Un buen partido
18.19
Durante la lectura, Lata sonrió de vez en cuando. Haresh había tachado «Cawnpore» y escrito «Kanpurサ. Cuando llegó al final volvió a leerla. Le alegraba saber que tío Umesh creía por fin en su sobrino, y se imaginaba al padre de Haresh preguntándole si prosperaban sus planes de matrimonio.
A lo largo de los meses, su mundo había comenzado a poblarse de las diversas personas que Haresh mencionaba continuamente. Incluso echaba de menos a Simran; Haresh probablemente la mantenía apartada de esa carta por miedo a herir su susceptibilidad. Pero, con un sobresalto, comprendió que, por mucho que le gustara Haresh, no estaba celosa de Simran.
¿Y quiénes eran en realidad esas personas? Pensó en Haresh: generoso, robusto, optimista, impaciente, responsable. Ahí estaba, en Prahapore, tan sólido como un par de zapatos Goodyear Welted, guiñándole los ojos afectuosamente desde las páginas de aquella carta y diciéndole, con tan buenas palabras como le era posible, lo solo que se sentía sin ella.
Pero, de entre toda esa gente, sólo conocía a Haresh: tío Umesh, Simran, su padre adoptivo, de quienes tanto oía hablar, podían resultar totalmente distintos de lo que imaginaba. ¿Y su familia, esos conservadores khatris de Delhi: podría comportarse con ellos igual que se comportaba con Kuku, Dipankar o el juez Chatterji? ¿De qué les hablaría a los checos? ¿Acaso no había algo aventurero en perderse completamente en un mundo que no conocía, con un hombre en quien confiaba y al que había comenzado a admirar... y que la quería de una manera tan profunda y firme? Pensó en un Haresh sin paan y sonriendo de oreja a oreja; le sentó en una mesa para no ver sus zapatos marrones y blancos; le revolvió un poco el pelo, y... ¡bueno, era bastante atractivo!
Le gustaba. Quizá, con un poco de tiempo y suerte, hasta podría aprender a amarle.
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