Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 284 de 478

Páginas del PDF

Un buen partido

13.8

A la mañana siguiente, Maan llegó a la estación justo a tiempo para coger el tren a Benarés. Estaba feliz como un cachorro. Aun cuando cada es carga de vapor y cada giro de las ruedas le alejara de Brahmpur, eso no menguaba su satisfacción. De vez en cuando sonreía ante el recuerdo de la noche anterior, llena de frases cariñosas e ingeniosas, de demora y de placer.

Cuando llegó a Benarés descubrió que aquellos que le debían dinero por las mercancías ya recibidas no se alegraban demasiado de verle. Le juraron que en aquel momento no tenían dinero, que estaban moviendo cielo y tierra para liquidar sus deudas, que él no era el único acreedor, que el mercado se movía lentamente, que para el invierno —o la primavera siguiente como muy tarde— le devolverían el dinero sin la menor dilación.

Tampoco aquellos cuyos relatos de desdicha habían abierto la bolsa de Maan le abrieron ahora sus bolsas. Uno de ellos era un joven muy bien vestido y de apariencia próspera. Invitó a Maan a un buen restaurante, a fin de poder explicarle su situación con tranquilidad.

Maan acabó pagando la comida.

Había otro hombre, lejanamente emparentado con la familia de su novia. Tenía muchas ganas de llevar a Maan a visitar a dicha familia, pero Maan alegó que tenía que regresar a Brahmpur en el tren de primera hora de la tarde. Le explicó que su hermano, que estaba enfermo e ingresado en el hospital, iba a ser padre en cualquier momento. El hombre pareció sorprenderse ante la reciente responsabilidad familiar de Maan, pero no dijo nada más. Pero Maan, poniéndose a la defensiva, ya fue incapaz de mencionar el tema del préstamo impagado.

Otro de los deudores dio a entender, de una manera indirecta y nada ofensiva, que ahora que Mahesh Kapoor había dimitido como ministro de Finanzas del estado vecino, la idea de deberle dinero a Maan ya no le re-concomía con tanta frecuencia ni de manera tan apremiante.

Maan consiguió que le devolvieran una octava parte de lo que había prestado, y pidió en préstamo más o menos la misma cantidad a varios amigos y conocidos. En total apenas consiguió la suma de dos mil rupias. Al principio se sintió decepcionado y desilusionado. Pero llevando en el bolsillo dos mil rupias y un billete de vuelta a la felicidad, le pareció que la vida, después de todo, era algo magnífico.

OceanofPDF.com