Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 736 de 766

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Catedrales

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ZARAGOZA. EXALTACIÓN DEL TERRITORIO

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en polvo, piedras, colas procedentes de la cocción de huesos y de cartílagos, resinas de árboles, lino, barro… unos se toman según nos los da la naturaleza, otros se refinan o elaboran, pero todos imponen sus condiciones: el artista de formación tradicional, atento a los aspectos técnicos, se moverá siempre entre los estímulos y las limitaciones que conllevan las propiedades y las carencias de los materiales con los que trabaja. En arquitectura, la mayor parte de las formas que solemos considerar desde el punto de vista formal o estilístico responden a necesidades técnicas: el arco, que hoy vemos con la naturalidad descuidada con la que se mira a un viejo conocido, se in-ventó en Mesopotamia y Egipto, territorios donde la única forma de cubrir ciertas luces era —a falta de madera, y cuando no resultaba posible utilizar piedras gigantescas— mediante pequeños adobes dispuestos de forma radial.

Las dos formas egipcias de cubrir un hueco.

Los hombres que pusieron en pie las catedrales tuvieron que atenerse a las características de los materiales con los que contaban, lo que por resultar obvio no es menos digno de atención. En la actualidad estamos acostumbrados a que los materiales de la construcción se encuentren estandarizados y viajen de un lado a otro del mundo, pues su producción industrializada y la facilidad que existe para trasladarlos permiten proveerse sin demasiado coste de los elementos más exóticos, así como unificar la arquitectura: el llamado «estilo internacional», surgido con el movimiento moderno, debe mucho a la revolución de la producción y el transporte. Pero todo esto es un fenómeno reciente, que nos lleva a dedicar un breve apartado a esa cuestión fundamental: la divergencia material, aparte de estilos y formas, entre la arquitectura moderna y la tradicional.