Catedrales
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CATEDRALES
grosor del muro, como es habitual, se sitúa en el centro, ascendiendo como una columna hueca, sin perder nunca su tajante verticalidad, desde la base del campanario hasta la misma cúspide de la torre, rematada por una linterna. El nombre de tal remate se nos antoja aquí especialmente sugerente: si la sede diocesana hubiese permanecido en el solar cartagenero, la torre de la catedral parecería desde el mar una digna réplica, por su altura y monumentalidad, del faro que durante siglos guió los barcos hasta el puerto de Alejandría.
LA CAPILLA DE LOS JUNTERONES
Los hombres cultos del Renacimiento, ya fuesen comerciantes enriquecidos o perte-neciesen a la nobleza civil o eclesiástica, concedían un alto valor a la cultura clásica, y por ello coleccionaban objetos y estatuas antiguas. En 1942, al hacerse obras en la capilla del Corpus de la catedral de Murcia, apareció el sarcófago en el que había sido enterrado el doctor Alonso de Guevara. Se trataba de un bloque de mármol reutilizado, con la antigua representación de las nueve musas acompañadas de sabios de la Antigüedad, en el que una inscripción añadida identificaba a su nuevo propietario y postrero inquilino. Lo sorprendente es que hace pocos años, al acometer unas obras de restauración, se comprobó que el arcediano Gil Rodríguez de Junterón fue enterrado en su capilla dentro de un sepulcro romano de mármol en el que también estaban representadas las musas. En este último caso, ha podido probarse que Junterón mandó Sarcófago de las musas de Junterón.