Milenio 3
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Hay un dato inquietante sobre el que parece pasarse de puntillas en este caso. Había transcurrido más o menos un mes desde aquel sangriento crimen, cuando alguien pintó algo con sangre en la pared del cortijo de Los Galindos. Lo hizo con rabia, como intentando pedir justicia. Trazos firmes en la pared encalada. Y allí, durante mucho tiempo, durante casi cinco años, permaneció aquel inesperado y macabro recuerdo:
AQUÍ MATARON A CINCO
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En julio de 1995, los juzgados de Sevilla declararon prescrito el caso y los miles de folios de esta historia reposan polvorientos en un almacén. Ya no puede haber culpables, ni pruebas, pero sabemos —Milenio 3 lo sabe y la policía lo sabe— que alguien que quizá está leyendo estas líneas conoce toda la verdad.
El silencio acompaña a los casos de difícil solución. Los Galindos permanece como caso típico de matanza impune, sin la más mínima sospecha aparente y, desde luego, con la certeza de que los responsables no van a purgar sus penas.
Puesto que no había criminales ni sospechosos, se habló de comparativas con extrañas matanzas. En algunos periódicos nacionales se relacionó el caso con lo ocurrido en Estados Unidos y la matanza que llevó a cabo aquel personaje siniestro, Charles Manson, en el domicilio de Sharon Tate y el cineasta Roman Polanski. Manson, que se hacía llamar a sí mismo Satán, actuó como lo que se llamaba entonces «escuadrones de la muerte»: personas que matan y asesinan sin razones aparentes y por el simple deseo de matar. Puesto que en ambos casos se daban algunos elementos comunes, se pensó que algún tipo de asociación sectaria u ocultista hizo exactamente lo mismo en Los Galindos.
Nuestro conspiranoico oficial, Santiago Camacho, recuerda con breves trazos qué ocurrió en aquella matanza capitaneada por un auténtico pirata de la muerte: Charles Manson.
«Lo más estremecedor de la historia sea quizá el sueño premonitorio que tuvo la actriz Sharon Tate. Una madrugada, sedienta, bajó los peldaños de la segunda planta de su mansión y se encontró algo, una figura. Parecía el fantasma de una mujer. Paralizada por el miedo miró fijamente y vio que, era efectivamente, alguien con la cabeza encapuchada y como con una soga o cable partiendo de su cuello hacia arriba. La visión duró unos segundos y se desvaneció. Poco podía sospechar la bella actriz que el viernes 8 de agosto de 1969, cuatro miembros de La Familia, un grupo que bordeaba los límites del satanismo, organizado en torno a un gurú carismático, Charles Manson, iban a entrar en la casa y la masacrarían —sin tener piedad de su embarazo de ocho meses— a ella y a sus cuatro invitados. Se da la circunstancia de que estaba también previsto que el propio Roman Polanski e incluso la conocida estrella Bruce Lee estuvieran allí aquella noche y solamente la casualidad quiso que no se encontraran entre las víctimas mortales. Nadie conoce el móvil de aquellos crímenes. Sólo se sabe que cada uno de aquellos cuerpos recibió decenas de puñaladas, que se escribió con la sangre de las víctimas en las paredes, que el feto del hijo de Sharon Tate y de Roman Polanski intentó ser arrancado cruelmente del vientre de su madre. Todavía hoy, Charles Manson está preso en la cárcel de San Quintín, cumpliendo cadena perpetua. Nadie ha conseguido romper el muro que hay alrededor de su mente criminal y conseguir explicar lo que sucedió aquella noche. Una noche quizá anunciada en una especie de pesadilla lúcida».
El crimen del número 10.050 de Cielo Drive en Los Angeles tenía algunos elementos comunes con la matanza de Los Galindos. Por eso se habló de una misteriosa horda satánica. También se dijo —y no sin polémica a través de la obra Los invitados del malogrado escritor Alfonso Grosso— que aquellos asesinos celebraron un ritual de muerte en la finca sevillana. Probablemente nunca lo sabremos. Lo único de lo que hoy tenemos certeza es aquello que una mano anónima pintó en la fachada con sangre: Allí mataron a cinco.