Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 126 de 766

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CÓRDOBA. CIRUGÍA E HISTORIA

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bre los arcos (de lo que había precedentes en la arquitectura paleocristiana y bizantina) o colocando una sobre otra dos galerías convencionales, que resultó la forma adoptada unos decenios antes en la mezquita mayor de Damasco; pero se decidieron por una opción original y valiente: la prolongación de los apoyos colocando pilares sobre las columnas. Sin embargo, la superposición de dos soportes verticales acarreaba un grave problema: en su punto de unión se producía una rótula, un lugar por donde era fácil que, a cuenta de cualquier movimiento sísmico o carga desigual, los apoyos se quebraran. Para que esto no ocurriese, se tendieron de columna a columna arcos intermedios con los que, sin perder la ligereza, se obtuvo el atado de la estructura y se logró un efecto plástico incomparable.

Los arcos de la mezquita, tanto los que sostienen las techumbres como los que refuerzan o entiban a media altura las columnas, están hechos alternando dovelas de piedra caliza y ladrillos de barro cocido. De nuevo, el felicísimo resultado plástico se debe a una circunstancia práctica: el ahorro de piedra en la confección de los aparejos más complicados. La combinación de dovelas pétreas y ladrillos para completar arcos es algo habitual, un método ahorrativo que podemos ver en las alcazabas de Málaga y Mérida, pero que en Córdoba está realizado «con arte», logrando que las limitaciones sirvan de estímulo a la imaginación o, dicho de otro modo, haciendo de la necesidad virtud.

Además de las dos series de arcos y de la combinación en ellos de ladrillo y piedra, la tercera aportación de la mezquita de Córdoba a la arquitectura hispánica posterior, antes de la fastuosa ampliación de Alhaquén II, es la portada oriental, llamada posteriormente de San Sebastián y también muchas veces, erróneamente, de San Esteban. Con su composición triple y coronada por una cornisa sobre canecillos, supo-Arcos de piedra y ladrillo de la alcazaba de Mérida (A) y de Córdoba (B).