Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 210 de 766

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CATEDRALES

la mitad norte peninsular. También quedan, aparte de algún raro edificio civil, monasterios y castillos, que por su situación en el territorio vienen a subrayar la asociación actual entre el arte románico y los enclaves distantes, en su mayor parte, de los grandes núcleos urbanos.

Sin embargo, no puede decirse que las huellas de nuestro románico catedralicio estén borradas por completo. Desaparecidas las catedrales románicas de León, Burgos, Segovia, Ávila, El Burgo de Osma, Palencia, Pamplona, Huesca, Gerona,Tortosa, Barcelona o Vic, hay no obstante dos áreas peninsulares en las que ha subsistido una buena representación de ese tiempo. Una es el occidente hispano, donde se da un grupo encabezado por la soberbia catedral de Santiago de Compostela, que no es sólo la principal en nuestro suelo, sino acaso el máximo arquetipo románico existente y cuyo eco puede apreciarse en otras catedrales de Galicia y el norte de Portugal. Así, desplegándose a partir de la propia Galicia hasta casi tocar con Extremadura, queda un conjunto de templos (Orense, Lugo,Tuy, Zamora, Salamanca, Ciudad Rodrigo…) que mantienen en mayor o menor grado lo aprendido en Compostela, pero extendiendo de forma generalizada la adopción, sobre los muros románicos, de las primeras soluciones abovedadas del gótico.

El otro reducto donde lograron conservarse algunas catedrales de ese tiempo es el límite septentrional del antiguo reino de Aragón. Surgidas bajo el prestigio de la frontera —y relegadas luego, cuando esta frontera se desplazó hacia el sur, a una situación marginal que resultó clave para su posterior conservación—, aún permanecen, como las cuentas de un pétreo collar milenario, las catedrales románicas de Jaca, Roda de Isábena y La Seo de Urgel.

La catedral de La Seo de Urgel tiene, entre otras cosas, el interés de parecer un edificio italiano trasplantado sin variaciones a Cataluña, y la de Roda es un ejemplo entrañable de una pequeña catedral que poco tiempo después de ser construida perdió la condición de sede diocesana, trasladada a Lérida cuando esta ciudad fue arrebatada a los musulmanes. Ambas conservan sus claustros, al contrario que la primera y más importante de las catedrales románicas pirenaicas, la de Jaca; este último edificio destaca por sus excelencias arquitectónicas y escultóricas y, no en menor grado, por haber dado incontables quebraderos de cabeza, durante mucho tiempo, a los historiadores del arte. En efecto, para la historiografía tradicional, la catedral de Jaca comenzó a construirse hacia el año 1063, el del inicio del reinado de Sancho Ramírez. A tenor de esa tempranísima fecha, la catedral ha detentado, para el románico español, el papel de cabeza de serie; una obra donde, según muchos estudiosos, se habrían probado por primera vez formas y recursos que tendrían luego un amplio