Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 97 de 478

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Un buen partido

6.11

Mahesh Kapoor también había estado pensando en su viejo amigo, y con cierto sentimiento de culpa. No había recibido el urgente mensaje de la Casa de Baitar la noche en que L. N. Agarwal envió a la policía a tomar posesión de ella. El sirviente que la señora Mahesh Kapoor envió a buscar a su marido no fue capaz de encontrarle.

Contrariamente a las fincas rurales (ahora amenazadas por la perspectiva de la abolición del zamindari), los solares y edificios urbanos no estaban sometidos a ninguna amenaza de expropiación, a no ser que cayeran en manos del custodio de las Propiedades de los Refugiados. A Mahesh Kapoor ni se le había pasado por la cabeza que la Casa de Baitar, una de las casas más importantes de Brahmpur —de hecho, uno de los edificios más sobresalientes de la ciudad— pudiera correr algún riesgo. El nawab sahib seguía viviendo allí, su cuñada Begum Abida Khan era una de las voces que más se hacían oír en la Asamblea, y los terrenos y jardines de la parte delantera de la casa estaban muy bien cuidados, aun cuando casi todas las habitaciones de la casa permanecieran vacías y sin utilizar. Lamentaba haber estado demasiado ocupado y no haberse acordado de aconsejarle a su amigo que procurara que todas las habitaciones, cuando menos, parecieran habitadas. Y le llenaba de remordimiento el no haber podido interceder ante el primer ministro ni haber podido ayudarle en aquella noche de crisis.

Pero el hecho era que la intercesión de Zainab había surtido todo el efecto que Mahesh Kapoor hubiera podido desear. Había llegado al corazón de S. S. Sharma, y la indignación de éste contra el ministro del Interior no fue fingida.

La carta que Zainab le escribió mencionaba una circunstancia que el nawab sahib le había contado varios años antes, y que había permanecido en su memoria. S. S. Sharma —el ex presidente de las Provincias Protegidas (tal como se llamaba al primer ministro de Purva Pradesh antes de la Independencia)— había permanecido virtualmente incomunicado en una prisión inglesa durante el Movimiento

Abandonad la India de 1942,36 y ni él podía hacer gran cosa por su familia ni ésta por él. En aquella época, el padre del nawab sahib se enteró de que la esposa de Sharma estaba enferma y la ayudó. Sólo fue cuestión de conseguir un médico, medicinas y de visitarla un par de veces, pero en aquellos días no había muchas personas, estuvieran a favor o en contra de la dominación británica, que estuvieran dispuestas a relacionarse con las familias de los subversivos. Sharma era de hecho presidente de las Provincias Protegidas cuando fue aprobada la Ley de Tenencia de la Tierra de 1938: una ley que el padre del nawab sahib consideró, muy acertadamente, la punta del iceberg de una reforma agraria de mucho más alcance. Sin embargo, un simple sentimiento humanitario y una cierta admiración hacia su enemigo le habían inspirado ese deseo de ayudarle. Sharma se había sentido profundamente agradecido por las atenciones que su familia había recibido en esa hora de necesidad, y cuando Hassan, el nieto de seis años del hombre que una vez le ayudara, acudió a él con una carta solicitándole auxilio y protección, se sintió profundamente conmovido.

Mahesh Kapoor no estaba al corriente de tales circunstancias, pues ninguna de las dos partes implicadas había deseado que se conocieran, y él se había quedado atónito al enterarse de la pronta y contundente reacción del primer ministro. Percibió entonces su propia ineficacia con una intensidad aún mayor. Y cuando, tras la aprobación de la Ley del Zamindari en la Asamblea, se encontró con la mirada del nawab sahib, algo le retuvo a la hora de ir a saludar a su amigo, expresarle sus pesar y sus disculpas y ofrecerle explicaciones. ¿Se trataba de vergüenza por su pasividad o, simplemente, de la obvia e inmediata incomodidad ante el hecho de que la ley que acababa de hacer aprobar en la Cámara perjudicara, aun cuando fuera sin animosidad, los intereses del nawab sahib tanto como la acción policial emprendida por el ministro del Interior?

Ahora ya había pasado cierto tiempo, pero aquel asunto le obsesionaba. Debo visitar la Casa de Baitar esta tarde, se dijo Mahesh Kapoor. No puedo seguir aplazándolo.

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