Un buen partido

Vikram Seth · Capítulo 319 de 478

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Un buen partido

14.5

Todavía estaba echando humo cuando Mahesh Kapoor fue a visitarle.

—Oh, Kapoorji, Kapoorji, bienvenido, bienvenido a mi humilde morada —dijo Jha.

Mahesh Kapoor fue tajante con él.

—Tu amigo Joshi ha estado desahuciando campesinos de sus tierras.

Dile que no lo haga más. No pienso tolerarlo.

Jha, con el gorro ladeado, le lanzó una maliciosa mirada a Mahesh Kapoor y dijo:

—No me ha llegado ninguna noticia de eso. ¿Dónde has obtenido esa información?

—No te preocupes por eso, es una fuente de fiar. No quiero que cosas así ocurran junto a mi casa. Es mala propaganda para el gobierno.

—¿Y por qué te preocupas de lo que pueda ser mala propaganda para el gobierno? —dijo Jha con una amplia sonrisa—. Ya no estás en él. Agarwal y Sharma estuvieron hablando conmigo el otro día. Me dijeron que te habías unido a Kidwai y a Kripalani simplemente para formar un grupo de tres kas.

—¿Te estás burlando de mí? —dijo Mahesh Kapoor airadamente.

—No, no, no, no..., ¿cómo puedes decir eso?

—Porque si es eso, déjame que te diga que, si es necesario, estoy dispuesto a presentarme por este distrito con tal de asegurarme de que los granjeros no son maltratados por tus amigos.

La boca de Jha quedó ligeramente abierta. No podía imaginarse a Mahesh Kapoor presentándose por un distrito rural, pues en la mente de todo el mundo siempre había estado íntimamente ligado con el Viejo Brahmpur. Mahesh Kapoor rara vez se había inmiscuido en los asuntos de Rudhia, y Jha no vio con muy buenos ojos aquel repentino deseo de participar en la política local.

—¿Es por eso que tu hijo hoy ha estado pronunciando discursos en el mercado? —dijo Jha en un tono arisco.

—¿Qué discursos? —dijo Mahesh Kapoor.

—Con ese Lahiri, el funcionario del gobierno.

—¿De qué estás hablando? —dijo Mahesh Kapoor con

desaprobación—. No sé nada de eso. Todo lo que puedo decirte es que más vale que hagas que Joshi cambie de actitud... o de lo contrario presentaré una demanda contra él. No voy a permitir .que la Ley del Zamindari pierda mordiente, y si es necesario yo le afilaré los dientes.

—Tengo una idea mejor —dijo Jha, subiéndose el dhoti agresivamente—. Si tantas ganas tienes de presentarte por un distrito rural, ¿por qué no lo haces por Salimpur-cum-Baitar? Así podrás asegurarte de que tu amigo el nawab sahib no desahucie a sus arrendatarios, algo que, según he oído decir, se le da muy bien.

—Gracias, tomaré nota de tu sugerencia —dijo Mahesh Kapoor.

—Y avísame cuando tu partido, el..., ¿cómo se llama?..., todas esas siglas que surgen cada día son tan difíciles de recordar..., el KMPP..., sí, KMPP..., consiga obtener un centenar de votos, Maheshji —dijo Jha, a quien le encantaba parlamentar de tal guisa con un hombre que semanas atrás había sido tan poderoso—. Pero ¿por qué nos has privado a nosotros, a tus wallahs del Partido del Congreso, de tu presencia y sensatez? ,Por qué has abandonado el partido de Nehru? Chacha Nehru, nuestro gran líder..., ¿cómo se las arreglará sin personas como tú, personas de mente tan preclara? Y, lo que es más, ¿cómo te las arreglarás tú sin él? Cuando Nehru pida a la gente que vote por el Congreso, ¿crees que le escucharán a él o a ti?

—Debería darte vergüenza pronunciar el nombre de Nehru —dijo Mahesh Kapoor acaloradamente—. No crees en nada de lo que él hace, y aun así le utilizas para conseguir votos. Jha sahib, si no fuera por el nombre de Nehru, tú no serías nada.

—Si no fuera..., si no fuera —dijo Jha, muy expansivo.

—Ya he oído suficientes tonterías —dijo —Mahesh Kapoor—. Dile a Joshi que tengo una lista de todos los campesinos que ha echado.

Cómo la he conseguido es algo que no te incumbe ni a ti ni a él. Más le vale que para el Día de la Independencia los haya devuelto a sus tierras.

Eso es todo lo que tengo que decir.

Mahesh Kapoor se puso en pie para marcharse. Cuando estaba a punto de salir de la habitación, Joshi, el mismísimo hombre del que había estado hablando, entró. Joshi parecía tan preocupado que no se dio cuenta de la presencia de Mahesh Kapoor hasta que tropezó con él.

Levantó la mirada —era un hombre menudo con un bigote blanco y bien recortado— y dijo..

—Oh, Kapoor sahib, Kapoor sahib, qué terribles noticias.

—¿Cuáles son esas noticias? —dijo Mahesh Kapoor—. ¿Acaso tus campesinos han sobornado a la policía antes de que lo hicieras tú?

—¿Campesinos? —dijo Joshi con los ojos en blanco.

—Kapoorji ha estado escribiendo su propio Ramayana —dijo Jha.

—¿Ramayana?» —dijo Joshi.

—¿Es que tienes que repetirlo todo? —dijo Jha, que comenzaba a perder la paciencia con su amigo—. ¿Cuáles son esas terribles noticias?

Sé que ese Lahiri ha conseguido sacarle mil rupias a la gente. ¿Es eso lo que vienes a decirme? Deja que te diga que ya me encargaré de eso ami manera.

—No, no... —Joshi casi no podía hablar, tan crucial era la información que llevaba—. Es sólo que Nehru...

En su desdicha y alarma, balanceaba la cabeza.

—¿Qué? —dijo Jha.

—¿Ha muerto? —preguntó Mahesh Kapoor, preparado para lo peor.

—No, mucho peor..., dimitido..., ha dimitido... —dijo Joshi entrecortadamente.

—¿Como primer ministro? —preguntó Mahesh Kapoor—. ¿Del partido? ¿Qué quieres decir con que ha dimitido?

—Del Comité Ejecutivo del Partido del Congreso... y del Comité Electoral Central —se lamentó Joshi muy afligido—. Dicen que están

pensando en abandonar también el partido, y afiliarse a otro. Dios sabe qué ocurrirá. El caos, el caos.

Mahesh Kapoor comprendió inmediatamente que tenía que regresar a Brahmpur —quizá incluso a Delhi— para analizar la nueva situación.

Mientras salía de la habitación se volvió para lanzarle una última mirada a Jha. Éste se había quedado boquiabierto, y con las dos manos agarraba los dos lados de su gorro blanco del Partido del Congreso. Era completamente incapaz de ocultar su intensa consternación. Aquello había sido un golpe bajo.

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