Catedrales
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LEÓN. MUROS DE CRISTAL
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te, muchas personas mayores todavía atribuyen a «los moros» cualquier construcción antigua, y alguna (el romano altar de los Moros, en Sádaba) se ha quedado con el nombre—, pero en otras ocasiones estudia edificios que estaban entonces en construcción, como las catedrales de Reims y Laon.
En todo caso,Villard de Honnecourt demuestra en su cuaderno la inquietud universal que ha hecho que sea considerado por algunos una especie de «Leonardo medieval». Esta apreciación es equivocada no porque sobrestime a Villard, sino porque subestima a la Edad Media. Precisamente Leonardo comenzaba su Tratado de la pintura con una declaración reveladora (es verdad que haciendo gala de no poca modestia): el genio de Vinci se sentía en sus trabajos teóricos como quien, habiendo llegado el último al mercado, debía conformarse con aquello que los demás no habían querido.
Naturalmente, «los demás», en cuanto a las investigaciones técnicas que a Leonardo interesaban y como demuestra en sus estudios Jean Gimpel, eran los hombres del medioevo.
Basta observar esa pequeña ventana sobre la Edad Media menos conocida que es el cuaderno de Villard de Honnecourt para comprobar la pasión por la arquitectura, el estudio de personas y animales, la geometría o la mecánica que debía de ser frecuente entre los creadores medievales.Todos estos términos, como sigue ocurriendo en el Renacimiento, amalgaman sin prejuicios lo práctico y lo lúdico: al igual que Leonardo concluye su descripción de las ventajas de las conducciones de agua con una alusión a los juegos de burlas, que permitían empapar a las mujeres que se paseasen por un jardín lanzando chorros por debajo de sus faldas,Villard atiende con idéntica pa-Aserradero de Villard de Honnecourt.