Milenio 3

Iker Jimenez · Capítulo 5 de 198

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Milenio 3

Las casas encantadas y el cine

Aquellas voces no eran de la mente: las oyó el padre Mancuso, las oyó Kathleen Lutz y las oyó el resto de su familia. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo soportar el terror y el miedo a esos seres desconocidos que les hablaban?

George Lutz empezó a sufrir las consecuencias de habitar en una casa maldita. Dicen que pasaba muchas horas precisamente en la habitación donde el maléfico Ronald DeFeo Jr., Butch, planeó su terrible acción criminal.

George empezó a descuidar su aspecto, anteriormente siempre atildado, no se cambiaba de ropa, no se duchaba, se dejó el pelo largo. Si se compara su foto con la del asesino Butch… puede descubrirse cierta semejanza.

La paciencia de la familia Lutz llegó al extremo cuando, una noche, George se despertó y vio a su mujer, Kathleen, envejecida, con los ojos hundidos y con una mueca de horror en sus labios… ¡levitando! Ante el espanto de George, su mujer se desplomó sobre la cama y recuperó su aspecto normal. El matrimonio se vistió rápidamente, se dirigió a la habitación de los niños, los sacó prácticamente a empujones de allí y huyeron despavoridos. No se detuvieron a coger nada, lo abandonaron todo en la casa maldita: arrancaron el coche y partieron aterrorizados, sin volver la vista atrás.

Sólo habían podido permanecer en aquella casa durante veintiséis días. Aquellos demonios o espíritus o lo que quiera que fuese habían conseguido su fin.

Ellos dijeron en la prensa que aquella casa estaba endemoniada. Se procuró investigar el caso desde muy diferentes aspectos. Por ejemplo, Stephen Kaplan, un profesor universitario de psicología y parapsicología, creía que efectivamente el fenómeno existía, que era un fenómeno anómalo, pero que había sido exagerado y «condimentado» por aquella familia. Pero ¿por qué razón, si tuvieron que abandonar su propia casa? También se dijo que simplemente no podían pagarla, que tenían deudas y que contar aquella historia inverosímil era una forma de darse publicidad. ¿Publicidad? ¿Para qué? La producción del programa Milenio 3 contactó con Greg, uno de los hijos del matrimonio Lutz, y su mujer, casi amenazante, nos dijo que bajo ningún concepto volviéramos a llamarles. No querían saber nada de esa historia. Parece que esa casa, treinta años después, aún produce pesadillas en la familia Lutz.

 

Las casas encantadas y el cine

Las historias de casas encantadas forman prácticamente un subgénero dentro del cine de terror. No cabe aquí una nómina exhaustiva de películas que han tenido como protagonistas estos edificios siniestros, pero vale la pena hacer un pequeño repaso.

Una de las primeras películas de este tipo se realizó en 1927: The Cat and the Canary (en español se tituló El legado tenebroso), de Paul Leni; la trama se desarrollaba en una antigua mansión en la que se producían ciertos asesinatos. En The Oíd Dark House (El caserón de las sombras, 1932), de James Whale, participaba Boris Karloff. Un grupo de viajeros se refugia en un caserón donde habitan un pirómano, un mayordomo deforme y un anciano de 102 años… En fin, todos los elementos que configuran una buena película. La casa, en sí misma, ya es un factor terrorífico y no es necesaria la presencia de espectros para que una película produzca miedo en el espectador. En 1953 se produjo The Maze (El laberinto), de William Cameron Menzies: un hombre viaja a Escocia para hacerse cargo de una herencia y se encuentra con un viejo palacete que esconde un oscuro secreto y que está a punto de destruirlo.

En La leyenda de la casa del infierno (The Legend of Hell House, 1973), de John Hough, cuatro personas con poderes extrasensoriales son invitadas a pasar un fin de semana en un edificio en el que presuntamente hay fantasmas, y las creencias y conocimientos de cada uno de los visitantes se tienen que enfrentar a fuerzas desconocidas. (Su argumento recuerda a un filme de Sebastiá d’Arbó, Viaje al más allá [1980], donde varias personas que han tenido experiencias paranormales se encuentran en una mansión del Pirineo).

La maldición de Julia (The Haunting of Julia) es de 1977 y fue dirigida por Richard Loncraine. Una mujer (Mia Farrow) se traslada a una casa victoriana, después de la muerte de su hija, para intentar olvidar esa desgracia. Lo que no sabe es que la vivienda ya está habitada por un niño fantasmal, asesinado treinta años antes, que hará que su vida se convierta en una pesadilla.

El resplandor (The Shining, 1980), de Stanley Kubrick, basada en un relato de Stephen King, es todo un clásico, con un Jack Nicholson absolutamente desatado y con una mirada criminal insuperable. Aquellas dos niñas terroríficas, el hacha, el triciclo, la niebla y la nieve son sólo elementos adyacentes en un gran hotel vacío cuyas salas, pasillos y corredores forman el núcleo del terror.

Poltergeist (1982) es también otro clásico del cine de género. Escrita y producida por Steven Spielberg, se desarrolla en una casa construida sobre un cementerio. Naturalmente, los fenómenos paranormales comienzan inmediatamente y la vía de contacto entre el más allá y el mundo real es una niña fallecida en extrañas circunstancias en la vida real —Heather O’Rourke— cuyo recuerdo aún produce escalofríos.

El ente (The Entity) se presentó en 1983. Dirigida por Sydney J. Furie, es una estremecedora historia —basada en hechos reales— que cuenta cómo una señora es atacada y violada repetidamente en su hogar por un ser invisible. Nadie la cree, pero poco a poco los médicos empiezan a comprender que, en mitad de la madrugada, puntual y maléfica, una especie de presencia invisible invade la intimidad de esta mujer.

En todas ellas hubo un elemento siempre presente, cercano, inquietante. Las voces. Las voces del ayer, del pasado atrapado, del mal, que se aproximaban por algún motivo a los nuevos moradores…