Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 299 de 478

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Un buen partido

13.23

Lata permaneció inmóvil durante unos quince minutos, a continuación se puso en pie y cogió la cometa. Casi había oscurecido.

Le había costado mucho pensar. Pero ahora, a través de su propio dolor, comenzaba a hacerse cargo de las dificultades de los demás. Pensó en Pran y en sus preocupaciones. Recordó que había pasado mucho tiempo desde la última vez que escribiera a Varun.

También pensó, por extraño que pueda parecer, en la última carta que había enviado a Haresh, en lo lacónica que había sido en la cuestión de Simran, que obviamente significaba mucho para él. Pobre Haresh, él también había ido en pos de una relación imposible, y en su caso la dificultad también era similar.

En cuanto a sí misma, mañana había otro ensayo. ¿Lo afrontarla con más o menos turbación que antes? ¿Y Kabir? Al menos habían hablado, y ella ya no se sentiría tensa esperando ese momento. Y lo cierto es que ahora se alegraba de haberlo hecho, por muy desalentadora que hubiera sido la conversación. Aunque, después de todo, y en el esquema general de su vida, ¿resultaba tan desalentadora?

La velada fue tranquila: su madre, Pran, Savita, el bebé y ella. Uno de los temas de discusión fue Haresh y por qué todavía no había escrito Por lo general, la señora Rupa Mehra quería leer todas las cartas que Haresh enviaba, pero Lata sólo le transmitía las noticias y saludos, guardando sus comentarios agradables para sí, e incapaz de compartir con su madre los más inquietantes.

Haresh, de hecho, se había sentido un poco decepcionado por la carta de Lata. Sin embargo, lo que le impidió responderle casi de inmediato no fue su decepción, sino su repentina condición de desempleado. Le preocupaba el efecto que tal noticia pudiera tener sobre Lata, y más aún sobre su madre, que, a pesar de toda su buena voluntad, era —juzgaba Haresh— exigente y pragmática en sus criterios a la hora de elegir un buen partido para su hija.

Pero transcurrida una semana sin que la James Hawley, a pesar de sus peticiones, hubiera rectificado su injusticia, y sin que su estancia en Delhi hubiera dado ningún fruto inmediato, exceptuando la promesa del señor Mukherji de concertarle una reunión con el señor Khandelwal, consideró que ya no podía seguir callándoselo, y decidió contárselo a Lata.

Mientras todo esto sucedía, la señora Rupa Mehra recibió una misiva de Kalpana Gaur el día antes de que llegara la carta de Haresh, y se enteró de que estaba sin empleo. Ahora que Pran, Savita y el bebé habían vuelto a casa, había muchas cosas que hacer, pero esta reciente y, en cierto modo, terrible noticia ocupaba la mente de la señora Rupa Mehra más que ninguna otra cosa. Se la comentó a todo el mundo, incluyendo a Meenakshi y Kakoli, que se habían dejado caer para ver al bebé. No podía comprender cómo a Haresh se le había ocurrido dejar su trabajo «de ese modo»; su marido siempre había creído que más valía pájaro en mano que ciento volando. La señora Rupa Mehra comenzó a sentir una honda inquietud por Haresh, y comenzó a expresarle sus reservas a Lata.

—Oh, seguro que escribirá pronto —dijo Lata, demasiado despreocupadamente para el gusto de la señora Rupa Mehra.

Pero el día siguiente dio la razón a Lata, antes de lo que ésta esperaba.

Cuando la señora vio un sobre con la letra de Haresh, que ahora ya le era familiar, insistió en que Lata lo abriera inmediatamente y le leyera la carta de cabo a rabo. Lata se negó. Kakoli y Meenakshi, encantadas de presenciar esa escena, cogieron la carta de la mesa y comenzaron a meterse con Lata. Ésta le arrebató la carta a Kakoli, se fue corriendo a su habitación y cerró la puerta con llave. Estuvo encerrada más de una hora. Leyó la carta y la contestó sin consultar a nadie. La señora Rupa Mehra estaba tremendamente enojada por la insubordinación de su hija, y también con Meenakshi y Kakoli.

—Pensad en Pran —dijo—. Tanto alboroto no conviene a su corazón.

Kakoli cantó en voz alta, de modo que se la oyera desde el otro lado de la puerta cerrada:

¡Dulce Lata, ten compasión!

Ven y bésame, o destrozarás mi corazón.

Al ver que no había respuesta a tan burda creación, prosiguió: Déjame besar tu mano, reina gentil:

jamás vi piel de cerdo tan sutil.

La señora Rupa Mehra estaba a punto de pegarle un grito a Kakoli, pero el bebé comenzó a aullar y distrajo a todos los que estaban a ese lado de la puerta. Lata siguió leyendo en medio de aquella estruendosa paz. La carta de Haresh era tan directa como siempre. Tras mencionar las malas noticias, seguía diciendo:

Puede que no sea una época fácil para ti, teniendo en cuenta que Pran está enfermo y que hay un nuevo bebé en la familia, de manera que lamento tener que preocuparte con estas noticias. Pero tenía que escribirte hoy, bajo la enorme presión de las circunstancias. Hasta ahora no me ha llegado ninguna noticia de que el señor Clayton, de la James Hawley, vaya a reconsiderar su postura, y la verdad es que no tengo muchas esperanzas de que eso llegue a ocurrir. Era un buen trabajo, con un sueldo de 750 rupias al mes en total, aunque todavía no he perdido totalmente la esperanza. Espero que se den cuenta de la injusticia que están cometiendo. Pero quizá, al dimitir de la CCCC, me he quedado sin nada por querer jugar a dos bandas. El señor Mukherji, el director general, es un buen hombre, pero parece ser que el señor Ghosh la tiene tomada conmigo.

Ayer estuve con Kalpana unas dos horas, y sólo hablamos de ti. No sé si pude ocultar demasiado mis sentimientos, pero el pensar en ti me animó.

Perdona por escribirte en esta libreta de notas. En este momento no tengo otra a mi disposición. Kalpana dice que le ha escrito a tu madre comunicándole las noticias, y que debo escribirte hoy mismo... y yo también creo lo mismo.

A final de mes tengo una entrevista en Indore (con la Comisión de Servicios Públicos Estatales) para un empleo en Industria y Comercio.

Y puede ser que el asunto con Praha funcione. Si lograra conocer al señor Khandelwal a través de los buenos oficios del señor Mukherji, seguramente podría conseguir una entrevista de trabajo en Calcuta. Sin embargo, hay unas cuantas cosas que tú tendrás que decidir: 1) Si deseas que vaya a Calcuta vía Brahmpur, dadas las circunstancias, incluyendo la enfermedad de tu cuñado.

2) Si en mi condición de persona sin empleo me consideras el mismo que antes; es decir, si aún me consideras alguien por quien podrías sentir cariño.

Espero que tu madre no se tome todo esto demasiado a pecho, hay otros empleos en perspectiva, y no tardaré demasiado en colocarme.

En cierto modo, le veo algunas ventajas a mi condición actual, pues estar desempleado te ofrece una mejor perspectiva de la personalidad humana y te ayuda a valorar en su justa medida las cosas realmente importantes. Espero que Pran se encuentre mejor. Recuerdos a tu familia. Te escribiré pronto.

Tuyo, Haresh

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