Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 326 de 766

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Catedrales

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PALMA DE MALLORCA. LA SEO DEL MEDITERRÁNEO

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edificios en el alto enclave, flanqueado por el mar y la riera, donde antes estuvo la ciudad romana.

Habría que esperar, pues, al 1300 para que Mallorca iniciase la renovación de sus edificios. La época de esplendor de la arquitectura mallorquina —visible sobre todo en Palma, pero también en otras poblaciones como Alcudia, que conserva buena parte de sus murallas góticas— fue la comprendida entre los siglos XIV y XVI, cuando la capital se pobló de iglesias, conventos, palacios y edificios públicos de una calidad sobresaliente.

Paradójicamente, esa época de actividad arquitectónica coincide con multitud de problemas y crisis de todo tipo, ante los cuales los mallorquines, a tenor de los testimonios materiales de ese tiempo que todavía podemos contemplar, parecían crecerse.

LA CABECERA

Antes de referirnos a una serie de personajes que nos conducirán a través de la historia de la seo palmesana, convendrá dedicar unos párrafos a analizar la forma de la catedral, ya que se aparta en muchos aspectos de la que ofrecen todas las demás. La primera singularidad con la que se enfrenta quien intenta analizar la catedral de Palma es la cabecera, considerada a veces como el resultado heterodoxo de distintos cambios de planes.Tal y como la vemos, esta cabecera telescópica —formada por un presbiterio rectangular al que se abre otro espacio menor, situado en alto— es, en efecto, única, pero creemos que puede entenderse mejor si la relacionamos con un precedente que no se encuentra en el ámbito levantino o aragonés, sino en lo que por entonces, en torno al 1300, era el corazón del reino de Castilla.

A lo largo de este libro se hacen repetidas alusiones al papel que la realeza tenía en las catedrales, lo cual se traslucía siempre en una directa labor de mecenazgo, en la cercanía física de muchas catedrales con la respectiva residencia real y, a veces, en la previsión de elementos específicos dentro del templo para servir a la monarquía. La catedral era el ámbito donde se proclamaba a los reyes, que en ocasiones tenían asientos reservados dentro del coro o en tribunas concebidas especialmente para ellos; muchos monarcas elegían también los ámbitos catedralicios como lugar para su enterramiento.

Esta última función es la que motivó la peculiar configuración de la cabecera de la catedral mallorquina, un templo que ya trasluce su papel regio en la vecindad con el palacio de la Almudaina. En Mallorca, en vez de la habitual cabecera con girola y capillas radiales que hay en las catedrales de Barcelona, Gerona,Tortosa o Valencia, se dispuso un presbiterio rectangular muy profundo, presidido por otro ámbito más re-