Un buen partido
17.15
La sala de urgencias era toda una escena de caos organizado. Una mujer, agarrándose el estómago, gritaba de dolor en un rincón. Trajeron a. dos hombres con heridas en la cabeza que se habían estrellado con un camión: aún vivían, pero no había esperanza para ellos. Había unas cuantas personas con cortes de poca importancia y que sangraban en mayor o menor grado.
Dos jóvenes cirujanos examinaron a Piro. El subinspector les puso al corriente de lo que sabía: dónde lo habían encontrado, cuál era su nombre y su dirección.
—Debe de ser hermano del doctor Imtiaz Khan —dijo uno de ellos
—. ¿La policía ya le ha informado? Nos gustaría tenerle a mano, sobre todo si hay que pedir permiso para operarle. Trabaja en el Hospital Príncipe de Galas.
El subinspector les dijo que el superintendente se iba a poner en contacto con la Casa de Baitar. Mientras tanto, ¿podía hablar con el paciente? Necesitaba redactar un informe.
—Ahora no, ahora no —dijeron los médicos, concentrándose en el herido. Le tomaron el pulso, débil e irregular, comprobaron la presión sanguínea, baja, la respiración, bastante acelerada, y la respuesta de las pupilas, que resultó normal. Estaba débil y tenía la frente pálida y húmeda. Todavía era capaz de pronunciar algunas palabras, aunque incoherentes. El subinspector, que era un hombre inteligente, intentó entresacar de ellas lo que pudo. En particular identificó el nombre de Saeeda Bai, las palabras «Prem Nivas», y varias alusiones a hermanos o hermanas pronunciadas con gran desasosiego. Quizá eso le ayudara a descubrir lo ocurrido.
Se volvió hacia los médicos.
—Han mencionado que tiene un hermano. ¿También tiene hermanas?
—No que yo sepa —dijo uno secamente.
—Creo que sí —dijo el otro—. Pero no vive en Brahmpur. Ha perdido demasiada sangre. Hermana, traiga un gota a gota. Solución salina normal.
Le apartaron el chal y cortaron parte de la kurta y el chaleco. Todas las ropas estaban cubiertas de sangre.
El policía murmuró:
—Tendrán que redactar un informe médico.
—No le encuentro ninguna vena en el brazo —dijo uno de los médicos, haciendo caso omiso de lo que el subinspector estaba diciendo
—. Tendremos que hacerle un corte. —Le hicieron un corte en una vena del tobillo, le sacaron un poco de sangre y le insertaron el gota a gota—.
Hermana, por favor, lleve esto al laboratorio para que hagan los análisis y vean si tenemos sangre de su grupo. Bonito chal, lástima que el rojo no lo haya mejorado.
Pasaron unos minutos. La herida de Firoz aún sangraba, y cada vez hablaba menos. Parecía a punto de perder el sentido.
—Hay un poco de suciedad en torno a la herida —dijo uno de los cirujanos—. Es mejor que le pongamos la antitetánica. —Se volvió hacia el policía—. ¿Ha encontrado el arma? ¿Qué longitud tenía?
¿Estaba oxidada?
—No hemos encontrado el arma.
—Hermana, un poco de yodo y cetavalón..., por favor, limpie con tapón la zona de la herida. —Se volvió hacia su colega—. Tiene sangre en la boca. Es posible que haya alguna herida interna: posiblemente en el estómago, o en el intestino grueso. No podemos encargarnos de este caso. Será mejor llamar a recepción para que avisen al cirujano jefe. Y, hermana, por favor, dígale a los del laboratorio que se den prisa con ese análisis, en especial con el recuento de hemoglobina.
Cuando llegó el cirujano jefe, le echó un vistazo a Firoz y al informe del laboratorio y dijo:
—Tenemos que hacerle una laparotomía exploratoria de inmediato.
—Necesito un Informe Previo... —dijo el subinspector de manera agresiva, atusándose el bigote con el dorso del puño. El Informe Previo resultaba a menudo el documento más importante del caso; debía ser sólido y, en la medida de lo posible, estar redactado a partir de las palabras de la víctima.
El cirujano jefe le miró con fría incredulidad.
—En este momento este hombre no es capaz de hablar, y, una vez le administremos la anestesia, no creo que pueda hacerlo en las próximas doce horas. E incluso entonces, suponiendo que viva, no creo que se le permita interrogarle hasta después de transcurridas veinticuatro horas.
Que le haga el Informa Previo la persona que le encontró. O espérese. Y
confíe en que se recupere.
El subinspector estaba acostumbrado a la descortesía de los médicos, pues, al igual que la mayoría de policías de Brahmpur, en algún momento de su vida había tenido que tratar con el doctor Kishen Chand Seth. No se ofendió. Sabía que los médicos y los policías veían los «casos» bajo una luz distinta. Además, era una persona realista. Le había dicho al tonga-wallah que esperara fuera. Ahora que sabía que Firoz no podría decirle nada más de momento, decidió que para el Informe Previo utilizaría al hombre que había denunciado el caso.
—Bueno, gracias por el consejo, doctor sahib —dijo el subinspector
—. Si viene el médico de la policía, ¿podrá examinar al paciente para redactar el informe médico?
—Eso lo haremos nosotros mismos —dijo el cirujano jefe, sin dejarse aplacar—. Lo que hay que hacer es salvar al paciente, no examinarle innecesariamente. Deje los impresos aquí. —Le dijo a la hermana—: ¿Quién es el anestesista que está de guardia? ¿El doctor Askari? El paciente sufre una conmoción, así que es mejor que utilicemos atropina como preanestésico. Le llevaremos al quirófano ahora. ¿Quién le ha practicado este corte?
—Lo hice yo, señor —dijo orgullosamente uno de los cirujanos.
—Un trabajo muy torpe —dijo el cirujano jefe con toda franqueza
—. ¿Todavía no ha venido el doctor Khan??Ni el nawab sahib?
Necesitamos su firma para operarle.
Ni el hermano ni el padre de Firoz habían llegado aún.
—Bueno, no podemos esperar —dijo el cirujano jefe. Y a través de los corredores del Hospital Civil llevaron a Firoz hasta la sala de operaciones.
Cuando llegaron el nawab sahib e Imtiaz, Firoz ya estaba en el quirófano. El nawab sahib estaba casi tan pálido como su hijo herido.
—Déjame verle —le dijo a Imtiaz.
Imtiaz rodeó el hombro de su padre con el brazo y le dijo:
—Abba-jan, eso no es posible. Se pondrá bien, lo sé. Bhatia se encarga de la operación. Askari es el anestesista. Los dos son muy buenos. —¿Quién querría hacerle algo así a Firoz? —dijo el anciano.
Imtiaz se encogió de hombros. Tenía una expresión severa.
—No te dijo adónde iba esta noche, ¿verdad? —le preguntó a su padre. —No —dijo el nawab sahib. Tras una pausa añadió—: Pero Maan está en la ciudad. Quizá él lo sepa.
—Cada cosa a su tiempo, abba-jan. No te alteres.
—En Cornwallis Road —dijo el nawab sahib, incrédulo. A continuación se cubrió la cara con las manos y comenzó a sollozar en voz baja. Tras unos instantes dijo—: Debemos decírselo a Zainab.
—Cada cosa a su tiempo, abba-jaan, cada cosa a su tiempo.
Esperemos a que acabe la operación, así sabremos cómo ha ido todo.
Era casi medianoche. Los dos permanecieron delante del quirófano.
El olor a hospital comenzó a asustar al nawab sahib. De vez en cuando pasaba un colega de Imtiaz, le saludaba y expresaba sus condolencias.
La noticia del ataque a Firoz ya había comenzado a circular, pues poco después de la medianoche apareció un reportero del Brahmpur Chronicle.
Imtiaz estuvo tentado de decirle que se largura, pero al final decidió responder a unas cuantas preguntas. Se dijo que cuanta más publicidad le dieran al hecho más posibilidades había de que alguien aportara alguna pista.
Aproximadamente a la una, los médicos salieron de la sala de operaciones. Parecían cansados. Era imposible leer la expresión del
doctor Bhatia. Pero cuando vio a Imtiaz, respiró profundamente y dijo:
—Me alegro de verle, doctor Khan. Espero que todo salga bien.
Sufría una fuerte conmoción cuando le operamos, pero no podíamos esperar. Y fue una suerte que no lo hiciéramos. Le practicamos la laparotomía habitual en estos casos. Había un fuerte desgarro del intestino grueso, y tuvimos que llevar a cabo varias anastomosis, aparte de limpiar la cavidad abdominal. Por eso hemos tardado tanto. —Se volvió hacia el nawab sahib—. Su apuesto hijo es ahora el orgulloso propietario de una cicatriz de más de quince centímetros. Espero que se ponga bien. Siento no haber podido esperar su autorización para anestesiarle y operarle.
—¿Puedo...? —comenzó a decir el nawab sahib.
—¿Y qué me dice de...? —dijo Imtiaz simultáneamente.
—¿Qué le digo de qué? —le preguntó Bhatia a Imtiaz.
—¿Qué me dice del peligro de sepsis, de peritonitis?
—Bueno, recemos por haberlo evitado. Ahí dentro había un verdadero desastre. Pero hemos ido con mucho cuidado. Le hemos administrado penicilina. Lo siento, nawab sahib, ¿qué iba a decir?
—¿Puedo hablar con él? —balbuceó el anciano.
El doctor Bhatia sonrió.
—Bueno, aún está bajo los efectos del cloroformo. Si consigue decir algo, quizá no resulte muy coherente. Aunque quizá lo encuentre interesante. De hecho, la gente no tiene ni idea de la de cosas interesantes que se dicen bajo los efectos de la anestesia. Su hijo no dejaba de hablar de su hermana.
—Imtiaz, debes llamar a Zainab —dijo el nawab sahib.
—Lo haré enseguida, abba. Doctor Bhatia, jamás podremos agradecérselo.
—No diga eso. Mi único deseo es que cojan al que le atacó. Una sola incisión, apenas cuestión de un segundo, y no me importa decírselo, doctor Khan, si no lo hubieran traído directamente, no podríamos haberle salvado. De hecho... —Se calló.
—¿De hecho qué? —dijo Imtiaz bruscamente.
—De hecho, es curioso que hagan falta siete personas y tres horas de frenética actividad para remediar lo que una persona ha hecho en un segundo.
—¿Qué ha dicho? —le preguntó el nawab sahib a Imtiaz cuando el doctor Bhatia se hubo marchado—. ¿Qué le han hecho a Firoz?
—Nada del otro mundo, abba —dijo Firoz intentando tranquilizarle
—. Le han quitado las partes desgarradas del intestino y han cosido las que estaban sanas. Pero tenemos metros y metros de intestino, de modo que Firoz no echará de menos lo que ha perdido.
Pero en aquel momento su respuesta sonó frívola, y distó mucho de tranquilizar a su padre.
—¿Entonces está bien? —dijo el nawab sahib, escrutando la cara de Imtiaz se quedó un instante pensativo y dijo:
—Tiene muchas posibilidades de recuperarse, abba. No han surgido complicaciones. Lo único preocupante ahora es la infección, y en ese campo se ha avanzado mucho en los últimos años. No te preocupes.
Estoy seguro de que se pondrá bien. Inshallah.
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