Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 179 de 198

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Milenio 3

Audaz aterrizaje en Voronezh

Los testigos se disponen a una segunda aproximación a esta misteriosa y extraña pareja —nunca mejor dicho—. «Veíamos perfectamente a los dos. Los veíamos girar hacia el mar». Después, se perdieron… sólo quedaron allí, de nuevo, unas enormes huellas… que tampoco se fotografiaron.

En Milenio 3 se recibieron cientos de mensajes de texto y correos electrónicos en los que se nos aseguraba que habían ocurrido múltiples sucesos de difícil explicación en los alrededores de Conil: luces que cruzan la carretera, esferas sobre las aguas del mar, extrañas visitas, etcétera, etcétera. Conversamos con un joven llamado Javier Gala. En aquel septiembre de 1989 era un niño y estaba pasando los últimos días de verano en una urbanización inmediata a Conil. Nunca lo había contado en público pero la noche anterior estaba jugando con unos amigos, junto a la playa, y vieron algo muy raro: «Varios de nosotros vimos una figura. Una figura que era como un hombre alto, bastante alto… Yo no lo llegué a tener cerca, lo vi de lejos, pero gente que lo tuvo más cerca, dijo que era bastante alto, estilizado y delgado, con los brazos alargados, de un color oscuro… Era… se veía como si emanase ese color oscuro, entre morados y marrones… no era luminoso, pero veías ese color. Parecía como que estuviera pulsando… y esos colores…».

Este ser estuvo en presencia de catorce o quince niños, muy cerca. De nuevo, la pregunta: ¿por qué iban a inventarse esa historia? ¿Influencia de lo que se contaba respecto a Conil? Imposible: el suceso protagonizado por Gala ocurrió un día antes.

Javier Gala no nos pudo decir qué hacía aquel ser; según él se movía de un lado para otro y, respecto a los niños, mostraba simplemente indiferencia. Ellos no pudieron distinguir formas humanas, no pudieron constatar que tuviera rasgos faciales definidos: era una auténtica sombra. ¿Qué ruidos hacía? Ninguno: la sensación, precisamente, era todo lo contrario. El paisaje pareció invadido de un profundo silencio.

«Si desapareció luego o no… yo no lo sé. Éramos niños, hubo chicos que empezaron a gritar y una niña se puso muy nerviosa. Salimos corriendo…».

 

Audaz aterrizaje en Voronezh

Aquel otoño de 1989 presentaba el Telediario de Televisión Española el periodista Luis Marinas. A las nueve de la noche suena la música agitada que da paso al noticiario más seguido del país y, con la severidad de un informativo de la televisión pública, el presentador dice:

«Escepticismo en el Ministerio del Interior soviético sobre el posible aterrizaje de extraterrestres en la ciudad de Voronezh, a quinientos kilómetros al sur de de Moscú. El extraño suceso, ratificado por la milicia y científicos locales, tiene conmocionados, sin embargo, a los habitantes de la ciudad. Testigos presenciales señalaron que seres extraterrestres de tres o cuatro metros de estatura habrían descendido de la nave, un enorme disco luminoso…».

Los acontecimientos de Voronezh causaron una tremenda conmoción en la opinión pública mundial. Aquí, en España, el caso se siguió con un interés inusitado. La agencia de noticias TASS, reconocida por su timidez en todos estos episodios y muy rigurosa y precavida —era la agencia oficial de la extinta URSS—, había enviado unos teletipos a sus asociados donde advertía: «Unión Soviética. Tres extraterrestres llegados en un ovni pasearon por la ciudad de Voronezh. El Laboratorio de Geofísica ha corroborado su presencia…». Esta noticia se reprodujo en los principales periódicos, como El País y el ABC, y en muchos otros locales y regionales. El corresponsal del diario ABC en la Unión Soviética, Alberto Sotillo, escribía: «La monótona vida en la industrial, semiolvidada y provinciana ciudad de Voronezh se ha visto súbitamente turbada…». Otras revistas de información general, como Tiempo con el titular «¡Ya están aquí!», e Interviú se hicieron eco de la espectacular presencia de alienígenas en un remoto lugar de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Voronezh es una ciudad que se encuentra a casi seiscientos kilómetros al sur de Moscú, está situada en una región boscosa y actualmente tiene una población de cerca de dos millones y medio de habitantes. Es una ciudad industrial, dedicada a la metalurgia, la construcción aeronáutica y de maquinaria agrícola.

El lector se preguntará tal vez por qué hemos viajado a la estepa rusa desde las blancas playas de Conil. La respuesta es que ambos episodios ocurrieron prácticamente en el mismo momento.

Para nuestro compañero Guillermo León (informático y webmaster de

www.ikerjimenez.com), que ha investigado y documentado profusamente el caso de Voronezh, uno de los aspectos más sorprendentes de aquella noticia es que fue emitida por la agencia TASS: «Sí, exactamente: lo curioso de esta noticia es que provenía precisamente de aquella agencia de noticias soviética, TASS. Las reacciones en Occidente, y también en España, fueron principalmente de sorpresa, de incredulidad y de escepticismo». Para Guillermo León, el contexto histórico es un hecho decisivo: «En la época, a finales de los ochenta, al final de la guerra fría, que una agencia de noticias tan solvente, como era por entonces TASS, informara de un suceso de este tipo… la verdad es que era bastante… impactante y sorprendente».

Tal vez a los occidentales les sorprendía y arqueaban la ceja, pero a los militares rusos no les hizo ninguna gracia: el Instituto de Geofísica y la Universidad de Voronezh aseguraban que habían detectado radiaciones y que habían obtenido material del aterrizaje de un supuesto objeto extraño.

¿Qué ocurrió realmente? He aquí la primera crónica periodística de Luis Ramírez, de EFE, difundida para toda España: «A las seis de la tarde del 27 de septiembre, tres chicos que jugaban en un parque de la ciudad, y otro grupo de personas que esperaban un autobús, vieron una bola roja de unos diez metros de diámetro sobre el lugar. El objeto sobrevoló en círculo la zona, desapareció para volver poco después y se posó sobre el parque. En ese momento, del ovni sale un humanoide de unos tres metros de altura, con una cabeza pequeña y tres ojos, según todos los testigos. Detrás de él, aparecen otras dos criaturas, una de las cuales es aparentemente un robot. Uno de los niños que jugaba al fútbol chilló presa del pánico. La mirada luminosa de uno de los marcianos le paralizó. El objeto y sus ocupantes volvieron a desaparecer en el cielo, y regresaron minutos más tarde. De la nave surgió nuevamente uno de los humanoides, armado con una especie de pistola de cincuenta centímetros de longitud, que disparó sobre uno de los niños. El impacto hizo desaparecer al muchacho. El visitante volvió al ovni, y abandonó el lugar. En ese mismo momento, el joven volvió a aparecer. Según la misma publicación, Sovietska Cultura, los hechos han sido investigados por institutos geofísicos de la ciudad. Y se han encontrado sobre el lugar…».

Hubo más testimonios en esta extraña, y por qué no decirlo, rocambolesca historia. Uno de ellos se hacía eco de las revelaciones de las personas que estuvieron presentes en aquel extraño episodio: «Los testigos vieron junto a la nave una gran figura, de gran estatura, que tenía tres ojos. El ojo central giraba como un radar. Su cabeza era pequeña, se mantenía fija, sin girar. En lugar de nariz, tenía dos orificios. La nave sobrevoló este lugar. También salieron dos personas más y un robot, dicen que era un robot…».

Y uno de los niños aseguraba: «Cuando ellos salieron de la nave, yo me quedé inmóvil, como paralizado. Estábamos todos muy asustados. Y dos de los seres salieron de la nave y observaron el lugar. Después de cinco minutos, se fueron. Cuando desaparecieron, me mareé. La cabeza me dolía y me daba vueltas».

Para rematar esta historia, los muchachos hablaban de un símbolo que se parecía extrañamente a la H que enviaban los farsantes de Ummo (véase capítulo anterior). La policía y los militares entrevistaron a los niños una y otra vez y al parecer todos ellos reprodujeron esa H con un trazo en medio. «Bueno… ésa es la parte más absurda de la historia», admite Guillermo León. Al parecer, ese símbolo se fue deformando a partir de las primeras interpretaciones: al principio se parecía a un asterisco, luego a uno de los caracteres cirílicos de la lengua rusa y, finalmente, era idéntico al sello de los bromistas de Ummo. ¿Casualidad?

Por desgracia, en este tipo de asuntos participa todo el mundo y no siempre con buenas intenciones. De modo que hubo baile de fechas, baile de horas, baile de datos, se habló de piedras nunca vistas en la tierra, se entrevistó mil veces a los niños de aquella localidad industrial y… hoy nadie, salvo los especialistas, se acuerdan de Voronezh.

Y la pregunta sigue siendo la misma: ¿por qué unos niños rusos se iban a inventar una cosa así? ¿Y por qué la agencia TASS se hizo eco de aquella historia aparentemente ridícula, absurda y más propia de un film de serie B?