Milenio 3
Andanzas de Jack
Corría el año 1888 y apenas puede imaginarse cómo serían aquellas calles estrechas y mugrientas de Whitechapel, junto a los muelles, las tabernas y los prostíbulos. En los barrios más prósperos ya había faroles de gas, pero aquella zona junto al Támesis aún permanecía a oscuras, envuelta en una niebla feroz que surgía del río y de las miles de chimeneas de carbón.
No es extraño que el gran misterio de Jack the Ripper captara la atención de los londinenses. Los británicos, en general, son grandes amantes del misterio, del horror y del crimen. Londres es el hogar de Sherlock Holmes y allí se han desarrollado las grandes novelas de misterio y terror, incluida la portentosa Drácula de Bram Stoker. En el famoso Museo de Madame Tussauds se encuentra un amplísimo catálogo en el que se incluyen los grandes asesinos de la historia, incluido, por supuesto, Jack.
Aparte de sus maravillosos museos gratuitos y de las prodigiosas muestras de arquitectura, o del encanto de sus parques y la ajetreada vitalidad de Seven Dials y Covent Garden, Londres posee miles de lugares donde el misterio se respira: desde la prodigiosa abadía de Westminster hasta la catedral de San Pablo (planificada por Christopher Wren tras del devastador incendio de 1666), toda la ciudad esconde tesoros y secretos, como la escondida iglesia del Temple o los recoletos cementerios de sus iglesias góticas. Pero si hay un lugar terrible y al tiempo maravilloso, ése es la siniestra Torre de Londres, llena de fantasmas y leyendas, con sus siete cuervos y su fastuosa colección de las joyas de la Corona. «Sí: el epicentro fantasmagórico de Londres es, sin duda, la Torre de Londres», admite Javier Sierra. Y nos recordaba que no hace mucho tiempo todas las televisiones del mundo emitieron imágenes en las que aparecía una figura fantasmal abriendo y cerrando puertas. La Torre de Londres asienta sus torres en edificios del siglo XI y fue el lugar de confinamiento y ejecución de grandes personalidades, como Enrique VIII, Katherine Howard y Ana Bolena.
Definitivamente, a los londinenses les encanta el misterio y lo truculento. Por eso temen y adoran a Jack.
Andanzas de Jack
En teoría, Jack the Ripper sólo asesinó a seis mujeres, sin embargo, muchos especialistas dudan de que ahí acabaran las siniestras aventuras del destripador londinense.
La primera víctima fue Martha Turner, una vieja prostituta alcohólica que ofrecía sus servicios en el barrio de Whitechapel. Su cuerpo fue encontrado la mañana del 8 de agosto de 1888 en una escalera de York Yard: había sido degollada y destripada. También le habían seccionado los órganos sexuales, al parecer, con un afilado cuchillo.
Unos días más tarde apareció el cuerpo de Mary Atine Nicholls, de 42 años, más conocida como Polly entre sus clientes. La policía la encuentra con la tráquea, el esófago y la médula espinal seccionados. Un informe forense desveló que las heridas habían sido producidas por un experto, tal vez alguien con conocimientos médicos.
El 7 de septiembre, la policía descubrió en el número 29 de la calle Hanbury el cadáver de otra mujer, Annie Chapman, de 47 años, que presentaba las mismas heridas que sus compañeras. Fue en ese momento cuando el pánico se apoderó de los vecinos de ese barrio.
Durante las entrevistas y pesquisas de la policía, algunos testigos afirmaron haber visto a un hombre de unos 40 años, bien vestido y con acento extranjero. En el barrio comenzaron a sospechar de un zapatero judío, de un carnicero… Pero todos tenían coartada.
Veinte días más tarde, el asesino se dio a conocer con un comunicado que envió a una agencia de prensa londinense en el que firmaba como Jack el Destripador, y añadía: «Odio a las prostitutas y seguiré destripándolas hasta que me canse».
Y cumplió su promesa: el 29 de octubre asesinó a Catherine Eddowes y a Elizabeth Stride.
Pocos días más tarde, George Lusk, el jefe de policía de Whitechapel, recibía un paquete que contenía la mitad de un riñón de una de sus víctimas y una nota en la que aseguraba que la otra mitad se la había comido frita.
El último asesinato conocido lo cometió el 10 de noviembre, en el número 13 de Miller’s Court. Se trataba de una prostituta de 25 años, Mary Jane Kelly. Éste fue el más cruel de todos los crímenes que llevó a cabo, ya que troceó todo su cuerpo en pequeños pedazos.
Scotland Yard enloquecía. ¿Quién era este frenético asesino y por qué se empecinaba en retar de aquel modo a la policía? A ello había que añadir aquellas cartas y aquellos paquetes descabellados, propios de un enfermo… ¿Y cómo saber si no había individuos delirantes que copiaron algunos de los primeros asesinatos? ¿Cómo saber si aquellas cartas las enviaba el verdadero Destripador o algún enfermo que se creía Jack el Destripador? Scotland Yard había acumulado un cajón lleno de cartas y apenas sabía qué hacer con ellas.
En ocasiones, el procedimiento era tan simple que resultaba aterrador. Un policía o un operario encontraban en la calle un sobre con una calavera; lo abrían y a veces contenían pequeñas poesías firmadas por Jack, pero otras eran amenazantes e incluían dibujos de sus futuros crímenes.
«¿Has visto al diablo con su microscopio y escalpelo? Estoy mirando un
riñón sujeto con un pasador. No soy carnicero, soy un judío, ni siquiera un
patrón extranjero, sino su alegre amigo.
»Sinceramente suyo,
»Jack el Destripador».
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