Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 116 de 478

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Un buen partido

7.3

No había nadie en el pequeño jardín. El mali a media jornada se había ido. Un cuervo de aspecto inteligente graznó desde un banano.

Las delicadas lilas estaban en flor. Lata se sentó en un banco de madera verde, a la sombra de un alto geranio de selva. 41 Todo relucía a causa de las últimas lluvias y era muy distinto de Brahmpur, donde todas las hojas parecían polvorientas, y cada brizna de hierba, agostada.

Lata miró el sobre con la firma a mano y el matasellos de Brahmpur.

Su nombre iba seguido de su dirección; no se dirigía «a la atención» de nadie.

Se quitó una horquilla y abrió el sobre. La carta sólo tenía una página. Había imaginado una carta efusiva y de disculpa, pero no era exactamente así.

Tras la dirección y la fecha decía:

Querida Lata:

¿Por qué debería repetir que te amo? No veo por qué no has de creerme. Yo te creo. Por favor, dime qué ocurre. No quiero que todo acabe así entre nosotros.

En lo único que pienso es en ti, pero me molesta tener que decírtelo de esta manera. No podía y no puedo escaparme contigo a la busca de un paraíso terrenal, ¿cómo se te pudo ocurrir que hiciera algo así?

Supón que hubiera estado de acuerdo con tu plan. Sé que entonces se te habrían ocurrido veinte razones por las que era imposible llevarlo a cabo. Pero quizá, de todos modos, debería haber estado de acuerdo.

Quizá eso te hubiera tranquilizado, pues habría sido una prueba del cariño que te tengo. Bueno, no me importas hasta el punto de estar dispuesto a renunciar a mi inteligencia. Ni siquiera yo mismo me importo hasta ese extremo. Yo no soy así, y no me gusta obrar a tontas y a locas.

Querida Lata, tú eres muy inteligente, ¿por qué no intentas ver las cosas con un poco de perspectiva? Te quiero, y lo cierto es que me debes

una disculpa.

De todos modos, mis felicitaciones por los resultados de tus exámenes. Debes de estar muy contenta, aunque tampoco me sorprenden. En el futuro, no debes pasar el rato sentada en un banco y llorando. Quién sabe quién puede estar dispuesto a rescatarte. Siempre que sientas tentaciones de hacerlo, piensa en mí regresando al pabellón y llorando cada vez que no consigo hacer cien carreras en un partido.

Hace dos días alquilé un bote y remonté el Ganges hasta el Barsaat Mahal. Pero, al igual que el nawab Khushwaqt, me sentía tan afligido que mi mente estaba en otra parte, y el lugar me pareció triste y sórdido.

No pude apartarte de mi mente, aunque me esforcé en ello. Me sentí muy identificado con él, aunque mis lágrimas no cayeran veloces y violentas en las fragantes aguas.

Hasta mi padre, a pesar de que es bastante despistado, se dio cuenta de que algo me ocurría. Ayer me dijo: «No son tus notas, ¿qué es entonces, Kabir? Supongo que una chica o algo parecido.» Yo también creo que debe de ser una chica o algo parecido.

Bueno, ahora que tienes mi dirección, ¿por qué no me escribes? Me he sentido muy desdichado desde que te fuiste, y soy incapaz de concentrarme en nada. Sabía que no podías escribirme aunque quisieras, pues no tenías mi dirección. Bueno, ahora ya la tienes. Así que, por favor, escríbeme. De lo contrario sabré a qué atenerme. Y la próxima vez que vaya a casa del señor Nowrojee tendré que leer algunos quejumbrosos versos de mi propia cosecha.

Con todo mi amor, queridísima Lata,

tuyo siempre,

Kabir

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