Catedrales
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BURGOS. UNA HISTORIA DEL GÓTICO
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na y Toledo. En Burgos, en cambio, la irregularidad del terreno hace que el piso de arriba sea el principal, mientras el de abajo tiene la misión de sostenerlo para que el pavimento del superior pueda estar a la misma altura que el de las naves catedralicias.
LA ORGANIZACIÓN DEL TEMPLO
Desde su antigua posición encumbrada a los pies del castillo, Burgos había ido resbalándose, en su progresiva transición de plaza fuerte a ciudad comercial, hacia la vega fluvial. La catedral estaba destinada a servir de transición entre las calles altas, por las que transcurría el Camino jacobeo, y los nuevos barrios surgidos en torno al río Arlanzón. El proyecto burgalés daba la máxima relevancia a la accesibilidad de la catedral, algo que en otros lugares importaba mucho menos: en Cuenca o en Ávila los brazos del crucero carecían de portadas, una opción que hubiese resultado muy cómoda para el lado norte de la catedral burgalesa, donde el edificio estaba semienterrado; pero debió de parecer inconveniente impedir la entrada a la catedral precisamente por la actual calle Fernán González, la más importante y concurrida. Asombra la actitud desprejuiciada del desconocido arquitecto, que no dudó en situar la puerta de la Coronería muchos metros por encima del pavimento de las naves del templo. La catedral de Burgos, de una arquitectura tan culta y refinada, logró adaptarse al terreno con la misma naturalidad con la que lo hacen las casas de arquitectura popular, colgadas sobre barrancos y con sus distintas puertas desembocando a pisos diferentes, de Cuenca, de Albarracín o de la villa burgalesa de Frías.
No sabemos cómo era la escalera que unía durante la Edad Media la portada de la Coronería con el interior del templo. El único paralelo que se nos viene a la mente es el de las escaleras de maitines, dispuestas en el crucero de los monasterios masculinos del Císter para descender hasta la iglesia desde el dormitorio monacal.
Pero creemos que puede haber relación entre esa escalera desaparecida y una característica de la catedral que ha concitado multitud de comentarios y posibles explicaciones: la extraordinaria longitud de la nave del crucero. A nuestro juicio, la prolongación del crucero más allá de lo habitual debe responder a la necesidad de dejar espacio para, en el lado norte, disponer la escalera de comunicación con la calle Fernán González, y en el sur para establecer una conexión directa con el palacio episcopal y el claustro, sin sacrificar como lugar de paso ninguna de las capillas de la girola.