Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 687 de 766

Páginas del PDF

Catedrales

pdf 1430434

VALENCIA. LA CONTENCIÓN Y EL GESTO

749

pudieron aprender en Italia las nuevas técnicas y modos de representación renacentistas. Aquí hay obras de Rodrigo de Osona, precursor de las formas renacentistas junto con Pedro Berruguete, y en su catedral dejó el pintor Fernando Yáñez de la Almedina, ayudante de Leonardo en Florencia, algunas de sus mejores obras.

EL ECO DE LEONARDO

Entre las notas manuscritas de Leonardo da Vinci hay una frase lapidaria y, en cierto modo, optimista, pues hace creer en la evolución del arte: «Triste alumno aquel que no supera a su maestro». Leonardo no tuvo que superar a su maestro Verrocchio, pues nunca fue inferior a él; en cuanto a sus discípulos, huelga decir que ninguno llegó ni por asomo a alcanzar la cumbre del genio leonardesco, entre otras cosas porque no era un genio exclusivamente pictórico. La clave de Leonardo se encuentra en su combinación de talento artístico y universalidad, que le permitía exponer sus ideas con una inigualable brillantez plástica. Sin ideas que exponer, Leonardo hubiera sido

«sólo» un excelente pintor, y sin talento gráfico para exponerlas, habría pasado a la historia «sólo» como un notable pensador.

Para referirse a los seguidores o discípulos directos de Leonardo —otra cosa son los artistas influidos indirectamente por él, como el gran Rafael de Urbino—, hay que asumir, por lo tanto, que sus obras continúan la actividad del maestro de forma parcial, únicamente en su calidad de pintor. Figuras como Leonardo o Miguel Ángel son las que han hecho pensar que el mejor maestro es aquel que transmite conocimientos pero carece de una acusada personalidad que pueda mediatizar y avasallar a los alumnos, los cuales, incapaces de sobreponerse a su influjo, suelen conformarse con imitar las formas del arte de su preceptor. Entre los ayudantes de Leonardo luego independizados, Bernardino Luini y Francesco Melzi son los más miméticos, hasta el punto de que algunas de sus pinturas (de gran belleza, por otra parte) fueron durante mucho tiempo confundidas con las de su maestro.

Los más notables seguidores de Leonardo, dado el vuelo personal que lograron cobrar sus obras, son el italiano Giovanni Antonio Bazzi, llamado Il Sodoma, y el español Fernando Yáñez de la Almedina. De este último se conservan pinturas formidables en Játiva, el Museo del Prado o la catedral de Cuenca, aunque nada puede compararse con los doce lienzos que pintó, en colaboración con su tocayo Fernando de Llanos, para las puertas del retablo mayor de la catedral de Valencia.Yánez de la Almedina, de origen manchego, es nombrado por Giorgio Vasari entre los ayudantes de Leonardo