Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 139 de 766

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CATEDRALES

vos característicos de su tiempo, como las cresterías caladas que solían coronar los muros, y mantuvo el perfil almenado; y por eso puso canecillos de aspecto similar a los omeyas, aunque los suyos se distinguieran de cerca por llevar ornamentación gótica. ¿Qué significa todo esto, y por qué nos interesa? Sin meternos todavía en honduras, destaquemos que en esta intervención de Hernán Ruiz I (y en otras coetáneas, como la que veremos de Juan de Badajoz en la catedral de León) se da un sistema de restauración que muchos creen propio de la más novedosa modernidad: la analogía formal. Consiste este sistema en completar los edificios antiguos con elementos que se parezcan a los originales, de forma que respeten la composición general, pero que se distingan de ellos lo suficiente para que no engañen al espectador. Según lo vemos hoy, el patio de la mezquita data de comienzos del quinientos, pero su aspecto nos re-trotrae al que tuvo la obra omeya a la que sustituye.

En la mezquita de Córdoba, la analogía formal tiene aún otros matices. Ante distintas piezas cristianas del edificio, como las puertas de San Miguel y del posti-go de Palacio, habremos de recurrir a palabras diferentes: más que analogía, lo que hay en ellas es sugestión. Se trata de un fenómeno que se da en muy pocas ocasiones y que, al menos que sepamos, está sin estudiar. En ciertos edificios de muy alto rango dentro de la historia de la arquitectura, los artífices que trabajaron posteriormente en ellos (ya hemos dicho que no hay construcción antigua exenta de intervenciones) parecen someterse mansamente a los dictámenes de su forma, sin que haya para ello más obligación que el

respeto que les inspira. Algo así vimos

ya en Burgos, cuando se intentó dis-

frazar la barroca capilla de Santa Tecla

mediante un torpe revestimiento, con

la intención de someter el añadido ba-

rroco a la dominante mole gótica.

Imaginamos a esos arquitectos tardíos

trabajando en la mezquita con un

nudo en la garganta, manteniendo sin

necesidad el pronunciado perfil de los

extemporáneos arcos de herradura

—cuando los salientes de la herradura

solían ser «afeitados» en muchos sitios,

por molestar al tránsito— y reprodu-

Portillo de Palacio, renovado en tiempos

de los Reyes Católicos.

ciendo elementos caducos, como los