Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 413 de 478

Páginas del PDF

Un buen partido

17.23

—Priya, prométeme que hablarás con tu padre.

En aquella ocasión fue Veena quien sugirió que subieran a la azotea.

No podía soportar las expresiones de satisfacción, desagrado y compasión con que la habían recibido en casa de los Goyal. La tarde era fría, y las dos llevaban un chal. El cielo tenía un color pizarra, a excepción de una zona que había al otro lado del Ganges, donde el viento había revuelto los arenales hasta formar una sucia neblina amarillo parduzca. Veena lloraba desconsoladamente y le suplicaba a Priya.

—Pero ¿de qué va a servir? —dijo Priya, secando las lágrimas de su amiga y las suyas propias.

—Servirá de mucho si salva a Maan.

—¿Qué hace tu padre? —preguntó Priya—. ¿No ha hablado con nadie?

—A mi padre —dijo Veena con amargura— le preocupa más dar una imagen de hombre de principios que su propia familia. Hablé con él, pero ¿crees que eso sirvió de algo? Me dijo que debería pensar en mi madre, no en Maan. Sólo ahora me doy cuenta de lo frío que es.

Colgarían a Maan a las ocho y él estaría firmando documentos a las nueve. Mi madre está fuera de sí. Prométeme que hablarás con tu padre, Priya, prométemelo. Eres hija única, hará lo que sea por ti.

—Hablaré con él —dijo Priya—. Te lo prometo.

Lo que Veena no sabía —y Priya no tuvo el valor de decírselo— fue que ésta ya había hablado con su padre, y que el ministro del Interior le había dicho que no haría nada para interferir en el curso de la justicia.

Se trataba, en sus propias palabras, de un asunto de poca monta: un rufián intenta matara otro en un local de mala nota. Que sus padres fueran quienes eran no tenía nada que ver con el caso. No se trataba de un asunto de Estado; no había motivo para intervenir; la policía local y la magistratura tomarían las medidas oportunas. Incluso regañó

cariñosamente a su hija por intentar hacer uso de su influencia de aquel modo, y Priya, que no estaba acostumbrada a que su padre la reprendiera, se sintió triste y avergonzada.

OceanofPDF.com