Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 359 de 478

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Un buen partido

15.16

Durante las últimas semanas, cada vez que consideraba si debía regresar al Congreso, Mahesh Kapoor veía cómo su mente se dividía en dos mitades indecisas y confusas que jamás le conducían a conclusión alguna. Él, siempre tan pródigo en opiniones concretas y a menudo desdeñosas, se encontraba ahora extraviado en el torbellino de la vacilación.

Lo que el primer ministro le dijera en su jardín; lo que el nawab sahib le había dicho en el Fuerte; la visita a Prem Nivas del secesionista de Uttar Pradesh que se había reincorporado al partido; el consejo de Baba en Debaria; el golpe de mano de Nehru; el rodeo que Rafi sahib había dado para regresar al redil; su queridísima ley, que no deseaba ver reducida a simple papel mojado en los códigos legislativos, y, lo más irritante, la opinión inexpresada pero evidente de su mujer: todo le indicaba que debía regresar al partido que, hasta su lenta pero completa decepción, había sido incuestionablemente su lugar político natural.

Sin duda las cosas habían cambiado mucho desde aquella gran desilusión. Y no obstante, cuando lo pensaba con calma, no estaba tan seguro de que en realidad hubiese cambiado tanto. ¿Acaso podía pertenecer a un partido en el que tenían cabida tipos como el actual ministro del Interior? ¿Acaso podría soportar pertenecer a un gobierno dirigido por ese Individuo? La lista de candidatos del Congreso, que en la actualidad estaba en proceso de elaboración, no había conseguido disipar su decepción. Y tampoco, tras la charla con su secretario parlamentario, podía afirmar con toda honestidad haber percibido en Nehru el firme impulso de tomar las riendas. Nehru ni siquiera podía asegurar que su ley favorita fuera aprobada por el Parlamento. La confusión y el consenso habían imperado hasta entonces, y así seguiría siendo.

Y ahora que había roto con su antigua formación política, pensaba

«Mahesh Kapoor, ¿acaso no demostraría la misma vacilación que siempre había condenado si regresaba al partido? Después de décadas de lealtad, él, que creía en los principios y en la firmeza, habría

cambiado de chaqueta dos veces en pocos meses. Cierto era que Kidwai había regresado, pero no Kripalani. ¿Cuál de ellos tenía una trayectoria más honorable?

Enojado consigo mismo por esa indecisión tan poco característica de él, Mahesh Kapoor se dijo que ya había tenido tiempo y consejos suficientes como para decidirse veinte veces. Fuera cual fuera la resolución que alcanzara, habría aspectos en ella con los que se le haría difícil convivir. Debía dejar de darle vueltas, examinar el meollo del asunto y decir Sí o No de una vez por todas.

¿Y cuál, si es que había alguno, era el meollo del asunto?

¿La Ley del Zamindari? ¿Su temor al odio y a la violencia sectarias?

¿La plausible y atractiva posibilidad de convertirse en primer ministro en lugar de Agarwal? ¿Acaso temía, de no regresar al Congreso, perder su escario y mantener su pureza en medio del erial? Todo ello, sin duda, apuntaban en la misma dirección. ¿Qué era lo que le impedía regresar, aparte de la duda y el orgullo?

Desde su pequeño despacho, se quedó contemplando sin verlo el jardín de Prem Nivas.

Su mujer había hecho que le sirvieran el té; se le había enfriado.

Fue a preguntarle si todo iba bien y le llevó otra taza de té. Dijo:

—¿Así que has decidido regresar al partido? Eso está bien.

El respondió exasperado:

—No he decidido nada. ¿Qué te hace pensar que me he decidido?

—Después de que Maan y Firoz casi...

—Maan y Firoz no tienen nada que ver con esto. Llevo semanas pensándomelo sin llegar a ninguna conclusión. —La miró asombrado.

Ella removió el té una vez más y lo colocó sobre la mesa.

Últimamente le resultaba mucho más fácil hacerlo,puesto que ya no estaba cubierta de documentos.

Mahesh Kapoor dio un sorbo Y no dijo nada.

Tras un rato, dijo:

—Déjame solo. No voy a discutir este asunto contigo. Tu presencia me distrae. No sé de dónde proceden tus inverosímiles intuiciones, pero son más inexactas y sospechosas que la astrología.

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