Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 301 de 478

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Un buen partido

13.25

Lata le entregó la carta a Mansoor para que, de camino al mercado, la llevara a la oficina de correos.

A la señora Rupa Mehra le había disgustado que Lata no le hubiera permitido leer ni la carta ni la respuesta.

—Te permitiré leer su carta si insistes, mamá —dijo Lata—. Pero mi respuesta ya ha salido rumbo a su destino, de mane raque veo imposible que la leas.

La carta de Haresh era mucho menos personal de lo acostumbrado, y por tanto se la podía enseñar. Bajo «la enorme presión de las circunstancias» —o posiblemente por el laconismo de Lata a ese respecto— Haresh había omitido sacar a relucir el tema de Simran.

Mientras tanto, Kakoli se había apoderado de la postal que la señora Rupa Mehra había confeccionado para Pran y Savita, y se lo estaba pasando

la

mar

de

bien,

pronunciando

afectadamente

«adorable»««primorosa» ante la desvalida Pequeña Damita, y retocando los versos mientras besaba a Uma en la frente.

—¡Ssshhh! La Pequeña Damita duerme profundamente, y las llamas del cómplice fuego del hogar danzan y saltan y la reducen a cenizas mientras se extienden por el vestido de la Pequeña Damita.

—¡Qué cosa tan horrible! —dijo la señora Rupa Mehra.

—Una Pequeña Damita ha ardido... Su primorosa alma ha desaparecido... Para que juegue con él Dios la ha querido.., y una Pequeña Damita se ha perdido.

Kakoli soltó una risita.

—No te preocupes, mamá, no encenderemos ningún fuego, es agosto y estamos en Brahmpur. El sol ya nos calienta lo suficiente.

—Meenakshi, debes controlar a tu hermana.

—Nadie es capaz de hacerlo, mamá. Es un caso perdido.

—También dices lo mismo de Aparna.

—¿Ah, así? —dijo Meenakshi sin prestar mucha atención—. Oh, ahora que me acuerdo, creo que estoy embarazada.

—¿Qué? —gritaron todos (excepto la Pequeña Damita).

—Sí. No me ha venido el período. Hace bastante que no me viene, por lo que no creo que se trate de un simple retraso. De manera que, después de todo, quizá tu nieto ya esté en camino, mamá.

—Oh —dijo la señora Rupa Mehra sin saber qué pensar. Tras una pausa, añadió—: ¿Lo sabe Arun? —

Una mirada abstraída apareció en la cara de Meenakshi.

—No, todavía no —dijo—. Supongo que tendré que decírselo. ¿Cree que debería enviarle un telegrama? No, estas cosas es mejor decirlas en persona. De todos modos, estoy harta de Brahmpur. Aquí no hay vida.

Había comenzado a echar de menos sus partidas de canasta, de mah-jongg, el Shady Ladies y los neones. La única persona animada que conocía en Brahmpur era Maan, y se le veía bastante raro. El señor y la señora Maitra, sus anfitriones, eran mortalmente aburridos. Y por lo que se refería a la chusma de Rudhia, en fin, no había palabras para describirlos. Además, el zapatero y sus cuitas absorbían completamente la atención de Lata, con lo que ésta no prestaba ninguna atención a las insinuaciones referentes a Amit.

—¿Qué me dices, Kuku?

—¿Decir? —replicó Kuku—. Me dejas atónita. ¿Cuándo te enteraste?

—Me refiero a regresar a Calcuta.

—Oh, como quieras —dijo Kakoli, complaciente. No es que no se lo pasara bien en Brahmpur. Pero echaba de menos a Hans, el teléfono, los dos cocineros, el coche, e incluso la familia—. Estoy lista para marcharme cuando quieras. Pero ¿por qué estás tan pensativa?

Era una expresión que iba a aparecer esporádicamente en la cara de Meenakshi durante una buena temporada.

¿Cuándo, exactamente, se había quedado embarazada?

¿Y de quién?

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