Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 322 de 478

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Un buen partido

14.8

—Sharmaji vino a verte esta mañana —le dijo la señora Mahesh Kapoor a su marido en cuanto éste regresó a Prem Nivas.

—¿Vino en persona?

—Sí.

—¿Dijo algo?

—¿Qué tenía que decirme? —preguntó la señora Mahesh Kapoor.

Su marido chasqueó la lengua irritado.

—Muy bien —dijo—. Iré a verle. —Que el primer ministro hubiera ido en persona a su casa era algo más que un gesto de cortesía, y Mahesh Kapoor se hizo una idea atinada de lo que querría tratar con él.

La crisis del Congreso era objeto de discusión en todo el país, no sólo en el seno de dicha formación. Nehru, al dimitir de todos sus cargos en el partido, se había asegurado de ello.

Mahesh Kapoor llamó primero por teléfono, y luego fue a casa de Sharma. Aunque había abandonado el partido, seguía llevando el gorro blanco, que se había convertido en parte sustancial de su atuendo.

Sharma estaba sentado en una silla de mimbre, en el jardín, y se levantó para saludar a Mahesh Kapoor cuando éste llegó. No hubiera sido de extrañar que pareciera agotado, aunque no era así. Hacía calor, y se había estado abanicando con un periódico, cuyos titulares hablaban de los últimos intentos por devolver a Nehru al redil del Congreso. Le ofreció un poco de té a su antiguo colega de partido.

—No hace falta que me vaya por las ramas, Kapoor sahib —dijo el primer ministro—. Quiero su ayuda para intentar convencer a Nehru de que vuelva al partido.

—Pero si no lo ha abandonado —dijo Mahesh Kapoor con una sonrisa, viendo que el primer ministro contaba ya con que acabara dejándolo.

—Me refiero a que participe plenamente en él.

—Le comprendo, Sharmaji; ésta . una época conflictiva para el Congreso. Pero ¿qué puedo hacer yo? Ya no formo parte de él. Ni muchos de mis colegas y amigos.

—Su verdadero partido es el Congreso —dijo Sharma, con cierta tristeza; comenzó a negar con la cabeza—. Lo ha dado todo por él, por él ha sacrificado los mejores años de su vida. En la Asamblea Legislativa sigue ocupando el mismo escaño de siempre. Aunque esa facción se denomine ahora KMPP o lo que sea, todavía siento un cierto afecto por sus miembros. Aún les considero mis colegas. Hay más idealistas ahí que entre los que permanecen a mi lado.

No hacía falta decir que con eso se refería a Agarwal y los de su laya. Mahesh Kapoor removió el té. Sentía una gran simpatía por el hombre de cuyo gabinete había dimitido recientemente. Pero tenía la esperanza de que Nehru abandonara el Partido del Congreso y se uniera al que él acababa de afiliarse, y no podía imaginar cómo a Sharma podía habérsele ocurrido que él, de entre todas las personas, estuviera dispuesto a disuadir a Nehru de que hiciera tal cosa. Se inclinó un poco hacia adelante y dijo en voz baja:

—Sharmaji, he sacrificado todos estos años por mi país, no por un partido. Si el Congreso ha traicionado sus ideales y obligado a abandonarlo a muchos de sus partidarios... —Hizo una pausa—. De todos modos, no creo que Panditji abandone el partido en un futuro próximo.

—¿Ah no? —dijo Sharma.

Había un par de cartas delante de él, y a Mahesh Kapoor le entregó una de ellas, la más larga, dando unos golpecitos con el dedo a un par de párrafos que había al final. Mahesh Kapoor leyó lentamente, sin levantar la mirada, hasta que acabó. Era una de las cartas que Nehru solía enviar cada quince días a sus primeros ministros, y estaba fechada el 1 de agosto, dos días después de que su amigo Kidwai, tras revocar su dimisión, hubiera vuelto a presentarla. La última parte de aquella extensa carta, que cubría todo el espectro de acontecimientos nacionales y extranjeros, decía lo siguiente:

24. Recientemente, y con reiteración, la prensa se ha referido a las dimisiones de los miembros del Gabinete Central. Confieso la honda preocupación que me ha provocado este asunto, pues las dos personas mencionadas han sido valiosos colegas que han justificado plenamente su pertenencia al gobierno. No se trata de cuestiones de diferencia de opinión en relación a la política del gobierno. Las dificultades surgen en otros asuntos relacionados con el Congreso Nacional. No tengo intención de manifestar nada sobre tales temas, pues probablemente pronto verá usted declaraciones en la prensa que explicarán mi actual posición. Ésta sólo afecta al gobierno indirectamente. En esencia, se está hablando del futuro del Congreso, futuro que no sólo afecta a los miembros del partido, sino a todos los habitantes de la India, pues el papel de nuestro partido ha sido muy importante.

25. El próximo período de sesiones parlamentarias se inicia el próximo lunes, 6 de agosto. Es el último antes de las elecciones. Habrá mucho que hacer, hay leyes muy importantes que deben ser aprobadas durante este período. Probablemente dure unos dos meses.

Sinceramente suyo,

Jawaharlal Nehru

Mahesh Kapoor, al leer la carta a la luz de la dimisión de Nehru del Comité Ejecutivo v del Comité Electoral Central, cuando aún no había transcurrido una semana desde la redacción de aquellas líneas, comprendió por qué Sharma —o cualquier otro— podía pensar que esas dimisiones sólo podían presagiar que Nehru acabaría abandonando el partido. La frase «pues el papel de nuestro partido ha sido muy importante» sonaba agoreramente tibia.

Sharma había dejado su taza sobre la mesa y miraba a Mahesh Kapoor. Ya que éste no hacía ningún comentario, dijo:

—Los diputados de Uttar Pradesh intentarán convencer a Nehru de que retire su dimisión o, cuando menos, persuadirle a él y a Tandon de que lleguen a una suerte de compromiso. Yo también creo que deberíamos enviar a un grupo a hablar con él. Yo mismo estoy dispuesto a ir a Delhi. Pero quiero que venga conmigo.

—Lo siento, Sharmaji —dijo Mahesh Kapoor con cierto fastidio.

Puede que Sharma fuera el gran conciliador, pero era increíble que pensara que podía convencerle, ahora que era miembro de la oposición, de hacer algo que iba en contra de sus propios intereses—: Yo no puedo ayudarle. Panditji le respeta, y no hay nadie más convincente que usted.

Por mi parte, al igual que Kidwai, Kripalani y todos los que han abandonado el Congreso, espero que Nehru se nos una pronto. Como usted mismo dice, hay un cierto idealismo en todos nosotros. Quizá ya va siendo hora de que la política se base en programas e ideales, y no en el control de la maquinaria del partido.

Sharma comenzó a asentir ligeramente. Un criado apareció en el jardín con un mensaje, pero él le despidió con un gesto. Durante unos minutos descansó la barbilla en las manos, a continuación dijo, con su voz nasal y persuasiva:

—Maheshji, a estas alturas debe de estar preguntándose cuáles son mis razones, quizá incluso cuál es mi lógica. Quizá no le he dejado claro cómo veo yo la situación. El abanico de posibilidades es el siguiente. Primero: Supongamos que Nehru abandona el partido.

Supongamos, además, que yo no deseo enfrentarme con él en las inminentes elecciones,quizá por el respeto que le tengo, quizá porque temo perder y, como anciano que soy, me preocupa demasiado mi amor propio. En cualquier caso, yo también abandono el partido. O si no el partido, la participación activa en los asuntos de Estado, el gobierno, el cargo de primer ministro. Hará falta otro primer ministro. Tal como están actualmente las cosas, a menos que el ex ministro de Finanzas vuelva al partido y convenza a los que lo abandonaron de que regresen, sólo habrá un candidato para el cargo.

—Supongo que no permitirá que Agarwal llegue a primer ministro

—dilo Mahesh Kapoor en tono desabrido, sin ocultar su malestar—. No dejará el gobierno del Estado en sus manos.

Sharma recorrió el jardín con la mirada. Una vaca había entrado en el rabanal, pero Sharma no le prestó atención.

—Sólo estoy analizando las diversas posibilidades —dijo—. Déjeme que le presente otra. Voy a Delhi. Intento hablar con Nehru, convencerle de que retire su dimisión. Él, por su parte, vuelve a la carga

de la manera acostumbrada: me quiere en el Gabinete Central, un gabinete ahora un tanto mermado por las dimisiones. Los dos conocemos a Jawaharlal, sabemos lo convincente que puede ser. Dirá que más importante que el Partido del Congreso es el bien de la India, el gobierno del país. Quiere buenos administradores en el gobierno central, gente de talla, de probada competencia. Sólo repito las palabras que él me ha repetido docenas de veces. Hasta ahora siempre he encontrado alguna excusa para rechazar su propuesta. La gente dice que soy ambicioso, que prefiero ser rey en Brahmpur que barón en Delhi.

Quizá tengan razón. Pero en esta ocasión Jawaharlal me dirá—. «Me pide que actúe contra mis propias inclinaciones por el bien del país, y sin embargo usted se niega a hacer lo mismo.» Es un argumento incontestable. Voy a Delhi como ministro del gobierno central, y L. N.

Agarwal se convierte en primer ministro de Purva Pradesh.

Mahesh Kapoor permaneció en silencio. Tras unos minutos, dijo:

—Si..., si ése fuera el caso, y ese..., ese hombre se hiciera con el poder, sólo sería por unos pocos meses. La gente le echaría en las próximas elecciones.

—Creo que subestima al ministro del Interior —dijo S. S. Sharma con una sonrisa—. Pero ahora, suponga que nos olvidamos de ese ogro y pensamos en términos más amplios; teniendo en cuenta los intereses del país, ¿deseamos usted o yo la batalla que se originará si Nehru abandona el partido? Si recuerda usted el encono que se generó en la lucha dentro del partido cuando Tandon fue elegido, y no es ningún secreto que yo también voté por él en lugar de por Kripalani, ¿se imagina lo cruenta que puede ser la batalla en las elecciones generales si Nehru pelea en un lado y el Congreso en el otro? ¿A quién apoyará el pueblo? Piense en cómo se desgarrarán los corazones, en cómo se dividirán las lealtades. El Partido del Congreso, después de todo, es el partido de Gandhiji, de la Independencia.

Mahesh Kapoor se contuvo de señalar que también era el partido de muchas otras cosas: nepotismo, corrupción, incompetencia, complacencia... y que el propio Gandhiji había querido disolverlo como fuerza política tras la Independencia. Dijo:

—Bueno, si ha de librarse una batalla, más vale que sea durante estas elecciones. Si el Partido del Congreso utiliza a Nehru en sus batallas electorales y luego se vuelve en su contra porque su ala derecha posee mayoría de diputados en el Parlamento central y en los periféricos, será mucho peor. Cuanto antes se resuelva esta contienda, mucho mejor. Estoy de acuerdo en que nosotros dos deberíamos luchar en el mismo bando. Ojalá, Sharmaji, pudiera yo convencerle de que se uniera a mi partido, y luego convencer a Nehru de que hiciera lo mismo.

El primer ministro sonrió ante lo que interpretó como una nota de humor por parte de Mahesh Kapoor. continuación tomó la segunda carta que tenía delante de él y dijo:

—Lo que voy a mostrarle no es una de las habituales misivas quincenales de Panditji, sino una carta urgente dirigida a los primeros ministros. Se supone que es secreta. Está fechada un par de días después de que escribiera a Tandon presentándole su renuncia. Si la lee comprenderá por qué estoy tan preocupado por la posibilidad de divisiones en el país en este momento. —Le entregó la carta a Mahesh Kapoor, a continuación dijo—: No se la he enseñado a nadie, ni siquiera a nadie de mi gabinete, aunque le he dicho a Agarwal que viniera a leerla porque le concierne como ministro del Interior. Y

naturalmente la discutiré con el secretario del gabinete. No sería nada bueno que el contenido de esta carta se divulgara.

Entonces se puso en pie y, con ayuda de su bastón, fue a decirle al jardinero que sacara a la vaca del huerto, dejando sólo a Mahesh Kapoor para que leyera la carta. Parte de ésta decía lo siguiente: Nueva Delhi, 9 de agosto de 1951

Mi querido primer ministro:

La situación indo-paquistaní no muestra señales de mejoría. Lo más que podemos decir es que no ha empeorado, aunque es ya bastante mala. En el lado paquistaní se están preparando febrilmente para la guerra...

Considerando la cuestión desde un punto de vista lógico, no es probable que estalle ninguna contienda. Pero la lógica no lo explica

todo, y, en cualquier caso, no podemos basar nuestras actividades en la pura lógica. La lógica no explicaría el diluvio de propaganda, llena de odio y falsedad, que llega de Pakistán...

Del otro lado del jardín llegaron unos mugidos irritados pero pacientes. Los ojos de Mahesh Kapoor leyeron rápidamente algunos párrafos. Más adelante, Nehru hablaba de los musulmanes que vivían en la India.

...A veces se dice que entre los musulmanes hay individuos nocivos que podrían originarnos problemas. Es muy posible, pero considero muy improbable que los problemas importantes tengan ahí su origen.

Por supuesto, hemos de tener mucho cuidado por lo que se refiere a zonas estratégicas o lugares vitales.

Creo que es mucho más probable que los problemas procedan de individuos de la comunidad hindú o sij. Les gustaría aprovechar la ocasión para cometer alguna tropelía con los musulmanes. Si tal cosa ocurre, las consecuencias serán negativas y nos harán más débiles. Por tanto, no debemos permitir que eso suceda. Es de la mayor importancia que concedamos toda la protección posible a nuestras minorías. Lo cual quiere decir que no debemos permitir ningún tipo de propaganda por parte de las organizaciones hindúes o sijs que sea equiparable a la propaganda paquistaní que nos llega del otro lado. Recientemente se han producido algunos incidentes en los lugares en que, con escasa originalidad, los miembros del Hindu Mahasabha ha intentado imitar a los paquistaníes. No han tenido el menor éxito. Pero es posible que si no somos cautos y suceden algunos incidentes, estos individuos intenten aprovecharse de ellos. Le pido, por tanto, que procure no olvidarlo...

Todo esto no son más que especulaciones de las que quiero hacerle partícipe. Tenernos que estar preparados para cualquier emergencia, y, desde el punto de vista militar, a partir de este momento lo estamos.

Todavía tengo la esperanza y en parte la creencia de que no habrá guerra, y no deseo hacer nada que, por nuestra parte, pueda desplazar la balanza hacia el lado de la guerra.

No debemos consentir ni fomentar ningún tipo de actividad pública que huela a preparativos de guerra, aunque, al mismo tiempo, debamos estar mentalmente preparados para tal eventualidad.

Por favor, considere esta carta como estrictamente confidencial y no la deje leer a nadie más, excepto, quizá, a unos pocos.

Sinceramente suyo,

Jawaharlal Nehru

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