Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 383 de 478

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Un buen partido

16.18

Varun y Lata estaban hablando con la doctora Ila Chattopadhyay en otra parte de la sala. La doctora Ila Chattopadhyay disfrutaba de la compañía de todo tipo de gente, y el que fueran jóvenes no constituía óbice alguno. Como profesora de inglés, eso le suponía una gran ventaja. También poseía una devastadora inteligencia. La doctora Ila Chattopadhyay era tan alocada y terca con sus estudiantes como con sus colegas. De hecho, respetaba más a los alumnos que a los profesores. Desde el punto de vista intelectual, los consideraba mucho más inocentes y honestos.

Lata se preguntaba qué hacía aquella mujer en esa fiesta: ¿había ido como carabina de alguien? Si era así, se tomaba sus deberes con mucho relajo. En aquel momento la absorbía completamente su conversación con Varun.

—No, no —le estaba diciendo—, ni se te ocurra entrar en la administración..., no es más que otra de esas profesiones para sahibs de piel oscura, y te convertirás en una variante de tu odioso hermano.

—¿Entonces qué debo hacer? —estaba diciendo Varun—. No sirvo para nada.

—¡Escribe un libro! ¡Ponte a tirar de un rickshaw! ¡Vive! No me vengas con excusas —dijo la doctora Ila Chattopadhyay con febril entusiasmo, agitando vigorosamente su pelo gris—. Renuncia al mundo como Dipankar. No, ahora ha entrado en un banco, ¿no es cierto?

¿Cómo te fueron los exámenes? —añadió.

—¡Fatal! —dijo Varun.

—No creo que te fueran tan mal —dijo Lata—. Yo siempre pienso que me han salido peor de como me han ido realmente. Es un— rasgo de los Mehra.

—No, de verdad que me fueron fatal —dijo Varun, poniendo una expresión taciturna y escanciando su whisky—. Seguro que he suspendido. Ya no me llamarán para la entrevista.

La doctora Ila Chattopadhyay dijo:

—No te preocupes. Podría ser mucho peor. La hija de un buen amigo mío acaba de morir de tuberculosis.

Lata miró atónita a la doctora Ila Chattopadhyay. Ahora dirá: «No te preocupes. Sólo piensa... que podría ser mucho peor. Los trillizos de una de mis hermanas acaban de ser decapitados por su marido alcohólico.»

—Pones una expresión de lo más curioso —dijo Amit, que se había unido al grupo.

—¡Oh, Amit! Hola —dijo Lata. Se alegraba de verle.

—¿En qué estabas pensando?

—En nada, en nada en absoluto.

La doctora Ila Chattopadhyay le estaba hablando a Varun de la estupidez que había cometido la Universidad de Calcuta al hacer que el hindi fuera una asignatura obligatoria en la licenciatura en letras. Amit se unió un rato a la discusión. Entrevió que los pensamientos de Lata estaban muy lejos. Quería hablar con ella del poema que le había dado a leer. Pero una mujer abordó a Amit y le dijo:

—Quiero hablar con usted.

—Bueno, aquí estoy —dijo Amit.

—Mi nombre es Baby —dijo la mujer, parecía rondar los cuarenta.

=Bueno, el mío es Amit.

—Lo sé, lo sé, todo el mundo lo sabe —dijo la mujer—. ¿Intenta impresionarme con su modestia? —Parecía de un talante combativo.

—No —dijo Amit.

—Me gustan sus libros, en especial El árbol pálido. Pienso en él cada noche. Quiero decir El cuco pálido. En las fotos parece más bajo. Debe de tener las piernas muy largas.

—¿Y usted a qué se dedica? —preguntó Amit, sin saber qué pensar de las últimas palabras de aquella mujer.

—Usted me gusta —dijo la mujer resueltamente—. Sé cuándo alguien me gusta. Venga a visitarme a Bombay. Todo el mundo me conoce. Simplemente pregunte por Baby.

—Muy bien ,--dijo Amit, que no tenla planeado ir a Bombay.

Bishwanath Bhaduri se acercó a saludar a Amit. No le hizo el menor caso a Lata. Tampoco hizo caso de la rapaz Baby. Estaba embelesado por una nueva mujer, a la que señaló: llevaba un vestido *negro y plateado.

—Uno siente que su alma es tan hermosa... —dijo Bish.

—Repite eso —dijo Amit.

Bishwanath Bhaduri no se atrevió.

—Uno no repite algo así —dijo.

—Ah, pero es que uno no suele oír algo así a menudo.

—Lo utilizarás para tu novela. Uno no debería, ya sabes.

—¿Por qué uno no debería?

—No es más una manera de hablar.

—No es sólo una manera de hablar..., es poético; muy poético; sospechosamente poético.

—Te estás burlando de mí —dijo Bishwanath Bhaduri. Miró a su alrededor—. Uno necesita una copa —murmuró.

—Uno necesita huir —le dijo Amit a Lata—. O, mejor dicho, dos necesitan huir.

—No puedo. He traído una carabina.

—¿Quién?

Los ojos de Lata señalaron a Varun. Estaba hablando con un par de muchachos que parecían escucharle atentamente.

—Creo que podemos darle esquinazo —dijo Amit—. Te enseñará las luces de Park Street.

Mientras pasaban por detrás de Varun, le oyeron decir.

—Marywallace, por supuesto, para la Cope Gatwick; y Símil para la Hopeful. De la Hazra no tengo ni idea. Y en cuanto a la Copa Beresford, lo mejor es apostar por My Lady Jean...

Le esquivaron fácilmente y bajaron las escaleras, riendo.

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