Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 150 de 766

Páginas del PDF

Catedrales

pdf 1374784

CÓRDOBA. CIRUGÍA E HISTORIA

173

bles como la magia, el espíritu, el alma… En general, quienes pretenden devolver los monumentos a un estado prístino, como si el tiempo no hubiese pasado por ellos, acuden a epítetos tales como la pureza, la limpieza, la unidad, las esencias… Traslá-dense estos términos a un gobierno político (y la restauración no deja de ser una forma de gobernar el destino de los edificios) para imaginar las pavorosas consecuencias de su aplicación.

VELÁZQUEZ BOSCO

En los años finales del siglo XIX, antes de que en 1891 empezase a dirigir las restauraciones el arquitecto madrileño Ricardo Velázquez Bosco, se hicieron en la mezquita algunas obras y reparaciones sin mucho concierto, entre ellas el despojamiento de los yesos barrocos de la cúpula califal de Villaviciosa y el desdichado desmantelamiento, en 1879, de su aparato litúrgico, incluidas pinturas murales poco posteriores a la conquista de la ciudad por Fernando III. En 1882 fue declarada Monumento Nacional, en parte para detener las arbitrarias decisiones del clero, que por entonces ya andaba picando cales y yesos por su cuenta y, también, vendiendo rejas y otros elementos del edificio. De aquellos polvos vendrían los lodos con los que la prensa sigue asaltándonos, con gran escándalo, de vez en cuando: nos referimos a las periódicas informaciones por las que sabemos que las casas internacionales de subastas ponen a la venta vigas originales de la mezquita, salidas de Córdoba quién sabe cuándo, y para la recuperación de las cuales el obispado cordobés actual no deja de instar a la munificencia del Estado…

Ricardo Velázquez Bosco tiene una trayectoria profesional muy original, asentada primordialmente en su talento y capacidad de trabajo. Empezó como delineante para pasar al mundo de la restauración de la mano de Matías Laviña, a quien veremos bregar con la dificilísima (para él, insuperable) recuperación de la catedral de León.

Muerto Laviña,Velázquez fue puesto al frente, a pesar de su juventud y de carecer de titulación, de las obras leonesas, aunque las intrigas hicieron que durase poco en ellas; a su etapa leonesa se deben también los magníficos dibujos de esa provincia que hizo para la serie de Monumentos Arquitectónicos de España. La época en la que vivió, menos rígida que la actual en cuanto a la sanción oficial de los saberes, lo reconoció enseguida acogiéndolo en la Academia de Bellas Artes, de modo que se presentó en la treintena sin títulos pero revestido de reconocimiento y prestigio e inmerso en un mundo de alta cualificación profesional e intelectual.Ya maduro, cursó los estudios de