Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 446 de 478

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Un buen partido

18.20

Por la tarde llegó una carta de Arun que le ayudó a clarificar sus pensamientos:

Mi querida Lata:

Espero que no te importe si asumo la prerrogativa de hermano mayor y te escribo a propósito de un asunto de gran importancia para tu futuro y el de la familia. Somos, para los tiempos que corren, una familia excepcionalmente unida, y quizá como resultado de la muerte de papá nos hemos visto obligado a permanecer aún más unidos. Yo, por ejemplo, no habría asumido las responsabilidades que tengo de estar papá con vida. Varun, probablemente, tampoco viviría conmigo, ni tampoco me parecería de mi incumbencia aconsejarle sobre la dirección que debe darle a su vida, asunto que, si se dejara a su arbitrio, temo que le traería sin cuidado. Ni tampoco tendría la sensación de que, por así decirlo, me hallo con respecto a ti en una situación de in loco parentis.

Imagino que ya habrás adivinado a qué me refiero. Baste decir que lo he considerado desde todos los ángulos posibles, y que me hallo en desacuerdo con mamá en ese tema. De aquí esta carta. Mamá tiene mucha tendencia a dejarse dominar por los sentimientos, y parece haberle tomado un aprecio irracional a Haresh, así como una intensa antipatía —irracional o no— a otras personas. Experimenté algo similar en su actitud hacia mi matrimonio, que, contrariamente a sus expectativas, ha resultado ser muy feliz, y que se basa en el afecto y la confianza mutuos. Creo que, como resultado, tengo una visión más objetiva de las opciones que se te presentan.

Aparte de tu transitorio enamoramiento con cierta persona de Brahmpur, acerca del cual cuanto menos se diga mejor, no tienes mucha experiencia en los enmarañados matorrales de la vida, ni tampoco has tenido la oportunidad de desarrollar un criterio para juzgar por ti misma las diversas alternativas. Es en este contexto que quiero ofrecerte mi consejo.

Creo que Haresh posee excelentes cualidades. Es trabajador, en cierto sentido se ha hecho a sí mismo, y ha sido educado —o al menos ha obtenido un título— en una de las mejores universidades de la India.

Es, desde todos los puntos de vista, competente en la profesión que ha elegido. Es un hombre seguro de sí mismo, y no teme hablar claro. Hay que reconocerle sus méritos. Dicho eso, sin embargo, déjame que te diga claramente que no me parece conveniente que nuestra familia se amplíe con su presencia, y por las siguientes razones:

1. A pesar de haber estudiado inglés en St Stephen's y haber vivido dos años en Inglaterra, su utilización de la lengua inglesa deja mucho que desear. Y éste no es un aspecto trivial. La conversación entre marido y mujer es el elemento básico de un matrimonio basado en la verdadera comprensión. Deben aprender a comunicarse, a estar, como suele decirse, en la misma longitud de onda. Haresh, simplemente, no está en la misma longitud de onda que tú... ni que ninguno de nosotros, si a eso vamos. No se trata sólo de su acento, que inmediatamente delata que el inglés está muy lejos de ser su primera lengua, es una cuestión de dicción y expresión, del sentido mismo, a veces, de lo que dice. Me alegro no haber estado en casa cuando tuvo lugar ese ridículo malentendido con la palabra «ruin», pero, como sabes, mamá me informó (con muchas lágrimas y en todo detalle) de lo ocurrido en el momento en que Meenakshi y yo volvimos a casa. Si crees que mamá sabe mejor lo que te conviene, y decides prometerte con ese hombre, continuamente te toparás con situaciones lamentables y absurdas como ésa.

2. Segundo punto, y no ajeno al anterior, es que Haresh no se mueve, ni nunca podrá aspirar a hacerlo, en los mismos círculos sociales que nosotros. Un capataz no es un subdirector de sección, y Praha simplemente no es Bentsen Pryce. El olor a cuero va demasiado pegado al nombre; los checos, sus jefes, son técnicos, a veces apenas conocen el inglés, y no se han graduado en las mejores universidades de Inglaterra.

En cierto sentido, al elegir una carrera técnica tras su graduación en St Stephen's, Haresh se degradó. Espero que no te importe si te hablo francamente sobre un asunto de tal imponancia para tu felicidad futura.

La sociedad cuenta, y la sociedad es rigurosa y cruel; sólo por ser la señora Khanna te encontrarás excluida de ciertos círculos.

Y ni los orígenes ni los modales de Haresh pueden contrarrestar el sello de Praha. Contrariamente, pongamos, a Meenaktshi o Amit, cuyos padre y abuelo fueron jueces del Tribunal Superior, su familia son gente modesta de Delhi, y, para decirlo sin tapujos, carecen de la menor distinción. Desde luego, hay que reconocerle que ha llegado donde está sólo gracias a su esfuerzo, pero, al ser un hombre que se ha hecho a sí mismo, posee cierta tendencia a sentirse muy satisfecho de su propia persona—, y acaba siendo un poco engreído. He observado que eso suele ocurrirles a las personas de baja estatura; quizá dicha circunstancia haya acabado haciendo mella en su carácter, provocándole cierto resentimiento. Sé que mamá le considera un diamante en bruto. Todo lo que puedo decir es que el tallado y el pulido tienen su importancia. Uno no lleva un diamante en bruto —o mellado

— en un anillo de boda.

Si puedo expresarlo llanamente, sus orígenes familiares siempre le delatan, ya sea en la manera de vestir, en su gusto por esnifar rapé y por tomar paan, o en el hecho de que, a pesar de su estancia en Inglaterra, carezca de la menor distinción para relacionarse en sociedad. Advertí a mamá acerca de la importancia de los orígenes familiares cuando Savita se prometió con Pran, pero no me escuchó; y el resultado, desde el punto de vista social, ha sido la desdichada unión, a través nuestro, de la familia de un presidiario con la familia de un juez. Esta es otra razón por la que creo que es mi deber hablar contigo antes de que sea demasiado tarde.

3. Con toda probabilidad, tu futura renta familiar no te permitirá enviar a tus hijos al tipo de escuela —por ejemplo St George's o St Sophia's, Jheel, Mayo, Loreto o Doon— a que asistirán nuestros hijos

—los de Meenakshi y los míos—. Además, aun cuando pudieras permitírtelo, quizá Haresh tuviera una opinión distinta de la manera en que hay que educar a los hijos, o del porcentaje de ingresos familiares que hay que dedicar a la educación. Con respecto al marido de Savita, puesto que ocupa un puesto académico, no tengo ninguna preocupación a ese respecto. Pero sí con respecto a Haresh, y debo manifestártela.

Desde luego, deseo que la familia permanezca unida, y me siento responsable del mantenimiento de dicha unión; y el hecho de que nuestros hijos sean educados de modo distinto es algo que puede acabar

separándonos, lo cual, dicho sea de paso, te causaría una honda aflicción.

Debo pedirte que consideres esta carta como algo personal; reflexiona detenidamente sobre su contenido, pero no se la enseñes al resto de la familia. Mamá, sin la menor duda, se la tomaría a mal, y, supongo, también Savita. En cuanto al sujeto que ha dado origen a esta misiva, sólo añadiré que nos ha estado importunando para ofrecernos su hospitalidad; nos hemos mostrado fríos con él, y hasta ahora hemos evitado ir a Prahapore para otro almuerzo pantagruélico. Creemos que no debería actuar como si formara parte de la familia hasta que, de hecho, no sea así. La elección, no hay ni que decirlo, es tuya, y, en privado, recibiremos con los brazos abiertos a tu marido, sea quien sea.

Pero no sirve de nada tener buenas intenciones si no puedes hablar libremente, y eso es lo que he hecho en esta carta.

En lugar de añadir noticias y hechos sin importancia, que pueden esperar a otra ocasión, simplemente quiero acabar transmitiéndote mi cariño y mis mejores deseos para tu futura felicidad. Y lo mismo Meenakshi, que está de acuerdo conmigo en todos los puntos mencionados.

Tuyo,

Arun bhai

Lata leyó la carta varias veces, la primera —debido, sobre todo, a la letra azarosamente irregular de Arun— muy despacio; a continuación, tal como se le decía en ella, ponderó su contenido detenidamente. Su primer impulso fue tener una sincera charla con Savita, con Malati, con su madre... o con todas ellas. Pero enseguida decidió que eso no cambiaría nada, y que, en todo caso, sólo serviría para confundirla. La decisión era sólo suya.

Aquella misma noche escribió a Haresh, aceptando con gratitud —y, por supuesto, con entusiasmo— su reiterada propuesta de matrimonio.

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