Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 187 de 766

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CATEDRALES

artista rezagado al estilo de Egas debió de sentirse asimismo arrollado por los nuevos tiempos: Felipe Bigarny, antiguo colaborador y después rival de Siloé en Burgos. Bigarny tuvo siempre la fortuna de contar con la ayuda de artistas de gran personalidad, que habrían de cambiar su estilo y mejorar la calidad de su obra, entre ellos Jacobo Florentino y quizá hasta Alonso Berruguete. Este último, que por entonces se acababa de quedar sin el ya nombrado encargo —una serie de frescos para la capilla real, en el que pensaría aplicar lo aprendido durante su estancia en Florencia—, ya conocía a Bigarny de un antiguo trabajo para el convento de Santa Engracia de Zaragoza.

El pobre Bigarny, nuevamente desplazado por el talento de sus colaboradores, llegó a pagar con sucesivas humillaciones las malas artes usadas en el pasado; pero antes de la postrera derrota que le aguardaba en Toledo, Siloé obtendría sobre él en Granada una pequeña pero significativa revancha.A los pies del retablo mayor habían de disponerse dos estatuas, representando a los reyes en posición orante. Como piezas principales del conjunto, el propio Bigarny se encargó de su realización; pero eran obras comprometidas y difíciles, figuras de tamaño natural y de bulto redondo que además podían verse muy de cerca, y no debieron de satisfacer a los clientes. Entonces se pidió a Diego de Siloé, recién llegado a Granada, que hiciese otras, que sí gus-taron y que son las que aún hoy pueden verse a los lados del altar. Cabe imaginar la satisfacción de Siloé cuando, tras las desavenencias sufridas años antes en Burgos, viese desmontar del retablo de la capilla real las figuras ejecutadas por Bigarny para ser sustituidas por otras hechas por él.

Parecida situación de desalojo forzado por la irrupción de una nueva generación debió de sentir el viejo Egas cuando el burgalés ocupó su puesto como maestro mayor de la catedral.A los primeros planes de hacer una nueva versión de la catedral gótica de Toledo le sucedieron otros bien distintos; otros en los que habría de pesar tanto la experiencia italiana de Siloé como su genio y originalidad personales, puestos en el empeño de fusionar diferentes tradiciones cristianas.

EL TRAZO INSPIRADOR

En la obra de conclusión de la iglesia de San Jerónimo debió Diego de Siloé de hacer amistad con el prior del monasterio, fray Pedro Ramírez de Alva, quien luego se convertiría, durante un período brevísimo pero crucial, en arzobispo de Granada. Esa relación fue determinante para que se le encomendara al burgalés la obra de arquitectura más apetecida no ya de la ciudad, sino acaso de toda España, la de la nueva catedral.