Un buen partido
7.31
Tras el Maidan y el batido, Amit le preguntó a Lata si tenía tiempo para tomar una taza de té en su casa antes de volver con su madre. Lata dijo que sí. Le gustaba el fértil torbellino de aquella casa, el piano, los libros, la galería, el gran jardín. Cuando Amit pidió que le subieran té para dos a su habitación, Bahadur, el sirviente, que siempre trataba a Amit de una manera paternal, le preguntó si alguien iba a tomarlo con él.
—Oh, no —dijo Amit—, Es que pienso beber de ambas tazas.
—No te preocupes por él —dijo Amit más tarde, después de que Bahadur estudiara atentamente a Lata mientras depositaba la bandeja del té sobre la mesa—. Cree que planeo casarme con todas las chicas con quienes tomo el té. ¿Un terrón o dos?
—Dos, por favor —dijo Lata. A continuación preguntó
malévolamente, puesto que la cuestión no era peligrosa—: ¿Y es cierto?
—Oh, hasta ahora no —dijo Amit—. Pero no me cree. Nuestros sirvientes se empeñan en intentar guiar nuestras vidas. Bahadur me ha visto contemplando la luna a horas intempestivas, y quiere curarme casándome antes de que acabe al año. A Dipankar se le ha ocurrido rodear su cabaña de plantas de papaya y plataneros, y el mali le ha impartido un curso intensivo de arriates herbáceos. El cocinero mugh casi se despidió porque Tapan, cuando regresó del internado, insistió en comer costillas de cordero y helado de mango para desayunar durante una semana entera.
—¿Y Kuku?
—Kuku vuelve lelo al chófer.
—Sois una familia bastante alocada —dijo Lata.
—Todo lo contrario —dijo Amit—. Somos un plantel de cordura,
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