Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 417 de 478

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Un buen partido

17.27

Cenizas y huesos, eso era ahora la señora Mahesh Kapoor, cenizas y huesos; y aunque todavía estaban calientes, pronto se enfriarían, serían recogidos y hundidos en el Ganges a su paso por Brahmpur. ¿Y por qué no en Hardwar, como ella había deseado? Porque su marido era un hombre práctico, y cuando la vida ha desaparecido, cenizas y huesos, carne, sangre y tejidos ya no con nada. Porque tanto daba, pues el agua del Ganges es la misma en Gangotri, en Hardwar, en Prayag, en Benarés y en Brahmpur, incluso en Sagar, lugar al que estaba destinado a desembocar desde el momento en que sus aguas descendieron del cielo. La señora Mahesh Kapoor estaba muerta y no sentía nada, y sus cenizas, ya fueran de sándalo o de madera vulgar, quedarían en manos de los sacerdotes del ghat de incineración, que las cribarían para encontrar las escasas joyas que se habían fundido con su cuerpo y que por derecho les pertenecían. Grasa, ligamento, músculo, sangre, pelo, afecto, compasión, desesperación, angustia, enfermedad: nada existía ya. Ella se había dispersado. Estaba ahora en el jardín de Prem Nivas (que pronto participaría en la Muestra Floral), en la música de Veena, en el asma de Pran, en la generosidad de Maan, en los refugiados cuya vida había salvado cuatro años atrás, en las hojas de neem que, en Prem Nivas, ahuyentaban las polillas de los edredones almacenados en el interior de grandes baúles de zinc, en las plumas que mudaban las garzas del estanque, en una campanilla de latón que ya nadie haría sonar, en el recuerdo de la decencia cn tiempos indecentes, en el temperamento de los tataranietos de Bhaskar. Cuántas veces había despertado la irritación del ministro de Finanzas, y cuán arrepentido se sentía éste ahora. Y era justo que así fuera, pues debería haberla tratado mejor en vida, a aquella pobre tonta e ignorante tan digna de lástima.

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