Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 86 de 198

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Milenio 3

Las tres de la madrugada

Antes de seguir adelante, no queremos dejar pasar la ocasión para apuntar un rasgo que parece común a todo este tipo de apariciones, encuentros y visiones. A lo largo de muchos años y muchas investigaciones hemos constatado que, en estos episodios, hay varios factores que se repiten. Uno de ellos es la aparente paralización del tiempo. Cuando el encuentro es cercano parece que todo se duerme alrededor: no pasan coches por la carretera, la naturaleza parece detenerse, no hay sonidos, y esas entidades parecen ignorar a las personas que los ven. Da la sensación de que los testigos se encuentran repentinamente en una burbuja espacio-temporal que, por casualidad o por otra razón, se ha emplazado en unas coordenadas muy concretas, en un punto exacto, a una hora y en un lugar preciso y, entonces, acceden a una dimensión distinta. Por eso, tal vez, esas figuras aparecen difuminadas y se comportan como si no vieran a los testigos. No están en este plano de la realidad, sean lo que fueren.

Otra de las características de estas visitas de alcoba es la «personalidad» de los seres. A veces son familiares. Pero, curiosamente, en un altísimo porcentaje son los abuelos los que se aparecen a sus nietos. Y respecto a ese salto generacional, son las abuelas las que con más frecuencia visitan a su descendencia. (¿Son los manes latinos? Los romanos solían afirmar que sus antepasados o los espíritus de sus antepasados vivían con ellos, que vigilaban sus actos y, con frecuencia, los aconsejaban y cuidaban de ellos y su familia. En aquel tiempo, como hoy, aparecen como figuras protectoras). En ocasiones, este tipo de conexión intergeneracional es tan estrecho que los protagonistas se despiertan y ven la imagen de sus familiares en el preciso momento en que fallecen. Muchas veces, esos seres aparecen junto a la puerta. Esto es importante, porque algunos expertos piensan que se trata de mensajes subliminales de nuestro cerebro, cuyas capacidades e intuiciones apenas conocemos. Y ver a alguien que en ese preciso momento está muriendo y verlo en el quicio de la puerta puede considerarse un mensaje de esa entidad. Esta relación no es nueva: los egipcios solían utilizar la idea de la «puerta» para señalar el paso hacia otros mundos. Los psiquiatras suelen proponer una explicación más prosaica: argumentan que el testigo puede saber que su familiar está enfermo o a punto de morir y, por tanto, que ese despertar es casual y que la visión se debe a impresiones o sugerencias de su ánimo. Sin embargo, las muertes repentinas y las apariciones consiguientes —que también se producen— quedarían fuera de este sistema. Este tipo de sucesos premonitorios o avisos de muerte se producen con bastante frecuencia.

 

Las tres de la madrugada

Casi no es necesario advertir que estamos pisando en terrenos muy resbaladizos, e incluso para los científicos, estas visiones o apariciones constituyen todo un misterio. Y, por supuesto, hay que desestimar que los testigos estén bajo los efectos de drogas u otras sustancias.

Aunque a veces se hallan en situaciones de estrés, con dificultades económicas, sociales o laborales (véase Marc, en los testimonios arriba apuntados), la mayoría admite haber dormido bien y no tener especiales problemas de ningún tipo. Muchos de ellos, incluso, no tienen creencias arraigadas en este sentido o en otros, pero viven estos hechos.

Aunque lo más frecuente son apariciones de personas fallecidas y conocidas, no siempre es así. A veces son individuos desconocidos, vestidos de un modo anticuado, con indumentarias negras, con capa y sombrero; en otras ocasiones son seres luminiscentes, brillantes; en ciertos casos se han presentado de un modo invisible, apoyando su ser inmaterial sobre la cama o colocando su etérea cabeza en la almohada, o golpeando, arañando o acariciando a los habitantes de la casa. Algunos testigos suelen ser recurrentes en la imagen difuminada, quizá sólo de medio cuerpo. A veces son sólo manos negras que acechan a las niñas dormidas. Sólo en muy raras ocasiones —según nuestros registros— son animales, aunque algunos veterinarios aseguran que sus clientes suelen recibir visitas de sus animales muertos.

La galería de terrores es numerosa y muy variada. En el registro de Milenio 3 pueden destacarse los siguientes: hombre vestido de negro que sonríe con maldad, figuras familiares que han muerto o están a punto de morir, presiones y curaciones, caricias en los pies, mujer con vestido blanco, uno o varios seres de luz, alguien que se sienta en la cama y se acuesta al lado, mujer que se despide, opresión del pecho, manos que tocan la espalda, respiraciones, niños, difuntos, ángeles que vienen a buscar a la gente que va a fallecer, niños que juegan —¡o pelean!— con esos seres, sombras paralizantes, arañazos, etcétera.

Cuando se trata de verdaderos terrores nocturnos, una cara desconocida se acerca a gran velocidad hacia nosotros, rápidamente. Es un cúmulo difícilmente soportable: una voz y un rostro difuminado que se acerca violentamente… Terrorífico, especialmente si uno se encuentra solo en su casa.

Más común es la paralización del cuerpo. Los testigos aseguran que, cuando por fin logran moverse, parece que lo hacen en cámara lenta. «Parecía que vivía en cámara lenta», dicen. También es muy curiosa la recurrencia en torno a los relojes: las personas que han tenido estas experiencias suelen fijarse en los relojes que tienen en las mesillas y en la habitación, y ven que los minutos van pasando y ellos no pueden hacer nada. Tienen a alguien que les observa, ahí, enfrente, y se encuentran como paralizados. Algunos especialistas relacionan estas parálisis y estas visiones con viajes astrales. En ocasiones se ha llegado a afirmar que esos seres son personas que están realizando viajes astrales y que se presentan en habitaciones desconocidas, o conocidas. Se trataría de una especie de bilocación: estar en dos lugares a un tiempo. A la vista de los testimonios, en buena parte al menos, no parece que sean visiones de este tipo.

Respecto a la hora o el momento en que suelen producirse estas apariciones, en términos generales ocurren en torno a las tres de la mañana, o ampliando el espectro, entre las dos y las cinco de la madrugada. ¿Durante cuánto tiempo? Es difícil precisar este extremo.