Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 130 de 478

Páginas del PDF

Un buen partido

7.17

Unos quince minutos después de la hora prevista para su cita con el embajador, Amit fue informado por teléfono de que su invitado «llegaría un poco tarde». Mejor, dijo Amit,

Una media hora después llamaron a Amit para decirle que el embajador se retrasaría aún más. Esto le irritó ligeramente, pues podría haber aprovechado el tiempo escribiendo.

—¿Al menos el embajador ya está en Calcuta? —le preguntó al hombre que habló con él por teléfono.

—Oh, sí —dijo la voz—. Llegó ayer por la tarde. Sólo que lleva un poco de retraso. De todos modos, hace diez minutos que salió hacia su casa. Estará ahí en cinco minutos.

Puesto que Biswas babu no tardaría en llegar, y Amit no quería hacer esperar al viejo secretario de la familia, se sintió molesto. Pero se tragó su irritación y murmuró algo cortés.

Quince minutos después, el señor Bernardo López llegó ante su puerta en un gran coche negro. Le acompañaba una joven muy vivaz que se llamaba Anna-Maria. El diplomático se disculpó profusamente y desplegó toda su buena voluntad cultural; ella, en cambio, era una mujer activa y eficiente, y en cuanto se sentaron sacó una libreta del bolso.

Durante el fluir de sus ponderadas y amables palabras, todas ellas sopesadas, meditadas y matizadas antes de expresarlas, el embajador miró a todas partes menos a Amit: miró su taza de té, sus dedos doblados que tamborileaban la mesa, a Anna-Maria (a la que asentía como para tranquilizarla) y un globo que había en un rincón de la sala.

De vez en cuando sonreía. Pronunciaba las consonantes con mucho énfasis.

Acariciándose nerviosa y gravemente su cabeza calva y puntiaguda, y consciente de que, sin excusa posible, había llegado cuarenta y cinco minutos tarde, intentó ir directo al grano:

—Bien, señor Chatterji, señor Amit Chatterji, si puedo serle franco, a menudo me reclaman mis deberes oficiales, ya sabe, ser embajador y todo eso, bueno, sólo llevo un año en el cargo... Por desgracia, en nuestro caso no es algo permanente, ni siquiera definitivo; existe un elemento, podría incluso decir, o quizá no resultara injusto decirlo (sí, así queda mejor expresado, si se me permite elogiarme por utilizar una locución en otro idioma), que existe un elemento de arbitrariedad en ello, en nuestra estancia en un lugar concreto, quiero decir; contrariamente a ustedes, los escritores, quienes.,., en fin, vaya, lo que quería decir es que me gustaría hacerle una pregunta muy directa, es decir, perdóneme, pero como sabe he llegado con cuarenta y cinco minutos de retraso y le he robado cuarenta y cinco minutos de su tiempo (de su vida, si nos ponemos filosóficos), en parte porque me puse en camino muy tarde (he venido directamente de casa de un amigo que vive en esa extraordinaria ciudad, a la cual espero que vaya alguna vez, cuando tenga unos días libres.,., me estoy refiriendo a Delhi, claro está... y naturalmente, me refiero, ni he de decírselo, a nuestra casa, aunque desde luego espero que me lo diga si cree que le estoy imponiendo mi presencia), pero le pedí a mi secretario que le informara de ello (lo hizo, ¿verdad?), y en parte, porque nuestro chófer nos llevó a Hazra Road, un error, yo lo comprendo, muy natural, porque las calles son casi paralelas y están muy próximas, y allí nos encontramos con un caballero que fue tan amable de indicarnos dónde se encontraba esta hermosa casa... le hablo como alguien que aprecia no sólo la arquitectura, sino la manera en que ustedes han conservado esta atmósfera, su, quizá, ingenuosidad, no, su ingenuidad, su virginidad, incluso..., pero como ya le he dicho he llegado (para ir al grano) tarde, y de hecho cuarenta y cinco minutos tarde; bien, lo que debo preguntarle ahora, al igual que he preguntado a otros en el curso de mis deberes oficiales, aunque esto no sea de ningún modo un deber oficial, sino un verdadero placer (aunque de hecho tengo algo que pedirle, o mejor dicho, algo que preguntarle), tengo que preguntarle al igual que a otros funcionarios que tienen un programa de actividades para todo el día, bueno, ya sé que no es usted funcionario, pero vaya, es un hombre ocupado: ¿tiene alguna cita después de esta hora que me había concedido? ¿Podemos proseguir nuestra charla unos minutos más?... No sé si me he explicado con claridad.

Amit, aterrado ante la perspectiva de que aquella cháchara se prolongara, dijo enseguida:

—Lástima, Su Excelencia me perdonará, pero tengo una cita urgentísima dentro de quince minutos, no, qué digo, de cinco minutos, con un viejo colega de mi padre.

—¿Entonces mañana? —preguntó Anna-Maria.

—No, lástima, mañana voy a Palashnagar —dijo Amit, nombrando la ciudad ficticia en que transcurría su novela. Reflexionó que eso no era ninguna mentira.

—Una pena, una pena —dijo Bernardo López—. Pero todavía nos quedan cinco minutos, de manera que permítame hacerle una simple pregunta: ¿Cuál es el sentido de todas esas referencias al «ser» y a los pájaros y a los botes y al río de la vida que descubrimos en la poesía hindú, el gran Tagore incluido? Aunque permítame decirle que al decir

«nosotros» me refiero simplemente a nosotros los occidentales, si es que podemos incluir a los del sur en Occidente, y utilizo el verbo «descubrir»

con la misma acepción que cuando decimos que Colón descubrió América, sabiendo que no había necesidad de que nadie la descubriera, pues para los que allí vivían «descubrir» era un concepto tan insultante como superfluo, y, naturalmente, al decir poesía india me refiero a la poesía que ha llegado hasta nosotros, es decir, la que ha sido traducida.

Teniendo en cuenta todo esto, ¿puede iluminarme? ¿A nosotros dos?

—Lo intentaré —dijo Amit.

—¿Lo ves? —le dijo Bernardo López a Anna-Maria con un leve aire triunfal; ella dejó su libreta sobre la mesa—. Sólo en Oriente encuentra uno las respuestas que siempre ha buscado. Felix qui potuit rerum cognoscere causas, 50 y cuando eso se puede decir de toda una nación, hace que uno se maraville aún más. La verdad es que cuando hace un año vine a este país tuve la sensación de que...

Pero en aquel momento entró Bahadur, quien informó a Amit de que Biswas babu le estaba esperando en el estudio de su padre.

—Perdóneme, Excelencia —dijo Amit, levantándose—, parece ser que el colega de mi padre ya está aquí. Pero pensaré muy seriamente en

lo que me ha dicho, Le expreso mis más profundos respetos y mi agradecimiento.

—Y yo, joven, aunque decir joven es simplemente expresar que la tierra ha dado menos vueltas alrededor del sol desde su congestión, em, su concepción, que desde la mía (¿y acaso eso significa algo?), yo también reflexionaré acerca del resultado de esta plática, y lo meditaré

«con un talante pensativo y libre de prejuicios», tal como lo expresó el Poeta del Lago. Su intensidad, los impulsos que he sentido durante esta breve entrevista, me ha conducido hacia lo alto, desde la nescencia hacia la ciencia... ¿y acaso eso es en verdad un movimiento hacia lo alto? ¿Nos lo dirá el tiempo alguna vez? ¿Nos dice algo el tiempo? Ésa es la esperanza que abrigo.

—Sí, le estamos muy agradecidos —dijo Anna-Maria, recogiendo su libreta.

Mientras el gran coche negro se los llevaba, ya sin prisas, Amit se quedó en el porche, despidiéndolos con un leve movimiento de mano.

Aunque Pillow, el mullido gato blanco de su padre, atravesó su campo visual en compañía del sirviente que lo llevaba sujeto con una correa, Amit no le siguió con los ojos, tal como solía hacer.

Le dolía la cabeza, y no estaba de humor para hablar con nadie.

Pero Biswas babu había venido especialmente para verle, probablemente para hacerle entrar en razón y convencerle de que reanudara su carrera de abogado, y Amit consideraba que al viejo secretario de su padre, a quien todo el mundo trataba con gran afecto y respeto, no había que tenerlo calentando la silla del vestíbulo más de lo necesario.., o, mejor dicho, haciendo temblar las rodillas, cosa que era en él una costumbre.

OceanofPDF.com