeles que velan el sueño de los niños. Es el mítico Ángel de la Guarda. Y de nuevo, las preguntas se acumulan: ¿hay un ángel que protege a los niños? ¿Es ese ángel su amigo invisible?
La ciencia envuelta en dudas
Médicos y psiquiatras han penetrado en este mundo desde su perspectiva de hombres y mujeres de ciencia. En general, los psiquiatras vinculan las apariciones nocturnas a estados relacionados con el sueño. José Luis López Ibor nos recordaba que «a veces se ha concedido a los sueños un contenido especial o se ha dicho que pertenecen al subconsciente, pero hoy las cosas no están tan claras. Es decir, todo el mundo sueña y todo el mundo tiene una cantidad de sueños extraordinariamente ricos. Si esos sueños que recordamos pueden condicionar nuestra vida diaria… eso es otro tema. Se sueña sólo durante unas determinadas fases del sueño, en las fases REM, que sabemos que existen porque los ojos se mueven de una manera determinada y especial. Si nos despertamos en la fase REM, normalmente nos acordamos del sueño; si no nos despertamos en esa fase, generalmente no nos acordamos de los sueños. Los sueños unas veces son de carácter angustioso y otras, no. Generalmente, los sueños no se repiten con una frecuencia tan importante como para condicionar al individuo; en algunos casos ocurre, y es angustioso, pero eso está más ligado a angustias vitales o a la vida común».
No seamos ingenuos: las apariciones y visiones que estamos tratando no son sólo sueños lúcidos o sueños vívidos, como se llaman hoy. Esas experiencias dejan una impronta y generan sensaciones en el testigo que no olvidan jamás.
Tratando de encontrar una explicación científica y coherente que permita racionalizar estos episodios, acudimos a un buen racimo de psiquiatras. Su conclusión sería ésta: «Cuando uno está durmiéndose, se produce lo que podría llamarse una desconexión paulatina de nuestro cerebro y de nuestra consciencia con la realidad. Y al despertar, existe el mismo proceso, pero al contrario. Es decir, vuelve a establecerse esa especie de conexión. En un momento dado, al empezar a entrar en las primeras fases del sueño, cuando todos los sentidos no están perfecta y armoniosamente desconectados con la realidad, pueden provocarse una serie de alucinaciones que se llaman hipnagógicas y, por el contrario, al despertar, se producen las alucinaciones hipnopómpicas. Todos estos hechos se describen perfectamente a lo largo de la Historia y en la literatura. Muchas veces se les ha atribuido relaciones con fenómenos religiosos, pero forman parte de la fisiología del sueño. En segundo lugar, uno de los temores durante el sueño, dado que nos encontramos con nuestras defensas, con nuestra consciencia, en niveles muy bajos de operatividad, consiste en que otra persona se aproxime al lugar en que nos encontramos refugiados, dentro de nuestro propio sueño. Esto ocurre también en los animales, cuando están durmiendo, en ese estado onírico. Además, muchas personas, en el momento de despertar, cuando suceden las alucinaciones hipnopómpicas, sufren también de una verdadera parálisis, pero se trata de procesos fisiológicos bien conocidos».
Así pues, desde esta perspectiva, no se trata más que de procesos relacionados con el sueño. Pero… entonces, ¿todos los casos que se han descrito aquí, y todos los que se han registrado en distintos lugares del mundo y a lo largo de toda la Historia, pueden explicarse así? «No, sigue habiendo muchos fenómenos que son inexplicables», asegura el doctor López Ibor. «Tratar de explicarlos por un afán de notoriedad o por un afán de conocimiento científico no es honesto. Siempre hay en la vida cosas inexplicables, inexplicables para los actuales conocimientos científicos, sin lugar a dudas».