Un buen partido
7.33
Mi amado Rat, mi amadísimo Rat:
La otra noche soñé contigo. Me desperté dos veces y las dos había soñado contigo. No sé por qué insistes en acudir a mi mente tan a menudo y provocarme recuerdos y suspiros. Después de nuestro último encuentro estaba decidida a no pensar en ti, y tu carta aún me tiene enfadada. ¿Cómo puedes escribir tan fríamente sabiendo todo lo que significas para mí y lo que yo creía significar para ti?
Me encontraba en una habitación, al principio era oscura y no tenía salidas al exterior. Tras un rato apareció una ventana, y a través de ella vi un reloj de sol. A continuación, no sé cómo, se iluminó la habitación, y surgieron algunos muebles, y antes de poder darme cuenta me encontraba en el salón del número 20 de Hastings Road, en compañía del señor Nowrojee, de Shrimati Supriya Joshi y del doctor Makhijani, aunque, por extraño que parezca, no se veía ninguna puerta, de lo que deduje que ellos debían haber entrado por la ventana. ¿Y cómo había entrado yo? De todos modos, antes de descifrar ese misterio, apareció una puerta en el mismísimo lugar donde debería haber estado, y alguien llamó, de manera despreocupada pero insistente. Sabía que eras tú, aunque jamás te haya oído llamar a la puerta..., de hecho, siempre nos hemos encontrado al aire libre, excepto aquella vez, en el concierto de Ustad Majeed Khan. Estaba convencida de que eras tú, y el corazón empezó a latirme muy deprisa, casi de un modo insoportable, de tantas ganas como tenía de verte. Entonces resultó que era otra persona, y respiré aliviada.
Querido Kabir, no voy a enviar estar carta, así que no ha de preocuparte que el apasionado amor que te tengo vaya a perturbar tus planes para entrar en el Departamento de Asuntos Exteriores, en Cambridge, etcétera. Si crees que no me comporté razonablemente, bueno, quizá tengas razón, pero nunca había estado enamorada,y eso, desde luego, también es un sentimiento poco razonable... y algo que no quiero volver a sentir ni por ti ni por nadie.
Leí tu carta sentada entre unas calas, pero sólo pude pensar en aquellas flores de gul-mohur a mis pies y en ti diciéndome que me olvidara de todos mis problemas durante los próximos cinco años. Ah, sí, y también recordé que me quitaba flores de kamini del pelo y lloraba.
El segundo sueño..., bueno, por qué no contártelo, puesto que nunca leerás esta carta. Estábamos echados en un bote, lejos de ambas orillas, y tú me besabas. Oh, era tan dichosa. Luego te incorporabas y decías:
«Ahora tengo que irme y nadar cuatro largos; si lo hago nuestro equipo ganará la carrera, si no lo hago, perderemos», y me dejabas sola en el bote. Se me encogía el corazón, pero tú estabas decidido a marcharte.
Por suerte el bote no se hundió, y yo remé sola hasta la orilla, Creo que finalmente me he librado de ti. Al menos eso espero. He decidido seguir soltera y sin responsabilidades familiares, y dedicar mi tiempo a pensar en el espacio, el tiempo y la causalidad, la evolución, los valores y la naturaleza de Dios.
Que Dios te ampare, querido príncipe, y que emerjas cerca del dhobi-ghat, a salvo pero manchado de barro, y te vaya muy bien en la vida.
Para mi querido Kabir, con todo mi amor,
Lata
Lata dobló la carta, la metió en un sobre y escribió el nombre de Kabir en ella. A continuación, en lugar de escribir su dirección, volvió a escribir su nombre en el sobre unas cuantas veces más. A continuación dibujó un sello en la esquina del sobre («No derroches y no te faltará de nada»), y anotó «A pagar en destino». Finalmente lo rompió todo en pequeños pedazos y se echó a llorar.
Aunque no llegue a nada en esta vida, pensó Lata, al menos me habré convertido en una de las Grandes Neuróticas del Mundo,
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