Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 29 de 198

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Milenio 3

Las voces perdidas

Belchite no es un pueblo maldito. Es un pueblo mágico: no se tienen sensaciones de intranquilidad ni de inquietud, sino todo lo contrario. Pese a lo que ocurrió durante el trágico episodio de la Guerra Civil, es un lugar que rezuma tranquilidad». El compañero y también aragonés Ángel Briongos tiene una percepción bien distinta: «Un paseo por ese lugar es… tenebroso. Se siente miedo. Y eso que, como investigador, ya he visto muchas cosas. Pero… sí: allí se siente mucho respeto. Oscuridad. La oscuridad te invade y luego… están esas voces… ahí, que se dirigen a ti… y no tienes escapatoria. Es miedo lo que se siente».

 

Las voces perdidas

Marconi o Edison esperaban encontrar hace ya tantos años un sistema que reprodujese las palabras que se perdían en el aire. Es como si hubieran comprendido que el espacio —o el éter, en sentido clásico— fuese un inmenso disco duro. Tenían la teoría de que todas las palabras se quedaban suspensas en el aire y que podían ser registradas.

En 1986, un equipo dirigido por Carlos Bogdanich, de Radio Heraldo de Aragón, decide pasar una noche de lima nueva en las ruinas de Belchite. Y éste es el principio de una historia apasionante y estremecedora que cambiará la percepción de las psicofonías en nuestro país.

Carlos Bogdanich era y es un personaje importante en la divulgación de este tipo de temas, sobre todo en Aragón. Dirigió y presentó durante la década de 1980 un exitoso programa de radio llamado Cuarta Dimensión, que durante mucho tiempo fue el punto de referencia de todos los oyentes aragoneses que querían estar informados de estas cuestiones.

¿Por qué se eligió Belchite? ¿Por qué Carlos Bogdanich hizo aquella extraña elección? ¿No era más lógico acudir a los cementerios u otros lugares «clásicos»? «Lo cierto es que en Cuarta Dimensión recibíamos cientos de psicofonías y nos dimos cuenta de que nosotros aún no habíamos experimentado con ello. Si aparentemente sucedían esas cosas, ocurrirían en lugares donde había tenido lugar algo… fuerte. Y buscando algún lugar en Aragón… el lugar era Belchite».

Así de sencillo y, también, así de osado. Carlos Bogdanich decidió pasar una fría noche de octubre en aquellas tierras gélidas y duras para experimentar si en ese lugar podía registrar sonidos psicofónicos. Y se encontró la sorpresa de su vida. «En efecto», admite Bogdanich, «no lo esperábamos…».

Los resultados fueron estremecedores. Las cintas magnetofónicas habían registrado lo que parecían sonidos de otro tiempo, quizá los ecos perdidos de la Guerra Civil.

Voces de niños, lamentos, susurros, acusaciones, insultos, cánticos que parecen militares, indicaciones de rendición y sometimiento… el rosario de sonidos captados en las ruinas de Belchite es interminable. A veces son frases entrecortadas, pero ¿a quién pertenecen? ¿Quién sigue allí, sufriendo tormentos? La idea de la «banda sonora de la Guerra Civil» vuelve a presentarse cada vez que se oyen esas psicofonías. Para Ángel Briongos, estas impregnaciones, al menos, tienen un sentido: «Todo aquello que ocurrió pudo haber quedado impregnado en el ambiente. Fueron sucesos trágicos. En Belchite, durante aproximadamente quince días, murieron más de tres mil personas. Estamos hablando de un sufrimiento mayúsculo, de familias enteras completamente destrozadas. ¿Quién nos dice a nosotros que en ese plano paralelo íntimamente ligado al nuestro no quedan esas presencias, esas sensaciones, ese sufrimiento…?».

Las voces, la palabra, así registrada, resultan escalofriantes. Pero lo peculiar de las grabaciones de Carlos Bogdanich en la década de 1980 no eran precisamente las voces, sino ruidos y sonidos que podrían resultar aún más inquietantes.

En una grabación (se publicaron en CD junto a un número especial de la revista Más Allá) puede escucharse perfectamente el ruido de un automóvil. (No será necesario advertir que, durante la grabación, no había ningún automóvil allí). Suena como un coche viejo o, más propiamente, como un coche antiguo, e incluso parece que se aproxima al micrófono. Debería haber absoluto silencio y, sin embargo, puede oírse con claridad el ruido de vehículos o sonidos de vehículos antiguos que se acercan. «Cuando lo oí me quedé estupefacto», admite Carlos Bogdanich. «El sonido, claramente, es el de un coche. Mucha gente ha estado en Belchite y recordará que bajo las ruinas de una casa había un coche, cerca de la iglesia de San Martín. En aquella época, durante la guerra, había unas pocas familias que tenían coche allí. Quiero recalcar que el pueblo viejo era en su época uno de los pueblos más ricos de la zona, es decir, que estamos hablando de una zona donde la capacidad adquisitiva era importante. Era una zona rica en aquel entonces y había gente con coche. Y ese coche estaba allí, bajo unas ruinas, hasta que lo retiraron».

En otra de aquellas impresionantes psicofonías puede escucharse el sonido de un avión. Desde luego, no es un avión como los que sobrevuelan España en la actualidad. Al fondo pueden escucharse explosiones y disparos. «Lo consultamos con expertos y militares del Ejército del Aire y de Tierra, y de personas que habían vivido esa situación histórica», dice Bogdanich. «Y los técnicos y conocedores del armamento utilizado en la Guerra Civil centraban aquellos sonidos en la época: de acuerdo con las cargas y la tecnología, así sonaban las bombas de aquella época».

Durante la batalla de Belchite, un avión sobrevolaba la población un par de veces al día y arrojaba las bombas sobre las casas y los contingentes enemigos. Uno de los pilotos de aquellos aviones, según Carlos Bogdanich, era un vecino de un pueblo cercano.

Los militares que conocen la aviación de aquella época aseguran a ciencia cierta que el motor es un motor de pistón, es decir, nada parecido a los actuales y muy semejante a la tecnología de la aviación de principios de siglo XX. (En este punto, debo reconocer que los oyentes de Milenio 3 ofrecieron un repertorio de conocimientos bélicos realmente apabullante: cuando se emitieron estas psicofonías, muchos de ellos pudieron advertir el tipo de avión concreto al que remitiría aquel sonido y ofrecían explicaciones técnicas verdaderamente sorprendentes).

En esa misma psicofonía en la que puede escucharse el sonido de un aeroplano de hélices que parece planear, elevarse y descender, se pueden oír, de fondo, cañones antiaéreos. «De hecho, históricamente, a la entrada del pueblo viejo de Belchite, en una loma, aún está la zona donde estaba el cañón antiaéreo y desde donde disparaban al vecino del pueblo cercano que pilotaba aquel avión. Son referencias históricas ofrecidas por gente que vivió esa época», añade Bogdanich.

Parece la grabación de una de aquellas terribles batallas. Y sólo hay una cosa cierta: no había ningún avión sobrevolando el cielo de Belchite la noche que se realizaron las grabaciones y, por tanto, no debería haber ningún sonido de ese tipo en la grabación.

¿Cómo entender o cómo explicar estas psicofonías? En opinión de Javier Sierra, esos registros «ponen los pelos de punta incluso a los que estamos más acostumbrados a trabajar con lo paranormal, con lo extraño, con lo imposible. Y ésas en concreto tienen un toque extra. No estamos hablando de psicofonías en abstracto, de psicofonías vagas: estamos hablando de psicofonías asociadas a un lugar. Desde luego, no son grabaciones como las de siempre».

En efecto, como decía nuestro compañero, al oír la grabación de ese avión amenazante «dan ganas de echarse cuerpo a tierra. No estamos hablando de una película. Ante ese sonido aterrador, uno se pone en la piel de los vecinos de Belchite durante las incursiones de la aviación, que debían de ser terribles. Debían de sentirse indefensos…».

Es necesario subrayar que esos sonidos no se estaban escuchando en el momento en que se registraban: quedaron grabados en una cinta, pero ni Carlos Bogdanich ni los técnicos oyeron nada.

Uno de los investigadores que tomó el relevo de Bogdanich en Belchite fue nuestro compañero y presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas, Pedro Amorós. Catorce años después de las míticas grabaciones de Bogdanich, este experto ingeniero informático —cuenta con un inmenso archivo de este tipo de incursiones sonoras— se desplazó finalmente a Belchite. «No me esperaba encontrar aquello. Para mí Belchite fue un impacto muy fuerte, tanto a nivel personal como a nivel profesional. Fui con un equipo e intentamos grabar psicofonías, como era obvio, después de lo que había ocurrido catorce años antes. Y cuál fue nuestra sorpresa cuando comprobamos que se habían registrado voces impresionantes, en distintas grabadoras. Algunas eran muy fuertes y muy claras, y otras, habiéndose grabado en el lugar, luego se desvanecían. Para mí Belchite representó un impacto muy fuerte».