Milenio 3
Un gigante vestido de negro
»Entonces, claro… esto nos escamó. Dijimos: “Bueno, ¿nos hemos equivocado o esto es una pesadilla o esto qué es? Ninguno somos drogadictos, ni consumimos drogas, ni somos alcohólicos”, esto lo puedo yo asegurar.
»Estuvimos observándolos, porque se dirigían hacia el pueblo, caminando. Los estuvimos observando con los prismáticos. Entonces, Loli mira hacia el mar y ve venir una especie de niebla a mucha velocidad. Cojo los prismáticos, miro y, efectivamente, veo el ser que me había descrito mi compañero. Un ser bastante grande, de unos tres metros, con la cabeza blanca, bastante grande y vestido de negro. Este ser, cuando llega a la orilla, se queda parado, frenado en la orilla, y se queda como… mirándonos… Entonces, uno de los compañeros parece que vio la cuenca de los ojos… como una especie de óvalos en los negros. Este ser, yo creo… yo pienso… que fue una especie de estrategia para despistarnos, para que no viéramos hacia dónde se dirigían los otros dos.
»Entonces, ese ser intenta… alejarse de nosotros, caminando o desplazándose, porque parecía una especie de deslizamiento, no tocaba la arena… Y se dirigía a la parte oeste de la playa, es decir, lo que se le llama “el roquero”. Allí se perdió en la distancia… Pedro y el otro intentaron acercarse más, para verlo mejor y, en el momento que corrían, ese ser se paraba; se llevaban los prismáticos a los ojos y ya se había desplazado una distancia enorme. Así que se perdía… Vimos cómo se perdía. Se veía alejarse la cabeza, hasta que se perdió.
»Entonces, volvimos al sitio donde habían estado y, efectivamente, estaban allí los montículos, estaban las huellas… Eran unas huellas de unos cuarenta y cinco centímetros, bastante grandes. El dedo gordo, por decirlo así, era bastante grande y los demás no se apreciaban, no se apreciaba mucho el desarrollo. La parte más ancha del pie era de irnos quince centímetros y el pie en sí mediría unos cuarenta y cinco centímetros de largo».
Un gigante vestido de negro
Ocurrió un 29 de septiembre de 1989. En Conil de la Frontera, en la costa occidental de Cádiz, aún se recuerda, aunque los sentimientos son encontrados. Es el caso más extraño de cuantos se tienen noticia a lo largo de esa década. Para los ufólogos, que así se denominan los investigadores especializados en el tema ovni, es quizá el más raro de nuestra historia. Tan peculiar, que sería extraño incluso considerarlo o englobarlo en los expedientes ovni.
¿Qué pudieron ver aquellos jóvenes en la playa de Conil? Antes de avanzar en el análisis es imprescindible recordar que hay opiniones para todos los gustos y que se han ofrecido todo tipo de hipótesis y teorías al respecto. Los incidentes, por otra parte, continúan envueltos en una niebla densa y prácticamente impenetrable, incluso para los propios investigadores y testigos.
Raúl Ruiz Berdejo es periodista y ha seguido el «caso Conil» desde hace años, exhumando documentos e información y aportando nuevos datos. A lo largo de su investigación, Raúl Ruiz ha encontrado silencios y olvidos muy reveladores. En su opinión, se castigó injusta e innecesariamente a los testigos. «A día de hoy, no sabemos a ciencia cierta qué vieron verdaderamente. Pero lo que sí es cierto, casi veinte años después, es que los testigos han sido muy castigados. Quizá eso pueda justificar el silencio».
A Pedro González y sus cuatro amigos se les intentó acusar de drogadictos, borrachos, visionarios, estafadores… Hay una tendencia incomprensible a descalificar a las personas que presencian o dicen haber presenciado este tipo de hechos. ¿No sería más justo, en el caso de no creer su palabra, hablar de una confusión o de sugestión o de otras circunstancias que resulten menos ofensivas? Es cierto, como nos decía Raúl Ruiz, que la historia es tan alucinante, tan cargada de detalles, tan sorprendente y tan increíble que, probablemente, despierte suspicacias. Las dudas son tan razonables como cualquier otra opción y, para desentrañar el caso, conviene analizarlo cuidadosamente, sin descalificaciones o burlas a priori.
Es cierto que aquellos cinco jóvenes estaban interesados por lo que habitualmente se mete en el cajón de sastre llamado «lo desconocido» y que habían acudido a la playa porque habían visto luces extrañas en los días previos. El verano prácticamente ya había terminado. Y entonces, sin más calificativos, ellos dicen haber visto eso:
«Me llamo Loli Bermúdez y estaba con Pedro González, con Pedro Sánchez y con Antonio en la playa aquel día. No sé… yo creo que fue casualidad: nosotros habíamos estado viendo esas luces algunos días antes. Y pensamos: “Vamos a sentarnos a la playa, a ver si esas luces hacen algunos movimientos…”. Aquel día estábamos allí sentados, no había luces… cuando de pronto aparecieron las luces en el horizonte y la otra en la vertical. Y de pronto, así… aparecieron aquellos dos seres delante».
En realidad, en sus palabras no hay nada relacionado con ovnis ni extraterrestres. Ellos, simplemente, no saben qué es aquello y lo consideran inexplicable. «Nos están contando su verdad: eso es lo que ellos vieron aquella noche», afirma Raúl Ruiz. «No sé si pudo deberse a una confusión, no sé qué pudo ocurrir allí aquella noche y qué seres son ésos de los que hablan. Yo no sé la naturaleza de lo que vieron».
Y tampoco se sabe por qué motivo iban a contar una historia tan inverosímil si no lo hubieran visto. Se dijo que uno de ellos había guiado a los demás, que se habían puesto de acuerdo, que era una invención… Y les llovieron las críticas y las ofensas, probablemente inmerecidas y seguramente injustas.
«En cualquier caso, no debiéramos tomarnos nada a la ligera y valorar todas las opciones, por descabelladas que pudieran parecer».
Una de las teorías más «descabellada» sugiere, a raíz de las palabras de los testigos, que esos dos seres se transformaron en personas, que adquirieron una forma humana que no poseían —quizá mediante el uso de aquella bola de luz— y que se internaron por las calles de Conil y se hospedaron en un hotel.
Esta teoría entronca perfectamente con la popular y conocida hipótesis de los «infiltrados», es decir, seres de otros mundos que adoptan la forma humana. Existen verdaderas recopilaciones de relatos a propósito de esta versión ufológica de la «conspiranoia». ¿Es una película? ¿Una novela?
José Antonio Caravaca hizo muchos reportajes sobre el caso de Conil; también ponía el acento en esa suerte de suplantación: «Antes de que los testigos observaran esa increíble transformación, habían estado durante varios días observando unas extrañas luces que evolucionaban sobre la localidad gaditana. En ocasiones describían un objeto en forma de media luna, con varias luces en su interior: ése fue el inicio de esta inquietante experiencia que se resolvió finalmente con la visión de estos seres en el margen de la playa, dos seres enfundados en túnicas blancas, sin rasgos faciales, sin fisonomía aparente y que, tras intercambiarse una esfera de luz, se transformaron en seres humanos. J. J. Benítez, en su día, comprobó que aquella pareja, aquel hombre y aquella mujer, se inscribieron en un hotel de Conil, con nombres y apellidos, que resultaron ser de un matrimonio alemán. Pero ese matrimonio no había viajado a Conil. Habían usurpado una identidad real para enmascararse».
Aquella representación, casi teatral, aquella organización de los acontecimientos —la aparición, la transformación, las huellas y la desaparición de los seres— propició toda una suerte de rumores que acabaron por convertir la historia casi en una leyenda urbana. (Algún oyente nos decía que habían desaparecido personas aquel día; personas a las que jamás se había vuelto a ver). La historia, según Raúl Ruiz, estaba tan bien hilvanada y se aportaban tantos detalles que al menos era obligado conceder el beneficio de la duda. Algunos periodistas suelen decir: «Si una historia es perfecta, es mentira»; y otros afirman: «Si una historia es completamente inverosímil, probablemente es verdad». Raúl Ruiz es partidario de explorar todas las posibilidades y tener en cuenta, por ejemplo, el avistamiento de luces y objetos volantes no identificados aquel mismo verano en otros lugares de Andalucía, en la provincia de Cádiz y de Málaga.
A simple vista, parece que la invasión y suplantación alienígena no tiene muchos visos de realidad —aunque, por otra parte es una teoría esgrimida desde los primeros tiempos de la ufología—. En breve: aquello parecía una historia de ciencia ficción en la que, de pronto, podían aparecer los famosos men in black, los personajes que tradicionalmente se ocupan de ocultar estos hechos y de advertir o amenazar a los testigos para que mantengan la boca cerrada. En fin, todo el aparato ornamental de las historias ficticias.
Sin embargo, los cinco jóvenes no fueron los únicos testigos. Juan Bermúdez pudo contemplar las famosas huellas en la playa de Conil: «Lo que yo pude ver fue que el tamaño era desproporcionado respecto a una huella del pie de una persona. La huella normal del pie de una persona suele medir unos… como mucho veinte centímetros, y esa huella tenía cuarenta y cinco centímetros. Como dice Pedro, el dedo gordo era bastante desproporcionado, un dedo bastante grande, redondo y los otros dedos… parecía que tenía tres dedos más pequeñitos; se notaban, pero no estaban muy definidos… Había muchísimas huellas en todas direcciones, había huellas en direcciones hacia el pueblo, dos hileras de huellas y otras dos hileras de huellas que venían del mar. Puedo decir que vi las huellas y las huellas no eran normales. Yo no creo que ellos las hicieran… En fin, engañarme me parece una tontería porque no lleva a ninguna parte…».