Milenio 3
Doctor Muerte
«Hay filmaciones, hay fotografías, hay, incluso, rastros físicos de aquel experimento», explica José Lesta. «Porque aquella supuesta explosión dejó sin luz a media Alemania durante horas y los sismógrafos de todo el mundo detectaron las vibraciones. Si eso es cierto, si eso se acaba demostrando, tendríamos que cambiar un dato histórico fundamental del siglo XX y es que es la primera detonación, la primera bomba atómica de la historia no habría sido americana, sino nazi».
Los interrogantes que plantea esta hipótesis son muchos y, en cierta medida, aterradores. Se aseguraba, en aquellos últimos meses de la guerra que el proyecto atómico americano estaba estancado, casi en punto muerto. Y se dice que, a medida que las tropas aliadas se internaban en Alemania, iban registrando todos los emplazamientos científicos para conocer los avances tecnológicos alemanes. En teoría, esos datos sirvieron para desarrollar científicamente la bomba atómica que luego se arrojó sobre Hiroshima y Nagasaki.
Doctor Muerte
Josef Mengele nació el 11 de marzo de 1911. Creció en el seno de una familia católica bávara. Su madre controlaba el negocio familiar de venta de artículos agrícolas. Karl Mengele, su padre, inculcó en el joven Josef el interés por la investigación, ya que él mismo se encerraba en su taller para inventar máquinas que permitieran la automatización de las labores agrícolas. En 1930, Mengele ingresó en la Universidad de Munich. Fascinado por la figura de Hitler tras escuchar un discurso de éste sobre la superioridad de la raza germana, decidió integrarse en el Partido Nacionalsocialista (1934). En aquellos tiempos, muchos estudiantes se unieron al movimiento nazi. El antisemitismo ganaba adeptos y la comunidad científica dedicaba todos sus esfuerzos a investigar la pureza hereditaria. La eutanasia, la eugenesia y la esterilización de los grupos denominados «indeseables» eran los métodos por los que se debía alcanzar el objetivo genético.
Mengele se trasladó a la Universidad de Frankfurt y comenzó a investigar en el Instituto de Herencia Biológica e Higiene, bajo la tutela de un doctor especialista en genética y empeñado en crear una raza superior. Mengele publicó un artículo sobre genética y sus descubrimientos en torno a la procreación de gemelos.
Pasados varios años, se ofreció voluntario como médico en los campos de concentración. Los doctores que trabajaban en ellos podían decidir si un prisionero debía acabar en la cámara de gas, si lo destinaban a experimentos o si convenía emplearlo en trabajos forzados.
Las investigaciones de Mengele tenían un objetivo concreto: lograr la absoluta perfección de la raza aria y asegurar su reproducción. En su experimentación inyectaba a sus víctimas, por vía intravenosa, toda clase de sustancias, como fenoles, cloroformo, nafta, e incluso insecticidas. Algunas veces lo hacía directamente en el corazón. Ordenaba la muerte de los prisioneros para hacerles autopsias, pero también hacia vivisecciones; es decir, hacía autopsias a personas aún vivas, para estudiar los límites de resistencia a los traumas y el dolor en los seres humanos. Cada día morían en su laboratorio más de sesenta personas. Fue responsable médico de uno de los peores infiernos que ha vivido la Humanidad: Auschwitz.
Mengele estaba interesado en el genotipo humano rubio, de ojos azules. Parecía fascinado por la coloración azulada del iris. Y se decía que tenía una colección de ojos azules colgada en la pared de su oficina. Investigó con tesón cómo podría cambiar el color de los ojos de los niños, sobre todo, de los pequeños.
Según José Lesta, «esta joyita del género humano se llevó por delante a 400.000 almas». ¿Fue condenado en Núremberg y ahorcado? No. Poco antes de que los aliados liberaran los campos de concentración, Mengele se disfrazó de soldado y se unió a una brigada de soldados alemanes que huían del frente. Así pasó desapercibido durante varios meses. Finalmente, en abril de 1945, los americanos lo capturan, pero no sabían quién era. Por esas fechas ya se le buscaba por crímenes de guerra, pero un mes más tarde, en junio, sobre él pesaba una acusación de genocidio. «Estaba bajo custodia americana», nos decía José Lesta, «en un campo de prisioneros en Alemania, pero con una identidad falsa. Es decir, nadie lo reconocía como Josef Mengele. Permaneció en esa situación durante un par de meses y… ¡logró escapar! ¡Increíblemente, logró escapar!».
Increíblemente. En teoría, Mengele era uno de los criminales más buscados. «Pero la cosa fue aún peor». Mengele no huyó de Alemania. Simplemente volvió al sur de Alemania, a Baviera, y comenzó a trabajar en una granja de animales, durante tres años. Recibía visitas de nazis y parecía gozar de cierta impunidad. Probablemente fue la presión popular o la persecución policial o militar, o tal vez el acoso de los escuadrones cazanazis judíos, el caso es que, finalmente, Mengele decide huir. Viaja a Italia (Bolzano) y allí, con pasaporte expedido por el Vaticano, según José Lesta, embarca con dirección a Sudamérica. Naturalmente, pasó por Denia, la gran base nazi en España, pero ahí se pierde su rastro, aunque se sabe casi con total seguridad que llegó a América.
Los especialistas han logrado tener fotos de Mengele en Uruguay, donde al parecer residió hasta 1971. Probablemente Mengele sea uno de los asesinos más escurridizos de la Historia. A partir de la proclamación del Estado de Israel en 1948, una de las principales actividades de su eficaz servicio secreto, el Mossad, fue la captura de dirigentes nazis. Si no había posibilidad de secuestrar a esos dirigentes para juzgarlos y ejecutarlos en Israel, simplemente se acababa con ellos. Pero no consiguieron dar con Mengele. Este parecía escurrirse como agua entre las manos. Vagó por diferentes países de Sudamérica y, al parecer, recaló en Brasil.
Es posible que todo sea una leyenda, pero en Brasil comenzaron a darse casos extraños en los que parecía haber intervenido la mano de un experto genetista. Se supo que Mengele había conseguido huir de Alemania con toda o con buena parte de la documentación médica obtenida en los campos de concentración nazis, tanto en Auschwitz, como en Birkenau. En Brasil hay un territorio llamado Cándido Godoy en el que se dice que Mengele pasó unos cinco o seis años de su vida, aproximadamente entre 1961 y 1966. El dato que apunta directamente a Mengele es que en esa extraña reserva en medio de la selva del Amazonas se dieron numerosos casos de nacimientos de gemelos. Se cuadruplicó el número de gemelos en la zona.
Por fortuna para el mundo, Mengele ya no existe. Murió o lo mataron, pero no se sabe a ciencia cierta ni cómo ni dónde. José Lesta nos hablaba de las «tres muertes» de Mengele. La primera, en teoría, ocurrió en Paraguay. Se dice que fue localizado por un grupo de supervivientes de Auschwitz y que lo mataron a palos. Los especialistas advierten que ésta es una posibilidad bastante remota. La segunda muerte de Mengele pudo producirse en la citada reserva de Cándido Godoy, en el Amazonas, donde realizaba sus oscuros experimentos. En este caso, se sugiere que un cazanazis brasileño que se ocupaba de buscar y matar a los huidos de Alemania acabó con él. Y la tercera muerte de Mengele, y también la más probable, según Lesta, es que este genocida muriera como un pordiosero, solo como una alimaña y más loco que nunca. Desde 1979 estaba siendo acosado y perseguido, y al parecer malvivía en un tugurio mugriento de Sao Paulo. Quizá borracho y demente, pudo enzarzarse en una reyerta con maleantes de la ciudad brasileña, que lo mataron y lo arrojaron al mar. Nadie sino Mengele merecía un final así. «Poco después se exhumaron unos restos anónimos en un cementerio cercano, y médicos del servicio de inteligencia israelí, del Mossad, y médicos alemanes certificaron en 1985 que, efectivamente, ésos eran los huesos de Mengele. Los restos del Ángel de la Muerte».
¿Hasta dónde llegó la leyenda de Mengele? A cualquier ser humano le parecen inconcebibles los experimentos que se atribuyen al Doctor Muerte. Un individuo común apenas puede imaginar que haya psicópatas como el Doctor Muerte, que inoculen sustancias a sus víctimas, que realicen vivisecciones o que intenten crear monstruos. «Pero todo es cierto», asegura José Lesta. «Y, a veces, lo que se dice de él se queda corto». A los japoneses también se les acusó de mantener una unidad llamada U234, una unidad oscura que desarrollaba técnicas parecidas a las de Mengele en China y, aproximadamente, en la misma época.
Uno de los mitos de la medicina nazi, según José Lesta, es absolutamente verídico: en el Instituto de Investigaciones Dalen se planteó la posibilidad de reducir el tiempo de embarazo hasta la mitad. «Se organizaron instituciones donde se seleccionaba a mujeres arias, o lo que ellos entendían por arias, y se dedicaban exclusivamente a eso: a procrear. Pero no con cualquier persona: sólo con los altos oficiales de las SS. E intentaban conseguir que el embarazo durase justo la mitad de tiempo de un embarazo normal. Pretendían generar lo que ellos llamaban la raza pura… Se intentó dar forma a ese mito abyecto e increíble, y miles de personas sufrieron por ello. Y, además, hay testigos de esas experimentaciones. Es algo absolutamente espeluznante, pero es así. En la actualidad aún viven personas que nacieron en esas casas que se llamaban “de infancia”. Eran maternidades gigantescas donde nacían gemelos, en su mayor parte».