Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 108 de 478

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Un buen partido

6.22

Esa noche, en la casa donde vivían el rajkumar y sus amigos, Maan perdió más de doscientas rupias jugando al póquer. Maan no sabía controlar sus emociones, y lo predecible de su optimismo resultaba fatal para su suerte. Al ser 'absolutamente incapaz de poner cara de póquer, sus compañeros de juego solían hacerse una idea bastante clara de lo buenas que eran sus cartas desde el instante en que las recogía. Perdió diez rupias o más una mano tras otra, y en una ocasión en que tuvo tres reyes en la mano, sólo ganó cuatro rupias.

Cuanto más bebía más perdía, y viceversa.

Cada vez que tenía una reina —o begum— en la mano, pensaba en la begum sahiba y le invadía la angustia, pues aquellos días apenas la había visto. Se daba cuenta de que incluso cuando estaba con ella, a pesar de su mutua excitación y afecto, ella le encontraba menos divertido a medida que la pasión de él aumentaba.

En cuanto lo hubieron desplumado, Maan, tropezando con las palabras, murmuró que tenía que marcharse.

—Pasa la noche aquí, si quieres, y te vas a casa por la mañana —

sugirió el rajkumar.

—No, no —dijo Maan, y se marchó.

Fue vagando hasta casa de Saeeda Bai, recitando poemas por el camino y cantando de vez en cuando.

Era más de medianoche. El guardián, viendo el estado en que se encontraba, le pidió que se fuera a casa. Maan comenzó a cantar, reclamando a Saeeda Bai.

Es sólo un corazón, no piedra y ladrillos,

¿por qué no llenarlo pues de dolor?

Sí, lloraré mil veces,

¿por qué me torturas sin el menor pudor?

—Kapoor Sahib, despertaréis a toda la calle —dijo el guardián muy atinadamente. No guardaba rencor a Maan por la pelea de la otra noche.

Bibbo salió y reprendió ligeramente a Maan.

—Por favor, marchaos, Dagh sahib. Ésta es una casa respetable.

Begum sahiba ha preguntado quién estaba cantando, y cuando se lo he dicho se ha enfadado muchísimo. Creo que os tiene cariño, Dagh sahib, pero esta noche no va a recibiros, y me ha pedido que os diga que nunca os recibirá en este estado. Por favor, perdonad mi impertinencia, sólo repito sus palabras.

—Es sólo un corazón, no piedra y ladrillos —cantó Maan.

—Vamos, sahib —dijo el guardián con calma, y condujo a Maan, suave pero firmemente, calle abajo, rumbo a Prem Nivas.

—Toma, esto es para ti, eres un buen hombre —dijo Maan, hurgando en los bolsillos de su kurta. Les dio la vuelta, pero en ellos no había ni una moneda.

—Te debo una propina —dijo.

—Si, sahib —dijo el guardián, y regresó a la casa de color rosa.

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